Son varias las personas gitanas que aparecen en las listas de los partidos en distintas partes del territorio. A través de su experiencia reflexionan sobre la lucha contra el antigitanismo y por una mayor justicia social desde los ayuntamientos.
El 16 de mayo de 1944 fue una fecha de terror para el pueblo gitano, pero también de resistencia. Aquel día, 6.000 romanies internados en Auschwitz (Polonia), supieron que iban a ser gaseados inminentemente. Entonces optaron por la resistencia: hombres, mujeres, niñas, ancianos plantaron cara a las SS armados de palos y piedras, frustrando, al menos temporalmente, sus planes de aniquilación.
En España, el pueblo gitano cuenta con sus propias memorias del genocidio. El mayor exponente de la voluntad institucional de acabar con el pueblo gitano es la Gran Redada, o Prisión General de Gitanos, planeada y ejecutada por el Marqués de la Ensenada el 31 de julio de 1749. Desde el reinado de los Reyes Católicos hasta la muerte de Francisco Franco un total de 360 leyes han nutrido la historia del antigitanismo institucional.
En los últimos años, el debate sobre el antigitanismo y la memoria histórica ha tomado protagonismo, gracias al activismo crítico de gitanas y gitanos, y a los avances en el ámbito institucional, con un Pacto de Estado contra el Antigitanismo recientemente aprobado, y la inclusión del este tipo de racismo como delito de odio en el Código Penal. La presencia de representantes públicos gitanos en las instituciones ha sido fundamental para estos avances.
Con la cercanía de las elecciones municipales son varias la personas gitanas que se presentan en las listas de diversas formaciones políticas. La mayoría proceden del asociacionismo o del activismo gitanos. Pese a la diversidad de formaciones, comparten una alianza transversal para lograr avances en la lucha contra el antigitanismo y mejoras en las vidas de un pueblo históricamente marginado y perseguido.
Del activismo al partido
A María Hernández Pérez, candidata de Unidas Podemos- Izquierda Unida por León, no le hablaron en el colegio nunca de la resistencia de los gitanos frente a los nazis, aquel 16 de mayo de 1944, tampoco le mencionaron nada de la Gran Redada. Lo que sí tuvo que afrontar en la escuela de monjas donde estudiaba en León fue que su tutora le recitara todos los días los primeros versos de la Gitanilla de Cervantes: “Nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian para ladrones”, evoca. Fue en aquella época, con tan solo diez años, cuando descubrió el antigitanismo. Y contra él lucha desde que tiene memoria. Durante una temporada, Hernández colaboró con el Secretariado Gitano, pero no compartía su visión, a su juicio paternalista, de afrontar el antigitanismo. “Por algo es una entidad surgida de la Iglesia”, apuntilla.
“Empecé a explorar otras otras vías. Hace unos cuantos años, antes de la pandemia, coincidimos unos cuantos activistas en una plataforma que montamos que se llamó Camelamos”, desde ahí hacían, explica la leonesa —aclarando que no le gusta particularmente esa palabra— lobby político. Como activista, Hernández se ha centrado en el comercio ambulante, ámbito en el que trabaja. Reivindica que es un sector históricamente relegado y sin embargo fundamental: “Hablándote desde la España vaciada somos los únicos que llegan a sitios donde no llega nadie más”. Para la activista, su función es doble: actúan como pacificador social al disponer de productos más asequibles, por otro lado llevan cosas donde nadie más las lleva: “Pienso en la señora que si no va mi primo y le baja a León con las recetas y se las coge y se las sube al siguiente mercado, pues nadie se lo hace”.
A María Hernández, candidata de Unidas Podemos- Izquierda Unida en León, no le hablaron en el colegio nunca de la resistencia gitana, lo que sí tuvo que afrontar fue que su tutora le recitara todos los días la Gitanilla de Cervantes: “Nacen de padres ladrones, críanse con ladrones…”
Hernández entró en el Ayuntamiento de León de 2015 a 2019. Formaba parte de una agrupación de electores, vecinas y vecinos de los barrios que se juntaron al calor del municipalismo de la época. Antes de eso, había llegado a Podemos de casualidad, un día que vio “una noticia muy chiquitina”, de un periódico en un bar, anunciando la primera asamblea de la formación en León, vio que estaba a tiempo de ir y para allá y tiró. “Y así empezó mi vida en la política: me acerqué a oler y, pues mira, me quedé ahí y acabé siendo incluso la responsable de Feminismos en Castilla y León”.
Para Hernández, el espacio municipal es un lugar privilegiado para hacer políticas reales y de reparación. Entre los logros de su etapa como concejala destaca cómo se consiguió que la celebración del 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano, pasara de ser responsabilidad de Servicios Sociales a responsabilidad de Cultura. También trabajó en la modificación de la normativa municipal de la venta ambulante. De aquellos cuatro años de gestión también salió un Consejo de la población gitana “donde están representados desde los ancianos hasta asociaciones que son gitanas o que son progitanas, o que trabajan con personas gitanas, desde ahí se pueden abordar muchísimos temas”.
Paqui Maya Heredia, regidora de Sabadell, también piensa que desde los municipios se pueden hacer políticas fundamentales para el pueblo gitano, y no solo. Procedente del ámbito social, con experiencia en inserción laboral y educación, Heredia entró en política de la mano de Esquerra Republicana. Desde la agrupación conocían su labor en las políticas municipales dada su participación en diferentes mesas del ayuntamiento. “Una de las propuestas que tenía muy clara Esquerra Republicana aquí en Sabadell era poder incorporar a personas de la ciudad que pudieran representar otros sectores, y no fuera toda la representación de personas blancas, payas, no gitanas, sino tener un reflejo más real de quienes vivimos aquí, donde hay casi un 5% de población gitana”. Heredia califica su invitación a incorporarse al partido como “una grata sorpresa”.
Todo esto Heredia lo cuenta desde la conciencia de que la incorporación de personas gitanas, (y en general de minorías) a las listas puede verse criticada como un ejercicio simbólico que conviene a los partidos para mostrar diversidad, para llenar una cuota que realmente no cambia sus políticas. “Pero esto ya se ha debatido en el caso de las mujeres, y gracias a estas iniciativas, a las cuotas, hay mujeres representando y ocupando espacios a los que antes no teníamos acceso. Yo nunca me he sentido un objeto, no me siento un florero, no me siento la pieza cultural de la comparsa dentro de la orquesta”. Y espera que del mismo modo que estas políticas positivas han servido para normalizar la presencia de mujeres en lugares de toma de decisiones, “esto también evolucione y dentro de pocos años tengamos gitanos en puestos mucho más importantes”. Entre los logros derivados de la incorporación de personas gitanas a las instituciones, Heredia cita el Pacto de Estado contra el Antigitanismo. Ella espera repetir como regidora de su ciudad, está en el puesto número seis y las encuestas son favorables.
Sin salir de Catalunya, en Barcelona, Ricardo Valentí aspira a entrar en el ayuntamiento de la mano de Junts Per Catalunya. Este activista cuenta con una larga trayectoria al frente de la asociación de gitanos referente del barrio de Gracia y ha podido interactuar desde el Consejo Gitano del Ayuntamiento de Barcelona, con representantes de diversos partidos: “En este contexto me ofrecieron por primera vez hace cuatro años ir en las listas de Junts per Catalunya, y este año me lo han vuelto a ofrecer. Es gente que conozco, una de las personas en la lista será la presidenta del Consejo Gitano del Ayuntamiento de Barcelona”.
Velentí considera que no hay nada nuevo en que los partidos sumen a activistas tras ver su trayectoria. De hecho, explica, la presencia de diputados o eurodiputados gitanos es importante. “Tenemos a Bea Carrillo, Sara Jiménez e Ismael Cortés, y ellos también empezaron desde abajo, cada uno con su partido, cada uno con su ideología. Nos respetamos todos, somos gitanos todos y todos somos hermanos”. Para dar fe de que este es un proceso de larga data, Valentí cita a Juan de Dios, el primer eurodiputado gitano. ¿Cómo empezó? Pregunta el candidato de Junts: también por la base, recuerda, y añade: “La Constitución Española lleva su firma”.
Para Escudero, la política va de ayudar a la gente de su barrio, y espera “dar ese punto de realidad que muchas veces falta en las instituciones”. Defiende que hacen falta más gitanos y gitanas en la política y la administración
Mucho después de que Juan de Dios se convirtiera en referente de los políticos gitanos nació Samuel Escudero León, hace ahora 24 años. Ya desde muy pequeño sintió la llamada de la participación, primero en espacios juveniles y de estudiantes. Escudero viene de Vallecas y se presentará a las elecciones en la lista de Más Madrid. Si piensa en qué es la resistencia gitana, le vienen a la mente resistencias cotidianas, como lo que implica levantarse en la madrugada para trabajar en el mercadillo, las madres que se baten por sus hijos, el apoyo mutuo cuando las instituciones te abandonan, como sucedió durante la pandemia, compartir en la pobreza, como le contaba su abuela que hacían en los años más duros y siguen haciendo.
Pese a formarse en un centro público impregnado de la diversidad del barrio, este joven tuvo su primer encontronazo con el antigitanismo encarnado en un profesor, fue en primero de la ESO, era un solo docente que “tenía ciertos estereotipos, prejuicios. Cuando llegué a clase recuerdo que me dio un dibujo y un boli y me dijo ponte atrás, no molestes”.
