En este Anteproyecto se señala que la Ley de Familias tiene por objeto “el pleno reconocimiento de la diversidad de modelos familiares que coexisten en nuestra sociedad, así como el establecimiento del marco y las bases para una política integral de apoyo a las familias, orientada a la mejora del bienestar y la calidad de vida de sus integrantes”. Y “busca extender el apoyo, avanzando en el cumplimiento del artículo 39 de la Constitución Española, que insta a los poderes públicos a asegurar la protección social, económica y jurídica de las familias”. Y se indica, así mismo, que la presente ley “también da cumplimiento a las reiteradas recomendaciones que la Comisión Europea y el Consejo de la Unión Europea ha hecho a España sobre la protección del conjunto de familias de nuestro país”. Para ello, “la ley incorpora medidas en los ámbitos educativo, sanitario y social”. Se recuerda el artículo 9.2 de la Constitución Española que obliga a los poderes públicos a “corregir las desigualdades y garantizar […] una situación de igualdad en el acceso a derechos sociales, económicos o de cualquier otra índole”. “Las políticas públicas deben garantizar que todas las familias son iguales en derechos y que cada una de ellas recibe el apoyo y la protección social que necesita”.
Todo ello nos parece fenomenal, justo y necesario. Estamos totalmente de acuerdo con el planteamiento general de la ley.
Se insiste reiteradamente en que esta ley debe dar respuesta” al “avance del feminismo, de los derechos LGTBI o la creciente demanda de cuidados por el progresivo envejecimiento de la población”. “También se garantizará la igualdad de trato y oportunidades de las personas integrantes de aquellas situaciones familiares con personas pertenecientes a colectivos LGTBI en el acceso y disfrute de todo tipo de prestaciones públicas, beneficios sociales y servicios, y se adoptarán medidas dirigidas a la prevenir la discriminación en los distintos contextos de estas familias por razón del sexo, orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales de quienes las integren”. Y se dedica el capítulo V a las situaciones familiares en que existan personas pertenecientes a los colectivos LGTBI, donde se dispone que “a fin de garantizar el ejercicio efectivo del derecho de las personas LGTBI a formar una familia, las administraciones públicas pondrán en marcha las medidas oportunas para promover la igualdad de trato y oportunidades en el acceso a los bienes y servicios públicos, con el mandato legal expreso de que impulsarán medidas para garantizar la igualdad social y efectiva de las personas que las integran”.
También se establece que “las Administraciones Públicas pondrán todos los medios a su alcance para detectar situaciones de violencia en el ámbito familiar, y para darles la respuesta adecuada, en cumplimiento de la legislación vigente”. Y de garantizar la igualdad de derechos de aquellas familias en las que “haya personas con discapacidad y/o en situación de dependencia” o en las que “miembros de la pareja tienen hijas o hijos de uniones anteriores” o “familias residentes en el medio rural”.
Y esto también nos parece fenomenal, justo y necesario. Estamos totalmente de acuerdo en que la ley garantice la igualdad de derechos de las familias en situación de vulnerabilidad por cualquiera de esas circunstancias.
Sin embargo, este anteproyecto de ley no contempla la transmisión intergeneracional de la pobreza que se está produciendo en tantos barrios segregados a lo largo de todo el territorio nacional, fruto del círculo vicioso entre los prejuicios y estereotipos racistas (contra las personas gitanas y de origen inmigrante) y la marginación en todos los ámbitos de la vida: laboral y económica, en la vivienda, salud, escolar, etc.[1]
No se trata, como señala este anteproyecto de ley, meramente de “familias procedentes de otro Estado o territorio, o en que alguno o algunos de sus integrantes residen fuera del territorio nacional, o familias entre personas que proceden de entornos culturales o étnicos diferentes”. No es un mero problema de separación familiar o de haber nacido en otro país alguno de sus miembros (en el caso de las familias de origen migrante) ni de meras diferencias culturales. Es un problema generado por el antigitanismo y el racismo hacia los inmigrantes pobres y por la exclusión y segregación en todos los ámbitos de la vida: un círculo vicioso donde permanecen atrapadas muchas familias gitanas y de otras minorías étnicas y que tiende a perpetuarse generación tras generación.