Escudero no lo dejó pasar y lo contó en casa. La asociación de Vallecas de la que formaba parte, su madre y su tía intervinieron, a Escudero no le iban a impedir estudiar como cualquier otro compañero, el centro también reaccionó. A parte de este caso, Escudero recuerda su instituto como un espacio de buenos profesores, mentores, dice, donde además fue estrenando su inquietud participativa: fue delegado, representante de los alumnos, y responsable de igualdad.
Pronto empezó a dar charlas en centros educativos, como referente positivo para el alumnado: “En algún momento, con 16 años, acabo en el Parlamento Europeo hablando del pueblo gitano y sobre todo de la juventud”, recuerda. De los años de combatir el antigitanismo con sus primos, gente que ahora es familia, surgió su primer contacto con lo que entonces era Ahora Madrid. En 2019 se incorporó, ya con Más Madrid, como vocal vecino de Vallecas: “Los últimos cuatro años estaba trabajando en propuestas de mejora del barrio, en juventud, en deporte, en infancia, en movilidad, que en las pocas competencias que tiene la Junta de Distrito respecto a la educación”.
En esas estaba, y en trabajar como cocinero cuando un día, “lleno de guacamole”, puntualiza, le llaman para invitarle en las listas autonómicas. Tras pensarlo un ratito, dijo para adelante. Pensaba que se trataría de un puesto simbólico pasando el número 50 pero al salir las listas provisionales vio que estaba en el número 32. “Por las encuestas salen entre 28 y 30 diputados, estoy a un pie de entrar como diputado en la Asamblea de Madrid”, se sorprende Escudero que se presenta a sí mismo como “joven, gitano y vallecano”.
Para Escudero, la política va de ayudar a la gente de su barrio, y espera “dar ese punto de realidad que muchas veces falta en las instituciones”. Defiende que hacen falta más gitanos y gitanas en la política y la administración. En ese sentido, coincide con el candidato de Junts per Catalunya en que hay una agenda transversal que une a los y las gitanas que entran en política y que trasciende las siglas de los partidos a los que pertenecen: “El bienestar de nuestro pueblo, de nuestra gente, está por encima de todo. Se notó en el Pacto de Estado contra el antigitanismo en esa subcomisión que consiguió estipular el antigitanismo como delito de odio. Seguí en vivo la retransmisión mientras se me salían las lágrimas viendo a esos tres grandes gitanos de distintas formaciones, hablar y defenderlo”.
Gitanos y gitanas, pero no solo
El hecho de compartir algunos objetivos políticos en relación a su pueblo no reduce a las personas gitanas a una especie de sujeto esencialista. “Yo antes soy mujer y después soy gitana. Además, todas las cuestiones generales me afectan de la misma manera que a cualquier otro ciudadano”, recuerda Heredia. Pero también reconoce que el hecho de ser gitana aporta a la política el entendimiento de situaciones que solo pueden comprenderse a partir de haberlas vivido. “Incluir esa mirada de la diversidad cultural era una deuda que tenía la política en sí. En ese sentido, las elecciones de 2019 también marcaron una diferencia, tener a cuatro diputados, tener representación municipal en ciudades de España, de Cataluña… Lo positivo sería no frenar aquí, que esto se siga construyendo”. Para Heredia la asignatura pendiente es avanzar en memoria y reparación. “Se tiene que reconocer lo que ha pasado con el pueblo gitano históricamente, hasta que no se repare ese proceso histórico que nos ha llevado a la situación que tenemos, no vamos a conseguir tener los mismos derechos que cualquier otro ciudadano”, sentencia.
Para Valentí, la institución sin duda es un lugar desde el que combatir el antigitanismo, “pero también dedicarse a temas fundamentales que no afectan solo al pueblo gitano, como Educación, vivienda, salud y empleo”. El candidato de Junts per Catalunya quiere aclarar que como políticos gitanos no representan a la población gitana. “Nosotros no somos líderes, somos activistas. Ahora claro. Si nos piden una reunión con colectivos gitanos, pues evidentemente yo la voy a montar para que vengan y escuchen las propuestas”, la prioridad sin embargo no es convencer, sino hacer. “No se trata de: voy a buscar tu voto y después no me acuerdo. Se trata de trabajar con nuestra gente. De estar allí con ellos”.
Para Escudero también es importante dejar claro que las personas racializadas no cubren una cuota en los partidos. “Mi fin no es decir, soy gitano y estoy aquí, si no, soy gitano y te hablo de educación pública, te hablo de formación profesional, te hablo de movilidad, te hablo de transporte público, te hablo de ecologismo”, reivindica el joven, que recuerda que ya cuenta con una trayectoria como vocal vecino.
Hernández tampoco viene solo del activismo gitano, en realidad su primera lucha fue de tinte laboral. “En el trabajo me llamaban la sindicalista, aunque nunca he estado afiliada a ningún sindicato. Tuvimos un proceso de ERTE en un call center en el que nos echaron a 398 personas de una tacada”. El hecho de que entrara en política le viene casi natural, su abuelo fue concejal en el primer ayuntamiento en León. “De casta le viene al galgo, la política siempre se ha mamado en casa”. Y la política, recuerda, ha estado siempre presente en el pueblo gitano, aunque ahora por fin se haya hecho más visible. “La primera manifestación que hubo en democracia fue en la Puerta del Sol, gitanos pidiendo pan y trabajo. Más político que esa primera manifestación dentro de la democracia no lo hay. Lo que pasa es que nunca se nos ha visto como sujetos políticos. Es más, casi siempre la mayoría de partidos nos han usado como para dar el toque de color, el toque folclórico”, de “Gitano de Temporá”, dice, citando la canción del “tío Raimundo Amador”. Y trae otro referente, al tío Marianet de la CNT, clave en la Guerra Civil.
Hernández va también bien posicionada en la lista, la número tres. “Creo que es muy importante visualizar a las personas racializadas, en este caso gitanos o gitanas que vamos en listas. Pero también me gustaría, como dijo el otro día la prima Sandra Heredia —que como salga alcaldesa de Sevilla nos vamos todos para allí— que algún día, y espero sea dentro de poco, deje de ser noticia que estemos ocupando los espacios que nos corresponden”. La integrante de Adelante Andalucía, es la única política gitana que encabeza una lista en las elecciones del 28M, en su Comunidad Autónoma otros dos candidatos gitanos se presentan ante las urnas: Sheila Carmona Silva, en Linares, está en la lista Izquierda Unida – Más País – Verdes Equo, mientras que al ayuntamiento de Sevilla, también se presenta el socialista Mario Vargas Camas. Su compañero de partido en Catalunya, Paco Vargas Porras, se presenta con el PSC en la localidad de Sant Adrià del Besó. Las próximas elecciones pueden pues, ser una cita clave para que las demandas del pueblo gitano entren en primera persona en muchos ayuntamientos.
Un trabajo coordinado por la Universidad de Sevilla consigue crear un colectivo para reivindicar mejoras y hacer que las adolescentes persigan salidas alternativas
Zíngara (se omite el apellido por ser menor) tiene 14 años, 11 hermanos ya casados y sueña con ser maestra, a diferencia de muchas de sus compañeras “que, con 15 años, tienen novio, han dejado el instituto y ya están amargadas”, según relata. Naira, de ocho años, quiere ser médica, futbolista y pintora. Alegría, de 12 años, también aspira a enseñar y su compañera Carmen, de la misma edad, se ve como peluquera. Todas son de etnia gitana y viven en los barrios más desfavorecidos de Sevilla, Pamplona, Córdoba o Alicante. Cada mañana, cuando levantan la persiana y pisan la calle para ir a los centros educativos, solo ven suciedad, cables descubiertos, casas arruinadas, basura, zanjas, insalubridad… Un proyecto de investigación de la Universidad de Sevilla y otras cuatro entidades académicas, llamado [J]itana, busca una nueva fórmula para revertir esa realidad, que la degradación del entorno no sea una condena permanente, que las niñas y sus madres sean dueñas de su futuro, cumplan sus sueños, transmitan su aprendizaje y alcen la voz.
“Tenía que llevar a mi hijo en brazos por la escalera para que no le picaran las pulgas. Protestaba, pero no venían a desinfectar. Me vi impotente”, recuerda Raquel Gabarre, que lleva 43 de sus 50 años viviendo en el Polígono Sur de Sevilla, un conjunto de barrios con la menor renta de España, según los Indicadores Urbanos del Instituto Nacional de Estadística (INE), y donde sobreviven 50.000 personas con 5.666 euros de ingresos medios anuales.
Patricia Amaya, de 44 años, ha vivido algo más de una década “en el peor bloque del barrio” con una niña pequeña a la que acompañaba a diario al colegio sorteando todo tipo de riesgos desde los rellanos de la escalera hasta el centro escolar. Es limpiadora y ha trabajado 14 horas diarias por cinco euros la hora y sin asegurar. Ha conseguido salir de ese bloque con la ayuda de esa hija a la que protegía y que hoy está ya asentada en Pamplona y con un trabajo. Ambas representan a la mayoría de la población del Polígono Sur: obreros, luchadores y resilientes. “Aquí hay más gente que cuida de todo y que trabaja que gente que no lo hace. Nos hacen creer que es culpa nuestra, pero es mentira. El barrio está deteriorado desde hace 30 años y debería ser ilegal vivir así. Es infrahumano”, asegura Raquel Gabarre.
Ella y Patricia Amaya forman parte también de [J]itana, el proyecto liderado por la Universidad de Sevilla, financiado por la Agencia Estatal de Investigación (43.560 euros del plan de I+D+i Retos de Investigación con fondos europeos FEDER) y con especialistas de distintos ámbitos de la psicología social y experimental, la sociología, la docencia y la enfermería coordinados por el catedrático Manuel García Ramírez.
El programa, según resume el investigador principal, nace tras constatar varias circunstancias fundamentales: “El abandono es indiscutible y las mujeres son víctimas. No se les puede criminalizar ni considerar culpables ni exigirles que lo resuelvan. También constatamos que las medidas de seguridad, políticas y de participación fracasan porque se hacen de espaldas a la comunidad gitana. No se identifican”.
De esta forma, el programa, que no nació como exclusivamente femenino, pero fueron ellas las que se involucraron de forma mayoritaria, se plantea desde una premisa novedosa: la participación y liderazgo gitano para establecer pautas de acción. “Las mujeres y las niñas son coinvestigadoras. Es una alianza. Creamos un espacio seguro donde todos aprendemos”, explica Daniela Miranda, investigadora procedente de Boston (EEUU) que se ha asentado en Sevilla tras implicarse en el proyecto.
García Ramírez coincide en esta simbiosis: “Una niña de 15 años puede que no haya salido nunca del barrio. Construye su vida desde esta realidad deprimida y deteriorada que lleva al abandono temprano de la formación y a matrimonios adolescentes”. El 70% de las chicas gitanas de España abandonan la escuela a los 12 años. “Las niñas ni se plantean sus sueños”, comenta Marta Lajos, quien colabora en el proyecto con Gaz Kalo (Pueblo Gitano), la Federación de Asociaciones Gitanas de Navarra. “Pero sobreviven y podemos aprender de esa resiliencia, de su fortaleza, del concepto de familia. Hay patrones de vida digna y es lo que busca el proyecto”, añade el investigador principal.
El plan pasa por una primera fase de identificación de los problemas a partir de una fórmula denominada Fotovoz (photovoice), un proceso por el cual los participantes en el programa señalan y registran los problemas que hay que mejorar en su comunidad mediante imágenes. “Se deshabitúan. Dejan de ver algo como normal y toman conciencia al fotografiarlo”, explica García Ramírez.
Las imágenes dan lugar a un diálogo crítico que ha desembocado en Yiló (corazón en caló), un colectivo gitano y académico que permite pasar a la acción. “Vamos a hacer algo. Hay que empezar. Que nuestras hijas tengan sus sueños”, relata Raquel Gabarre.
Daniel La Parra, catedrático de sociología de la Universidad de Alicante e integrante del proyecto, explica que afrontan “problemas invisibilizados de los que apenas se habla, ni siquiera en el mundo académico, o que, cuando se hace, se estigmatiza a las víctimas y no se les reconoce la capacidad de observar y proponer”. “Hay que cambiar la gobernanza, pero la velocidad es muy lenta”, lamenta.
La finalización de la primera fase del proyecto, que ha conseguido una prórroga, ha llevado a la recreación en la Factoría Cultural del Polígono Sur de La casa de los sueños, una reproducción del hogar gitano al que aspiran las integrantes del programa, con un dormitorio donde, a pesar del paisaje que perciben por la ventana, cuelgan las ilusiones de futuro.
En la sala de estar de esa casa ideal se sienta Alegría, hija de vendedores ambulantes que insiste en que quiere ser maestra. “Me gusta trabajar con las niñas”, asegura. Y está dispuesta a todo, a trabajar y a estudiar hasta el final. Cuenta con el apoyo de la familia, igual que Carmen, su compañera, más tímida, pero también convencida de que el matrimonio precoz que sirve de salida para muchas compañeras no le lleva a ningún sitio.
“Las escuchamos, creamos un ambiente de confianza”, explica María Jesús Tejerizo, colaboradora del programa, para resaltar la importancia de este cambio de actitud. Recuerda una niña muy tímida que comenzó retraída en el proyecto hasta que un día dijo: “Yo quiero hablar”.
La investigación la ha llevado a cabo el Centro de Investigación y Acción Comunitaria de la Universidad de Sevilla (CESPYD), una Coalición para el Estudio de la Salud, el Poder y la Diversidad que tiene como misión desarrollar proyectos de investigación-acción comunitaria encaminados a aumentar el bienestar de grupos vulnerables y minorías étnicas.
Maritha Marques lucha contra el capacitismo y el antigitanismo desde los colectivos y las redes sociales. Esta treinteañera portuguesa señala las barreras e imaginarios que se presentan en el camino hacia la igualdad de derechos.
Nacida en Lisboa a principios de los 90, Maritha Marques es un referente dentro del Pueblo Gitano y de las personas con discapacidad por su lucha incansable en ambos frentes. Nació con un síndrome poco conocido y, a sus 31 años, es la persona con más edad viva en el mundo, afectada por esta enfermedad. Además de eso, tiene una discapacidad visual por haber estado mucho tiempo en la incubadora cuando nació sin que le tapasen los ojos.
Licenciada en Economía por la Universidad de Lisboa realiza contenido en redes en portugués y castellano adaptado a las personas con discapacidad visual. Con una fuerza y una determinación increíbles, ha logrado superar muchas de las barreras que le pusieron desde pequeña para su normal desarrollo y hoy trabaja como economista y realiza activismo gratuito para dar a conocer la realidad del pueblo gitano y de las personas con discapacidad.
¿Dónde naciste? En Lisboa, en el 92, y aquí vivo. Tanto mi formación académica como mi trabajo los he realizado en Portugal.
¿Por qué hablas tan bien el castellano? Por los dibujos animados; aquí los enseñaban en su idioma original. Fue una estrategia del gobierno portugués. Cuando estalló el cine hablado, gran parte de la población aún era analfabeta, por ello, en lugar de doblar las películas, decidieron sólo subtitularlas. Así las personas se verían “obligadas” a consumir el cine nacional. Eso se mantuvo así hasta dos mil y pico. Como yo tengo baja visión, no lograba ver los subtítulos, me acostumbré a escuchar y con el tiempo ya entendía casi todo, aunque no hablase muy bien.
¿Qué discapacidad tienes? Tengo discapacidad múltiple. Tengo baja visión, veo un 15% de un ojo y un 30-40% del otro, y tengo un síndrome muy raro, Stuve Wiedemann, soy la única persona en el mundo que lo tiene y es mayor de 18 años.
Nací con una insuficiencia respiratoria, por lo que estuve mucho tiempo en la incubadora, no me cubrieron los ojos y parte de la córnea se ha quemado. Los médicos ya habían visto que había algo diferente en mí, pero me trataron como una niña normativa y a los diez meses se me comenzaron a modificar las articulaciones. También los brazos, las manos, las piernas y pies, se han deformado. Después empezaron a investigar y se dieron cuenta de que era algo que no tenía nombre.Ahora, décadas después, sabemos que si la persona pasa los seis años es un milagro y el punto que la mayoría no resiste es la adolescencia, de los 13 a los 16 años. Mi hermano, que tiene la misma discapacidad, tiene 16 años y yo pronto cumpliré los 31. No hay registros médicos suficientes, por lo que no se sabe qué puede pasar conmigo.
¿Es correcto decir discapacidad o se debe usar otro término? Se puede hablar de diversidad funcional, pero, en mí opino, es un eufemismo. De esa manera estás poniendo la discapacidad como algo negativo y no lo es. Se trata de una característica más de una persona.
¿Cuál es el término correcto entonces para hablar de la discapacidad? Persona con discapacidad. Antes se decía personas con necesidades específicas o necesidades especiales, pero todos tenemos necesidades específicas. A lo mejor yo necesito un 35 de pie y tú un 37, por ejemplo. Eso ya es una especificidad, no somos iguales, no hay un patrón único.
También se decía persona portadora de discapacidad, pero la discapacidad no es algo que se porta y que se pueda sacar cuando quieras. Tampoco se debería decir discapacitado, porque en ese caso estás reduciendo toda la persona a la ausencia de sus capacidades.
Cuando yo nací, como era diferente y mis padres eran gitanos, jóvenes y muy pobres, en el hospital quisieron mandarme a una institución de niños. Mis padres se negaron y se quedaron conmigo
Por eso lo más correcto es decir persona con discapacidad, primero el individuo y luego la discapacidad, como una característica más. Es como cuando te refieres a una mujer morena o a un hombre alto.
Desde que los términos se formulan por las organizaciones implicadas, lleva su tiempo para que la población en general los comprenda y los acepte como correctos. A mí me pasa algo similar con la disidencia sexo-afectiva, todavía hay muchas cosas que se me escapan.
Por lo que me dices, tu vida es una proeza y un caso único, pero también un poco “experimental”, ¿qué supone todo esto para ti? No pienses que me siento privilegiada. Si yo soy la única que ha llegado a esta edad significa que los demás niños no tuvieron las condiciones necesarias para seguir adelante. Cuando yo nací, como era diferente y mis padres eran gitanos, jóvenes y muy pobres, en el hospital quisieron mandarme a una institución de niños. Mis padres se negaron y se quedaron conmigo. Pero no sabían bien qué hacer ni cómo. Después me sacaron de ese hospital y me metieron en otro en el que estuve hasta que cumpli un año y medio más o menos. Decían que nunca iba a sujetar la cabeza o que nunca iba a comer por mí misma, esos diagnósticos de médicos que no saben que cada caso es distinto.
En el colegio no me aceptaban porque decían que tenía que estar en una escuela especial. Deducían que mi discapacidad física iba aparejada una discapacidad cognitiva/ intelectual, pero no es así. Finalmente, me admitieron en un colegio de pago, en el que no se dieron cuenta de que era gitana. Por aquel entonces yo tenía siete años y los niños de mi clase tenían cinco. Yo nunca había estado en una guardería porque no me habían aceptado y los demás niños sí tenían esa experiencia.
Después salté dos años, porque estaba haciendo cosas en clase que ya sabía ya que las había aprendido de mis padres en casa.
Aquí son cuatro años de primaria y cambias de ciclo educativo. Tenía nueve o diez años cuando tuve que cambiar de nuevo, pero no me aceptaban otra vez. Hasta ese momento no tenía aún la silla de ruedas, caminaba muy mal, pero caminaba. Finalmente me aceptaron en una escuela pública y fue mi padre el que construyó algunas de las rampas para que pudiese acceder a casi todos los lugares.
En esa época tú vivías en una chabola, ¿qué opinión tienes de los procesos de realojo tan comunes durante esos años? Creo que se deberían ofrecer otras soluciones. Antes de salir a derribar la vivienda de una familia que la tiene así construida, hay que preguntarles qué quieren. Si quieren salir de ese sitio o quieren mejores condiciones para seguir viviendo allí. A mi familia y a mi nos sacaron de la chabola, que ahora se llaman “casas prefabricadas” en Oeiras, que actualmente es una de las zonas más ricas de Portugal, y nos metieron en un gueto. No sabíamos que ese terreno valía tanto dinero, pero, claro, nosotros nos levantábamos por la mañana, caminábamos dos o tres metros y ya teníamos la playa…
Por lo que dices, tu padre y tu madre te han apoyado siempre desde el principio y con fuerza. Eran jóvenes y tenían muy pocos recursos, pero me apoyaron mucho. Se han sacrificado para pagar mis colegios y los centros de actividades, no sé cómo se llamarán en España. Recuerdo que en la primaria yo era la primera que llegaba, sobre las 6:30h exactamente, y la última que salía, a las 20:00h. Esto porque mi padre trabajaba a 80km de allí y tardaba bastante en recogerme.
¿Cuál de las dos opresiones, el hecho de ser gitana o las discapacidades que tienes, han pesado más en tu vida? Aquí es donde entra la interseccionalidad. Yo era la niña de la silla de ruedas y los profesores me trataban como si fuera un loro, un espécimen extraño. Había varias actitudes, la infantilización o bien ignorarme o idolatrarme poniéndome como ejemplo de superación. Cuando se enteraban de que era gitana, se olvidaban un poco de la discapacidad, porque cualquier niño puede tenerla, pero, por otro lado, no cualquiera podía ser gitano.
Dentro de mi comunidad, era la niña enferma, con una sobreprotección muy exagerada, que también es capacitista: “La niña que no se caiga, que no resbale, que no se dañe”. Es decir, que siempre las dos han formado parte de mi vida, no hay una que haya pesado más que otra.
A pesar de todo, has estudiado muchísimo. Sí, tengo una licenciatura en Economía, otra en Gestión Financiera y tengo un Máster en Economía Internacional y otro en Contabilidad y Fiscalización de Finanzas Empresariales.
La verdadera valoración de mi “trabajo” se da cuando un padre o una madre me dice que ha enseñado mis videos o mis posts a su hijo o hija con discapacidad y que, desde entonces, me he convertido en una de sus referentes
¿Por qué te has formado tanto? Mi padre trabajaba en una constructora, como yo siempre he tenido altas capacidades para la matemática le hacía la contabilidad. También lo hice para demostrar a la gente que también podría hacerlo. Actualmente, tengo una vida estable, pero quisiera cambiarme de área. No me quejo porque se gana bien, pero sinceramente ya no me satisface del todo.
Realizas mucho contenido en redes sobre capacitismo y antigitanismo. ¿Consideras que es valorado? Personalmente, no me importa si me valoran mucho o poco. Tengo conciencia de que las estadísticas son importantes, pero no son fundamentales. Además, tanto mi Instagram, como Facebook están en castellano y portugués y eso confunde al algoritmo. Sin embargo, la verdadera valoración de mi “trabajo”, se da cuando un padre o una madre me dice que ha enseñado mis videos o mis posts a su hijo o hija con discapacidad y que, desde entonces, me he convertido en una de sus referentes. O cuando algún joven gitano me habla para informarse sobre nuestra historia porque ha leído mis textos.
¿Qué importancia le das al contenido en las redes? Las redes sociales han ganado su espacio en la formación de jóvenes e incluso de adultos. De hecho, pienso que, si podemos perder dos horas viendo videos, también podemos hacerlo en contenido que sirva para nuestro desarrollo personal y profesional. Yo produzco contenido porque siento la necesidad de aportar mi percepción como gitana y persona con discapacidad. Intento demostrar a la sociedad hegemónica que, aun siendo rehén de una triple vulnerabilidad, tengo mucho que decir.
Así, también busco incentivar las personas a hacer su contenido más inclusivo, utilizando el texto alternativo para que las personas con discapacidad visual puedan “ver” imágenes y vídeos. Y créeme, no se necesita ser una maestra escribiendo, solo echarle ganas.
¿Cómo de importantes crees que son los referentes para los niños y las niñas diversas? En mi adolescencia yo no sabía que había personas con discapacidad en áreas como el cine, la pintura, la música, la literatura, entre otras muchas. Cuando lo descubrí, mis horizontes se expandieron por completo. La mismo ocurre si pensamos en los niños y niñas gitanas. Me pregunto: ¿cómo sería si supiesen que una de las primeras profesoras universitarias tenía origen gitano y que, por sus contribuciones en el campo de la matemática, la homenajearon dando su nombre a un cráter lunar?
Los niños y niñas del Pueblo Gitano no pueden soñar porque tienen muchos caminos cerrados. El simple hecho de seguir estudiando cuando muchos profesores te dicen que vas a acabar vendiendo en un mercadillo es ya un logro. También pasa con los propios padres, ellos no han tenido la oportunidad y piensan que los niños tampoco la tendrán. Conozco gitanos diplomados que se han tenido que ir a vender al mercadillo. Aquí, en Portugal, durante la pandemia un líder político sugirió meter a los gitanos en campos de confinamiento, ya te puedes imaginar el escándalo. Mucha gente empezó a compartir sus profesiones y algunos fueron expulsados de su trabajo porque hasta la fecha no se sabía que eran gitanos.
¿Cuál de los mitos sobre Pueblo Gitano crees que pueden influir más en la concepción sobre ti misma cuando eres más pequeña? Dicen que no servimos para nada, que solo queremos vivir de ayudas, que somos muy ruidosos, que somos problemáticos. Siempre son los mismos tópicos. La gente busca comparar a toda una nación, porque el Pueblo Gitano es una nación, con su compañero, su vecino o quién sea.
También hay muchos mitos en cuanto a la discapacidad que has ido rompiendo: el tema de la edad, el tema de no poder estudiar hasta determinados niveles, etc. No vamos a mentir, la religión tiene mucha culpa en esto. En la Biblia hay varios casos donde se demuestra que tiene que haber una curación para que las personas sean vistas como “normales”, y hasta que no sucede el milagro son tratadas como desgraciadas e incapaces. Esto influye en la percepción de las personas normativas, hacia las personas con discapacidad. Actualmente, si pensamos en el sistema educativo, ya hay cambios en comparación a mi época; sin embargo, aún hay quienes confunden inclusión con segregación. Que una escuela tenga una clase especialmente destinada a niños o jóvenes con discapacidad, no está solucionando el problema.
Si pensamos en el sistema de salud, en los hospitales todavía somos tratadas bajo el análisis del modelo médico. No nos miran como personas plenas, sino como si estuviéramos “estropeadas”. Hay personas que no salen de casa porque están esperando un milagro de Dios, ¡y esto grave!
Pero si lo que buscas es un ejemplo práctico, te digo que, en este momento, está en Lisboa la gran exposición de Frida Kalho y yo no puedo visitarla. Esto porque no está adaptada a personas con discapacidad motora, lo cual no deja de ser alarmante teniendo en cuenta quién es la artista.
Los niños y niñas del Pueblo Gitano no pueden soñar porque tienen muchos caminos cerrados. El simple hecho de seguir estudiando cuando muchos profesores te dicen que vas a acabar vendiendo en un mercadillo es ya un logro
¿Cómo ves tú el activismo que se está desarrollando dentro de la juventud gitana y cuáles serían los referentes a los que todas podríamos acudir? En Tik tok, por ejemplo, destacaría a Josico Hernández y a Jonathan Fernández, cuyas capacidades de exponer sus ideas son impresionantes. También en esa plataforma está la prima Ana Giménez, conocida como Gipsytreiner que nos enseña a tener una vida más sana. Y no podría olvidarme de Aurora Muñoz, la Gipsyland, que nos cuenta episodios y personajes de la historia gitana. En Instagram podéis leer a Tendencias Gitanas, una cuenta que siempre está al tanto de lo que pasa en las comunidades gitanas.
¿Y Sobre la silla? Hace poco que pusiste un post diciendo que es algo que ha servido mucho a las personas con discapacidad. Eso es lo que digo siempre. ¿Cómo es posible que se tardara tanto y que hasta el siglo XIX a nadie se le ocurriera poner unas ruedas a una silla? La sociedad de hoy tiene que estar construida y preparada para todo tipo de personas. Yo cuando voy a un teatro y veo que tienen rampa o tienen un lugar para mi silla, me alegro y casi me emociono, pero, al fin y al cabo, son mis derechos, no tengo que dar gracias a nadie por cumplir con su obligación.
¿Cuáles son nuestros derechos y obligaciones? Tenemos derecho a transitar por el mundo y hacer todo lo que las personas normativas hacen: salir, comprar, charlar, cenar, casarnos, tener hijos… Nuestras obligaciones son las mismas que las de los demás: trabajar, pagar impuestos, ayudar al prójimo. Somos personas y ya está. Recuerdo una frase de alguna compañera feminista que dice “No quiere reivindicar mis derechos como gitana sino como persona”, y en la discapacidad es exactamente lo mismo.
Aquí, están adaptando el ticket que se necesita para guardar turno en la sala de espera. Es una máquina que tienes que tocar los botones y sacas el papelito con tu número. Pero, ¿cómo yo con la silla de ruedas voy a llegar a la máquina que saca el ticket y con mi discapacidad visual voy a ver el número que me dan?
Hablo por mí, pero también por las personas mayores. Es como cuando vas a un restaurante que no está adaptado y van dos chicos jóvenes y te cogen en volandas. Para mí sigue siendo raro que una persona quiera cogerme en brazos, yo soy una persona, no un objeto, y tampoco tengo cuatro meses. Por eso dejé de ir a muchos sitios que no estaban adaptados. ¡Me niego a aplaudir el Capacitismo estructural!
Tú trabajas y haces activismo aparte porque no consideras el activismo un trabajo. Explícame más esa idea. Considero como activismo la militancia o una acción continuada con el objetivo de lograr un cambio social o político. A partir del momento en que cobras por esto, estás prestando un servicio y deja de ser la acción voluntaria que considero que tiene que ser. A pesar de que cobro por muchas ponencias por cuestiones burocráticas, lo que hago es donarlo a una Fundación que acoge a niños huérfanos. Es la manera que encuentro de seguir realizando activismo sin beneficiarme.
El hecho de ser mujer suma una nueva opresión a las que ya estamos comentando, tu gitanismo y tu discapacidad. El machismo es un problema social, como sabemos. Además de ser gitana o tener una discapacidad, siempre seré una mujer. La figura hegemónica de la discapacidad es el hombre con silla de ruedas cuando la mujer tiene 3 veces más probabilidades de sufrir una violación o una agresión física. Cuando hablamos del Pueblo Gitano, aunque vuelvo a repetir que no hay más machismo en él, la mujer sigue sufriendo las opresiones del patriarcado que tan bien conocemos.
Entidades gitanas apuestan por abordar el abandono escolar temprano a través de la escucha de las necesidades y metas de adolescentes y jóvenes en contextos marcados por la segregación
Un 13,3% de estudiantes abandonaron en 2021 sus estudios antes de haber completado la etapa obligatoria. La tasa ha mejorado notablemente en la última década, reduciéndose prácticamente a la mitad. Frente a estas cifras, el sistema educativo todavía arrastra una gran falencia: la exclusión de algunos colectivos, un 63,7% del alumnado gitano abandona tempranamente sus estudios.
Para afrontar este tendencia excluyente desde las perspectiva de las niñas y jóvenes gitanas una alianza de asociaciones creó el proyecto [J]itana, una J que según sus promotoras apunta a poner en el centro la justicia social y reproductiva, y que une bajo ese propósito a diversas entidades gitanas de todo el Estado —la valenciana FAGA, la FAGIC en Catalunya, la Federación de Mujeres Gitanas Kamira, las asociaciones de mujeres Akherdi i Tromipen y Yilo, y la navarra Gaz Kalo— junto a la Universidad de Sevilla.
Daniela Miranda, investiga desde hace años, junto a activistas gitanas, cuestiones relativas a la justicia reproductiva y al empoderamiento de las mujeres en el pueblo gitano. La investigadora apunta que es a partir de las conversaciones informales con estas activistas, y desde las historias de vida de las mujeres cómo se puso en evidencia una deuda: “A nosotras nunca nos han preguntado por nuestros sueños”, explicaban. La investigadora reconoce que la universidad es un espacio atravesado por el antigitanismo, donde no se ha considerado a este Pueblo como generador de conocimiento. Por ello, en [J]itana: “recogemos evidencias conjuntamente con las organizaciones y con las mujeres. Queremos asegurarnos de que es una práctica reflexiva entre todas, compartiendo estos espacios de reflexión entre iguales, de forma horizontal”. Se trata, explica Miranda, de pensar en este “derecho a soñar”, de forma práctica. Los sueños son prioridades, y para conseguirlas se necesitan recursos. Por ello considera que lo que se aborda en la investigación debe traducirse en políticas públicas.
Para poder hablar de sueños y necesidades, Sandra Heredia, concejala en el Ayuntamiento de Sevilla y activista de Yilo, considera que es necesario generar espacios seguros no mixtos donde las niñas puedan “hablar en libertad de todas sus inquietudes”, o trabajar cuestiones complejas como la de los matrimonios tempranos al tiempo que abordan cómo les afecta el antigitanismo, y en particular, el antigitanismo de género. Heredia explica cómo para hablar de esos sueños propios, se centran mucho en que las facilitadoras sean gitanas, y en pensar en referentes “para que ellas conozcan otro modelo diferente de mujeres, otra realidad”. Para ello miran en su propio entorno, poniendo el foco en “mujeres referentes de su propio barrio, porque al final ser una mujer gitana no te convierte en un referente porque sí, necesitas referentes de tu día a día y de tu cotidianidad”.
“Cuando trabajamos con el tema de las referentes, apuntamos que conseguir tu objetivo laboral o tu sueño no te hace ser menos gitana si no poner en valor toda la potencialidad que tienes dentro de tu cultura y tu entorno inmediato”
Heredia incide en que, al contrario de lo que ciertos discursos antigitanos pueden pretender, no hay ninguna contradicción entre elegir el propio camino y pertenecer a tu familia y tu entorno. “Cuando trabajamos con el tema de los referentes, apuntamos que conseguir tu objetivo laboral o tu sueño no te hace ser menos gitana si no poner en valor toda la potencialidad que tienes dentro de tu cultura y tu entorno inmediato, combatimos el antigitanismo para que se vea la realidad y la diversidad que existe dentro de nuestro Pueblo”.
Para Celia Montoya, de La Fragua Projects el hecho de que los actores implicados sean en su mayoría gitanos es fundamental para que tenga potencial transformador: compartir códigos facilita entender las diversas situaciones que pueden afrontar las jóvenes. “Lo fundamental de todo es que aquí a las chicas no se les obliga a nada, ni se les dirige hacia ningún sitio, sino que lo que tratamos es de que vean qué hay fuera de su entorno. A una muchas veces es su entorno lo que la limita, te limita la visión de las cosas que quieres hacer o incluso tu propia autoestima, a dónde puedo llegar y dónde no. Y más, cuando las niñas viven en un entorno social que está guetizado, que tienen precariedades no solo económicas”.
La Fragua Projects —primera empresa social constituida por profesionales gitanos— es una de las entidades implicadas en el proyecto y ha tenido un rol fundamental en hacer incidencia política, trabajando para llevar a las participantes del proyecto al Congreso de los Diputados y el Ministerio de Derechos Sociales con el fin de trasladar las demandas recogidas por las niñas y adolescentes en los espacios de trabajo, en unas jornadas que organizaron el pasado septiembre.
En aquella ocasión habló Nayra, de ocho años, quien participó en el proyecto de la mano de la Federación de asociaciones gitanas de Navarra, Gaz Kalo. La niña habló de la necesidad de facilitar becas para el estudio. Nayra, que quiere ser futbolista, valora el proyecto en conversación con el Salto. “Hemos hablado de nuestros sueños: Tania quería ser peluquera —ahora no sé si ha cambiado, pues cambia de opinión de un día para otro, ríe—, Laura quería ser psicóloga… este espacio nos ha dado la posibilidad de hablar entre nosotras de qué queremos y cómo lo podemos conseguir”.
Maria Jesús es la madre de Nayra, y también ha ejercido como facilitadora en Gaz Kalo. Hace un repaso de las actividades en las que han participado las niñas, que van desde talleres de fotografía orientados a hablar de emociones, conversaciones sobre qué personas son importantes para ellas, o un viaje conjunto, decidido por ellas mismas, a Senda Viva, un parque natural de Navarra. Las actividades, como esta en Senda Viva, incluían a las familias, especialmente a las madres, algo que desde el proyecto se considera vital.
La perspectiva intergeneracional permite también ahondar en algo que Montoya ve claro: “no hay ninguna contradicción entre tradición y avance. Para mí, una de las mejores formas de luchar contra el antigitanismo es apoyar a personas gitanas, tanto hombres y mujeres empoderadas, capacitadas para poder exigir sus derechos porque los conocen y que trabajen en cosas que les gustan y que les hagan vivir lo mejor posible”. Pese a que en muchas ocasiones se estigmatiza al entorno familiar para explicar el abandono escolar, Montoya invita a ampliar la mirada. “Se minusvalora al alumnado gitano, ya en el ámbito educativo se tienen muchos prejuicios. Yo creo que el profesorado también tiene que deconstruirse y formarse, y darse cuenta de hasta dónde llega el racismo”. En todo caso, apunta, se trata de algo tan básico como garantizar a todas las personas el acceso a derechos humanos.
Y es que el entorno es mucho más que la familia, defiende Montoya, que como todas las familias pueden ser conservadoras y machistas o pueden no serlo. Estudiar en un colegio guetizado en un barrio guetizado, o en zonas rurales sin muchas oportunidades, “la sociedad que te rodea, la gente del cole, cómo te tratan en las tiendas”, todo eso forma parte del entorno, apunta la integrante de La Fragua Projects.
“Se minusvalora al alumnado gitano, ya en el ámbito educativo se tienen muchos prejuicios. Yo creo que el profesorado también tiene que deconstruirse y formarse, y darse cuenta de hasta dónde llega el racismo”
Antigitanismo o falta de oportunidades, Heredia trae a colación un caso práctico de uno de los barrios sevillanos donde trabajan, Torreblanca. “En el instituto al que van no tienen la oferta educativa que tienen en otro instituto, por ponerte un ejemplo muy concreto: muchas niñas quieren hacer estudios de estética y peluquería, pero en su centro educativo no existe esa opción. Ahí lo que llevamos es esta demanda para que en este centro incorporen esta formación para que las niñas no abandonen los estudios y al final se puedan formar en algo que ellas realmente quieren”.
La lucha por una mejora del sistema educativo que tenga en cuenta las demandas de este alumnado, son pasos imprescindibles para encarar este problema: “Al final lo que vamos trabajando también, junto con la comunidad educativa — estamos recibiendo un gran apoyo de su lado— es que ellas se sientan escuchadas por todas las partes”, explica Heredia. La cuestión de la guetización no se reduce a lo escolar, apunta, y fuera de las aulas se suman otras demandas: “Por poner un ejemplo, en Polígono Sur tienen que andar casi dos kilómetros hasta una cafetería para juntarse con las amigas a tomarse un café”. Frente al abandono de las instituciones, las chicas propopen autobuses más frecuentes al centro, bibliotecas para estudiar, o actividades de ocio por la tarde.
Desde la universidad, Miranda considera que la mezcla de entidades de distinto tipo le ha dado mucha potencia al proyecto. Desde La Fragua Projects y su experiencia en la lucha contra el antigitanismo y de incidencia política, a Gaz Kalo, que cuenta con una forma de trabajo muy desde local, a Yilo, en Sevilla “yo he construido mi identidad como investigadora y como feminista con ellas”.
Para Sandra Heredia, este tipo de alianzas “es también abogar por otro tipo de modelo asociativo del mundo gitano, que al final no sea solamente de prestación de servicios o asistencialismo”, un proceso “empoderador” que busca, reflexiona Heredia, “implicar al mismo nivel a todos los agentes que están conectados en la transformación real en sus propios barrios”. Más allá de posibilitar la escucha, y que las niñas y adolescentes puedan acceder a las asociaciones de barrio, centros educativos o instituciones, se trata de que el proyecto sea un “espacio de decisión”, y ahí cobra especial sentido, tanto las intervenciones ante el ayuntamiento de Sevilla o el Parlamento andaluz, como la visita a Madrid que “sirvió para llevar a la instituciones las demandas reales. Las propias mujeres, cuando intervenían en el Ministerio y en el Congreso hablaban de la realidad de su barrio. Polígono Sur es el barrio más pobre de todo el Estado Español, las mujeres querían saber en qué se destinan los fondos públicos que se dirigen a sus barrios”.
María Jesús y Nayra reconstruyen qué se dijo ahí sobre las necesidades expresadas durante el proyecto “acceso a becas de estudio, oportunidades laborales, que se sientan apoyadas por las personas que las rodean, como es el centro educativo, la familia y la sociedad en general” apunta la madre. Para la hija, que habló desde la tribuna, se trata de “ayudar a que otras niñas puedan hacer lo que ellas quieren, que no piensen que no lo pueden hacer”. Comprender, concluye Montoya, que “tienes todo el derecho de decir lo que tú tengas que decir, porque eres una persona y tienes derechos”.
Constructores de realidad, durante los últimos años, los medios tienen dos nuevos compañeros de viaje: el fenómeno de las noticias falsas y el de la viralización
El antigitanismo es una losa, una lacra estructural enraizada en unas instituciones y una sociedad que cuando se le plantea el problema suele mirar hacia otro lado. Se trata de un pulpo con tentáculos gruesos y largos que abarcan todas las capas sociales y todos los ámbitos: educación, cultura, sanidad, sistema habitacional, etc. Los medios no están exentos de este antigitanismo; es más, contribuyen de manera, tanto consciente como inconsciente, a extenderlo. A lo largo de la historia, los medios de comunicación de masas han sido uno de los vehículos más potentes –juntamente con la cultura y la educación– a través del cual se ha transmitido el mensaje de la otredad. Constructores de realidad, durante los últimos años, los medios tienen dos nuevos compañeros de viaje: el fenómeno de las noticias falsas y el de la viralización.
Si bien la gran mayoría de códigos deontológicos y manuales de los medios de comunicación hacen hincapié en la necesidad de abstenerse de mencionar datos que puedan fomentar conductas discriminatorias, las prácticas irresponsables de muchos medios de comunicación forman parte del día a día. Por ejemplo, uno de los últimos episodios de antigitanismo en los medios vino dado con la irrupción de la pandemia ocasionada por la COVID-19. Noticias falsas, bulos o discursos de odio en redes sociales y medios de comunicación infectaron, una vez más, la imagen del pueblo gitano. El estudio FAKALI, antigitanismo y Covid-19. Informe del impacto del antigitanismo en la sociedad del coronavirus aseguraba: “Si la pandemia ha supuesto un duro golpe para la sociedad española y el confinamiento ha interrumpido gran parte de la actividad económica generando un parón histórico de impredecibles consecuencias, el pueblo gitano ha sido, además, señalado como amenaza y estigmatizado por parte de los medios de comunicación e incluso algunos representantes públicos, como mostrarán las evidencias extraídas de distintos medios de comunicación”.
Un buen ejemplo de esto es el tratamiento informativo que se dio en algunos medios a raíz de los confinamientos en Haro (La Rioja) y Santoña (Cantabria), convertidos por unos días en epicentro de los discursos de odio. En la primera localización, el 7 de marzo, se produjo uno de los primeros brotes de coronavirus. Aún no se sabía apenas nada del virus y el pánico empezaba a arreciar, pero eso no es motivo para justificar la gestión que se hizo de este brote y cómo fue abordado por algunos medios de comunicación. Después de que 60 gitanos y gitanas se contagiaran por la asistencia a un funeral, la policía decidió acordonar la zona donde vivían estas familias. Empezaba el linchamiento mediático: en muchos medios se dijo que la comunidad gitana estaba contagiando al resto del pueblo porque se saltaban las medidas sanitarias. Casi al mismo tiempo ocurría algo similar en Santoña.
Durante el tiempo que duró el confinamiento, la comunidad gitana fue acusada de manera sistemática por algunos medios de no respetar las normas impuestas por las autoridades. Se aprovechó, una vez más, para poner en el punto de mira sus costumbres culturales. Cuando los niños y niñas tuvieron que volver a las aulas, la comunidad gitana fue puesta de nuevo en el punto de mira: en muchos medios de comunicación se acusó a gitanos y gitanas de no llevar a sus hijos e hijas al colegio y de fomentar el absentismo escolar sin mencionar la realidad habitacional de algunas de estas familias, que conviven en una misma casa con personas mayores. FAKALI confirmó que, desde julio y hasta octubre de 2020, se reportaron 112 publicaciones “denigrantes, humillantes y discriminatorias hacia el Pueblo Rromà”.
Otros dos momentos importantes en la visibilización del antigitanismo imperante de algunos medios se hizo patente durante la polémica por un monólogo del humorista Rober Bodegas en 2018 o el tratamiento informativo que se le dio al suceso que tuvo lugar en Rociana del Condado en 2020, cuando Manuel, gitano de 45 años, fue asesinado a tiros por J.G.A. De hecho, Pedro Aguilera, director de la FAGIC (Federació d’Associacions Gitanes de Catalunya) entre 2018-2022 y actual asesor en el Ajuntament de Barcelona, destaca que estos dos momentos suponen un antes y un después en la relación de la población gitana con los medios de comunicación: “Estos dos momentos supusieron un revulsivo entre la comunidad gitana, un #MeToo de las comunidades, que se dieron cuenta de cómo los trataban los medios. Siempre se nos ha dado a entender que somos ciudadanos de segunda, y a los medios y a la sociedad esto les ha salido barato. Es algo tan enraizado, que ni siquiera se ha penalizado a lo largo de la historia. Hablo, por ejemplo, de la descripción de la gitanidad que hace Cervantes, de la película Gitano, basada en la novela de Pérez Reverte, de los gags de Cruz y Raya o de las recientes parodias en los medios de comunicación y programas de entretenimiento, como en el caso de los Gipsy Kings”.
En el caso del monólogo, Bodegas tuvo que pedir perdón al pueblo gitano por un claro componente racista que sobrepasaba todos los límites del humor; en el caso del tratamiento del crimen de Rociana del Condado, varias asociaciones gitanas denunciaron al programa de Ana Rosa Quintana (Telecinco). Es importante destacar que este espacio, junto con Espejo Público (Antena 3) o Equipo de Investigación (La Sexta) suelen estar en el punto de mira de las asociaciones gitanas que velan por mantener a raya los discursos de odio. Son espacios habituales en los informes de malas praxis a la hora de abordar asuntos del pueblo gitano.
Más historia del pueblo gitano, más monitorización y más presencia de gitanos y gitanas en los medios
Una de las recomendaciones que hace en uno de sus trabajos el Roma Civil Monitor de España, liderado por la Plataforma Khetane del Movimiento Asociativo Gitano del Estado Español (PK) y también por la Asociación Nacional Presencia Gitana (ANPG) y la FAGIC, es la necesidad de promover el conocimiento de la historia y la cultura del pueblo gitano. Esta es la misma recomendación que se hace en el informe anualPeriodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano, publicado por el Instituto Romanó.
Rromani Pativ y Plataforma Khetane, que también monitorizan el discurso de odio en los medios españoles y presentan relatos de contranarrativa para luchar contra el antigitanismo, miran directamente hacia los medios de comunicación públicos: “Deben ser la punta de lanza contra el antigitanismo informativo. Los medios de comunicación públicos deben desarrollar un papel destacado en España en relación con el antigitanismo informativo, que hoy en día lo hacen de manera insuficiente y testimonial. Deberían desarrollar un rol equiparable al realizaron con la diversidad afectivo-sexual en los primeros años 2000, en los que los medios de comunicación fueron un agente de cambio de la opinión pública en relación con las personas disidentes sexuales o de género como sujetos de derechos y como víctimas de tristes episodios de represión y criminalidad institucional”, se puede leer en su último informe.
Para Pedro Aguilera, “(…) los medios de comunicación deberían ser capaces de dar un paso al frente y tomar medidas en diferentes direcciones: por una lado, y como decía Pedro Zerolo, ‘libertad de expresión no es libertad de agresión’. ¿Qué pasa con todos esos comentarios racistas al pie de las noticias? Debería regularse. Por otro, yo apuesto por más presencia de gitanos en las redacciones”. Respecto a este último punto, además de estar físicamente en redacciones para revisar contenidos, impartir formaciones o asesorar, es altamente recomendable que cuando los periodistas aborden asuntos que conciernen al pueblo gitano consulten con fuentes gitanas, algo que no suele ser tan habitual como se piensa.
¡Sorpresa! La población gitana es diversa
“Todos los gitanos y gitanas compartimos ese ideal de libertad y esperanza, reflejado en nuestra bandera. Nos une el antigitanismo y la historia de persecución”. Quien habla es Beatriz Carrillo presidenta de FAKALI y diputada gitana por el PSOE.
Uno de los comportamientos más tóxicos de los medios de comunicación que contribuyen al fomento del antigitanismo consiste en presentar al pueblo gitano como un todo homogéneo. Nada más lejos de la realidad: el pueblo gitano es diverso y cambiante, como explica Iñaki Vázquez, activista gitano y por los derechos LGTBQ, consultor de la OSCE-ODIHR: “Se nos presenta como una población que no cambia y folklorizada; pero somos diversos. Somos una cultura diversa, nos mezclamos, tenemos diferentes tipos de familias y costumbres. Unos son católicos, otros evangelistas, otros musulmanes… Si se hiciese una buena visibilización del pueblo gitano en los medios, la sociedad se daría cuenta de lo reduccionista que es la visión que tiene. Estamos hablando nada más y nada menos que de casi un millón de personas gitanas en nuestro país: ¿acaso se creen que todos los gitanos tocamos el cajón flamenco?”, se pregunta de manera irónica Vázquez.
Folklorización: este es otro de los escollos en lo concerniente a la presentación del pueblo gitano en los medios. Amenudo se cae en una folklorización que se produce como consecuencia de la citada homogenización. “Se tira del estereotipo, incluso para hablar de cosas buenas, y eso también es negativo”, se lamenta Pedro Aguilera. Sin embargo, cuando llega el momento de atribuir a las comunidades gitanas aquellas aportaciones culturales que nacen en su seno, los medios recogen cable: “Una diseñadora gitana que triunfa en París pasa a ser una diseñadora española. No se menciona que Joaquín Cortés es gitano, pero sí la procedencia étnica de la familia que se ha peleado en un bar”, critica Aguilera. Un doble rasero que, por una parte, invisibiliza las aportaciones de los gitanos y las gitanas a la cultura y la historia; y por otra, los encuadra en estereotipos, los discrimina y los margina.
De hecho, la falta de conocimiento por parte de la población no gitana –que no de existencia– de referentes gitanos y gitanas es una de las consecuencias directas de este fenómeno. Tamara Puig, activista gitana, educadora social y una de las autoras del informe Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano 2021, explica: “(…) no faltan referentes gitanos, sino que los medios los den a conocer. Y que se den a conocer bien: no solo desde la superficialidad o el discurso de la superación, pasado de vueltas”. Y esta es, precisamente, otra de las observaciones de los gitanos y gitanas: hay que superar el discurso de “Primera mujer universitaria gitana de + añadir localización”.
Otra pregunta que se debería hacer desde el periodismo es: ¿la población gitana necesita a alguien que les salve? La respuesta es no. Otra de las críticas es el paternalismo y el buenismo que destilan algunas coberturas. Puig, lo tiene claro: “No se nos tiene que salvar ni proteger de nada; ni siquiera cuidar. Muchos reportajes quieren crear consciencia y lo único que hacen es fomentar el estereotipo. No hay mala intención detrás, pero resulta negativo. Hay que abordar la realidad del pueblo gitano desde una perspectiva de derechos fundamentales, no desde la caridad o la pena”, concluye.
Beatriz Carrillo apuesta por un trabajo y un compromiso transversal por parte de los medios de comunicación para que desemboque en “una consciencia pública y colectiva (…). Los medios de comunicación son instrumentos de propaganda muy importantes y funcionan como notarios del uso del lenguaje. Hay muchísimas cosas a mejorar y también hay muchas prácticas que deben desaparecer”, explica para lamarea.com.
La información de sucesos y el lenguaje, en el punto de mira
En los tres últimos informes de Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano (ediciones 2019, 2020 y 2021) se destaca que la información relativa a los sucesos suele ser la más problemática, un auténtico talón de Aquiles de la prensa española. Tamara Puig destaca la importancia del lenguaje que se usa cuando se abordan este tipo de noticias: “(…) robo, tiroteo, asesinato,patriarca,reyerta, clan... Son palabras peyorativas que se asocian, en la mayoría de los casos, al pueblo gitano. Las tenemos que desterrar”, dice. Además, este tipo de informaciones suelen ser pobres en contexto y pobres en fuentes gitanas. Las imágenes que se usan no suelen ser deontológicamente correctas (no se suele pixelar a los y las protagonistas), se dan datos innecesarios que vulneran la protección de las personas implicadas y no se suele rectificar en caso de que sea necesaria un rectificacion.
Asimismo, la disolución de fronteras entre géneros (información y opinión) que se ha producido en los últimos años y el uso cada vez más común en la prensa de un lenguaje adjetivado, subjetivo, con apreciaciones innecesarias y cargado de contenido hace que sea difícil encontrar informaciones puramente informativas, hecho que va en detrimento de una información neutral. En la información de sucesos este fenómeno es claramente evidente.
¿Cómo se trabaja desde los medios para combatir el antigitanismo?
Sin embargo, no todo son malas noticias y ya hay quien trabaja desde los medios para cambiar el paradigma de lo descrito anteriormente. Dos buenos ejemplos son Sarah Babiker, de El Salto, y Meritxell Rigol, periodista independiente, las dos vinculadas a Rromani Pativ. Ambas destacan que es necesario mirar hacia el pueblo gitano más allá del apartado de sucesos y de los reportajes en los que se muestra la pobreza o la vulnerabilidad. También insisten en la necesidad de superar la folklorización. “Uno de mis primeros reportajes sobre comunidad gitana en El Salto lo ilustré con una foto de una bailaora”, reconoce Babiker. Lo rectificó en cuanto se dio cuenta, pero asegura: (…) Es muy difícil desquitarse de determinados mecanismos o imaginarios con los que hemos sido socializadas desde pequeñas”. Por eso es necesario deconstruirse. Meritxell Rigol lo hace escuchando e intentando aprender. “(…) desde la humildad y la consciencia de que desconocemos la realidad; y con predisposición para entender y aprender. Es algo básico”, explica para lamarea.com.
En el abordaje de temas concernientes al pueblo gitano, Rigol asegura que es fundamental tener en cuenta el contexto histórico que atraviesa estas comunidades. “Si hablamos de población gitana y sistema educativo, no podemos obviar la parte material, los altos índices de pobreza de esta población. Tenemos que tener una mirada contextualizada y tener en cuenta la discriminación histórica que atraviesa esta minoría perseguida, criminalizada y marginalizada hasta el día de hoy”. Para la periodista catalana también es muy importante incorporar fuentes gitanas que ayuden a entender qué está pasando y, sobre todo, porqué; algo con lo que coincide Sarah Babiker.
Buscar nuevos temas, nuevas voces expertas en diferentes ámbitos y visibilizar la diversidad del pueblo gitano con el objetivo de ayudar a romper estereotipos son algunas de las recomendaciones que hacen estas dos periodistas.
Fuente: La Marea Autora: Queralt Castillo Cerezuela Foto: Medio que «no queremos decir» que hace continuamente apología del odio ante la pasividad de las autoridades
Uno de los objetivos es la visibilización del antigitanismo, un problema estructural que salpica tanto a la administración pública como a la sociedad
Después de años de persecución y racismo, elevar la lucha contra el antigitanismo a nivel de Estado no parece una opción, sino una necesidad imperante, como ha ocurrido con el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. En abril de 2021, el Congreso aprobó por unanimidad la creación de una subcomisión para el estudio de la puesta en marcha de un Pacto de Estado contra el Antigitanismo y la Inclusión del Pueblo Gitano, otra vía de actuación que viene a complementar la Estrategia Nacional para la Igualdad, la Inclusión y la Participación del Pueblo Gitano 2021-2030.
Desde entonces y hasta ahora, esta subcomisión ha estado trabajando para elaborar un texto con un enfoque integral, que aúne a todas las fuerzas políticas y que sirva como hoja de ruta. Han comparecido expertos/as, miembros de ONG, representantes de los movimientos sociales, activistas gitanos y gitanas y equipos técnicos relacionados con el pueblo gitano, entre otros.
En este recorrido, el pasado 26 de mayo, una enmienda a la Ley de Igualdad de Trato, que contó con 293 votos a favor y 50 abstenciones, introdujo una disposición final por la que se modifica el Código Penal para incluir el antigitanismo como delito de odio. Esta ley, que prevé pena de prisión de uno a cuatro años y multas a quienes promuevan o inciten al odio, discriminación o a la violencia contra el pueblo gitano, fue aprobada el 22 de junio.
Visibilizar el antigitanismo
Uno de los objetivos que persigue el Pacto es la visibilización del antigitanismo, un problema estructural que salpica tanto a las instituciones y la administración pública como a la sociedad. Para María Filigrana, miembro de la junta directiva de la Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas FAKALI, el antigitanismo adopta expresiones diversas, como el abandono individual institucional, la discriminación, la desigualdad, la denigración, la alterización, el desempoderamiento y la incitación al odio de estas comunidades, pero se puede resumir en dos: la invisibilización del pueblo gitano –y el antigitanismo– y el abandono y rechazo estructural que existe contra las personas gitanas.
FAKALI reclama medidas para fomentar la participación de la población gitana en los espacios públicos y de toma de decisiones. Actualmente, a pesar de contar con tres diputados gitanos —Beatriz Carillo por el PSOE; Sara Jiménez por Ciudadanos; e Ismael Cortés por En Comú Podem—, la infrarrepresentación política de la comunidad gitana sigue siendo una realidad. De hecho, tanto para Beatriz Carrillo, además de diputada, presidenta de FAKALI, como para Ismael Cortés, este Pacto supone un hito en la historia por la lucha de los derechos del pueblo gitano y ha sido posible, en gran parte, por la presencia de diputados y diputadas gitanas en el Congreso.
Es común entre la población gitana reivindicar su voz y señalar de manera muy crítica el paternalismo y el asistencialismo en el que hasta el momento se han enmarcado gran parte de las acciones políticas a favor del pueblo gitano. Durante su comparecencia en la subcomisión, Filigrana apuntaba a algo importante: “Hemos pasado de una persecución directa —no hay que olvidar las casi 300 pragmáticas que durante años persiguieron a los gitanos y gitanas de España— a la disolución completa de nuestra identidad; lo que yo considero una salida fácil al amparo del ‘todos somos iguales’. Se ha hecho borrón y cuenta nueva”. Por eso ella habla de la necesidad de reparación y de tener una agenda propia en la que la hoja de ruta sean las necesidades reales de estas comunidades, habitualmente diluidas en el espacio de la pobreza y relegadas al olvido epistemológico, académico e histórico. “Invisibilizar al pueblo gitano es despreciar una parte de la ciudadanía”, dijo de manera contundente Filigrana en su intervención en la subcomisión.
Las cuestiones de reparación también resultan fundamentales para Iñaki Vázquez, activista gitano y por los derechos LGTBQ, consultor de la OSCE-ODIHR e impulsor del proyecto social La Fragua Projects, quien también compareció en la subcomisión. “No hace falta remontarse a las pragmáticas, solo tenemos que ver el elevado fracaso de los 40 años de políticas públicas basadas en el paradigma etnocéntrico de la integración. El proyecto de la España uniforme es un fracaso, y las políticas públicas han estado basadas en un enfoque asistencialista, paternalista y clientelar; y es por ello que las primeras en revisarse deben ser las instituciones. El antigitanismo es la causa, no la consecuencia, de la situación en la que hoy vive el pueblo gitano; y eso pasa porque se ha puenteado al sujeto emancipante”.
Ismael Cortés, diputado gitano de En Comú Podem, va más allá: “(…) Al Pacto le tendría que acompañar un acto institucional presidido por la monarquía –la institución responsable de la historia legislativa antigitana, junto con la Iglesia–, en el que se reconozca la historia de antigitanismo que se ha vivido en España. Las medidas legislativas contra los gitanos y las gitanas son el sustrato histórico que ha configurado un presente de marginalización, exclusión y pobreza del pueblo gitano”, dice contundente.
Presupuesto, compromiso real y medidas específicas
La mayoría de las personas preguntadas coinciden en que el Pacto es algo muy necesario, pero insisten en que el texto que resulte no servirá de nada si no se le dota de suficiente presupuesto para implantar medidas y promover campañas, y si no se establecen unos objetivos específicos y se hace un seguimiento exhaustivo de los resultados. En definitiva, se pide un compromiso político real a través de un marco operativo eficiente que permita llevarlo a cabo.
“Presupuesto, coordinación, seguimiento de indicadores, evaluación… Esto es lo que pedimos”, sostiene Filigrana. Y sabe bien por qué lo hace: “No se ha hecho seguimiento ni evaluación de la Estrategia Nacional para la inclusión social de la población gitana en España 2012-2020 y no sabemos si ha permitido mejorar la vida de las personas gitanas o no. No queremos que esta situación se repita”. No solo eso: la Estrategia Nacional para la Igualdad, la Inclusión y la Participación del Pueblo Gitano 2021?2030 se aprobó en noviembre de 2021 y, actualmente, aún no hay un plan operativo, cuenta Iñaki Vázquez.
Sandra Heredia, candidata a la Alcaldía de Sevilla por Adelante Andalucía, y quien considera que el proceso consultivo del Pacto debería haber sido más exhaustivo y haber ‘bajado’ a nivel municipal y local, opina de manera parecida: “(…) Lo fundamental de este Pacto es que no se quede en un tratado de buenas intenciones. El Pacto no es el final, sino el inicio de algo aún por desarrollar. Además de las necesidad de presupuesto, yo destacaría la necesidad de coordinación entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas, que al final son las que tienen las competencias”.
Aparte de esto que menciona Heredia, el éxito de este Pacto también dependerá de que las medidas que se adopten sean vinculantes. Beatriz Carrillo, que destaca igualmente el asunto del presupuesto, lo tiene claro: “(…) Si no tiene carácter vinculante y no se le da carácter institucional, esta hoja de ruta se va a quedar en un deseo”.
La educación, en el punto de mira del Pacto
Uno de lo puntos a los que habrá que prestar especial atención es el de la educación, posiblemente el caballo de Troya en la lucha contra el antigitanismo. Es necesario cambiar el foco y poner la mirada hacia otros protagonistas: “Los proyectos asistencialistas acaban debilitando las comunidades en las que se actúa; y no se resuelve el problema. Necesitamos comunidades gitanas empoderadas; y para ello hay que transformar, entre muchas otras cosas, el sistema educativo y poner el foco no solo en los que sufren la discriminación, sino en los que la perpetran”, destaca Vázquez.
“Hay que desarrollar campañas de sensibilización, conscienciación, y no solo a nivel mediático; sino educativo”, puntualizan Filigrana y Cortés. Para este último, es necesario cambiar la perspectiva de los valores y estudiar la historia del pueblo gitano de manera transversal, e incorporarla de manera efectiva a los libros de texto, como ya se está intentando llevar a cabo.
Tamara Puig, activista gitana y educadora social, insiste en que hasta que no se haga énfasis en el ámbito educativo, no habrá un cambio sistémico real. Se muestra favorable al Pacto, pero mantiene reticencias: “(…) Las leyes educativas actuales generan exclusión y segregación. Al profesorado le falta conocimiento de la realidad del pueblo gitano y en las clases no existe un vínculo entre el alumnado gitano y los y las docentes. Las aulas no son espacios seguros para el alumnado gitano. Existen casos de éxito, pero no son la norma, porque el sistema es disfuncional”. También Beatriz Carillo hace énfasis en la importancia de la dimensión educativa: “(…) La no educación mutila la libertad de cualquier pueblo y hay que trabajar en esa línea”.
Es evidente que se necesita un cambio de paradigma en todos los niveles y en todos los ámbitos: revertir el daño causado por los medios de comunicación al pueblo gitano, reivindicar sus derechos educacionales, residenciales, laborales, culturales y sanitarios, entre otros, no es algo postergable; sino que se trata de un tema de justicia histórica y de deuda con este pueblo.
Fuente: La Marea Autora: Queralt Castillo Cerezuela Foto: Bandera del pueblo gitano en la Junta de Distrito de Vallecas, en Madrid, en 2017. Wikimedia Commons/Diario de Madrid. Licencia CC BY 4.0
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