Esta ley no tiene en cuenta para nada la situación de pobreza y exclusión social existente en multitud de hogares con importantes carencias materiales en España, tal como muestran los informes pertinentes. Así, según el informe "Análisis de la Encuesta de Condiciones de Vida con Enfoque de Infancia 2022"[2], de la Plataforma de Infancia (red de más de 70 organizaciones de infancia), un 33% de los niños y adolescentes que viven en España lo hacen en riesgo de pobreza y exclusión social. Los datos de esta última Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) 2022 constatan un empeoramiento de los datos de pobreza y exclusión social entre la población en España, así como un incremento de los hogares con importantes carencias materiales. El efecto de la crisis de la COVID-19 en la sociedad un año después del confinamiento se traduce en un aumento en los indicadores de pobreza, la carencia material y la baja intensidad de empleo.
Según esta ECV 2022, “España es el segundo país de la Unión Europea con una mayor tasa de niños, niñas y adolescentes en riesgo de pobreza o exclusión social, sólo por debajo de Rumanía”. El que “durante los últimos años España se encuentra entre los países con mayores índices de pobreza y de desigualdad de la Unión Europea” es una realidad que debe interpelar a los poderes públicos y aplicarse a ponerle remedio.
Este anteproyecto de ley no tiene en cuenta que “la pobreza es hereditaria” y en los casos severos de pobreza tiende a producirse una transmisión intergeneracional de la pobreza: seguirán siendo pobres cuando crezcan porque van a disfrutar de menos de oportunidades. El 60% de los habitantes con mayor pobreza han permanecido estancados en los últimos años.
Este anteproyecto de ley no tiene en cuenta que “hay una tendencia a la reproducción de las desigualdades educativas en función del nivel educativo y el estatus ocupacional de los padres”.
Este anteproyecto de ley ignora que “los grupos más pobres de la sociedad tienen más dificultades para conseguir una movilidad social ascendente que los lleven a alcanzar los estándares de renta o de calidad de vida de su comunidad de referencia. Ello se traduce en que los niños de familias pobres tendrán una mayor probabilidad de padecer situaciones de pobreza y/o privación material también en la etapa adulta, reproduciendo así los patrones de desigualdad generación tras generación” (VIII Informe FOESSA[3]).
Este anteproyecto de ley ignora que en nuestro país existe una tendencia a la “transmisión intergeneracional de los logros educativos”. “Los datos permiten apreciar que la movilidad educativa y la movilidad económica están muy relacionadas: los adultos que han logrado un nivel educativo más alto que el de sus padres tienen mayores opciones de lograr la movilidad ascendente en el caso de provenir de una familia marcada por la pobreza y un menor riesgo de experimentar movilidad social y económica descendente respecto al hogar paterno. De igual modo, en un contexto de expansión educativa, los adultos que se han quedado atrapados en el nivel educativo bajo que tenían sus padres tienen no sólo las peores condiciones de entrada en la vida adulta, sino también las expectativas más pobres en términos de movilidad social ascendente, de escapar de las dificultades económicas que vivieron en su infancia”. “[Es enorme] el riesgo de que sus peores resultados académicos se conviertan en una mayor vulnerabilidad económica y social en su vida adulta”.
Este anteproyecto de ley ignora que “es necesario atender a las necesidades multidimensionales que los padres con menos recursos encuentran en la crianza de sus hijos y que podrían evitar problemas de fracaso escolar y abandono escolar temprano, con sus correspondientes consecuencias económicas y sociales a largo plazo”. (VIII Informe FOESSA, 2019).
Este anteproyecto de ley no tiene en cuenta para nada tampoco la Estrategia Nacional para la Igualdad, Inclusión y Participación del Pueblo Gitano 2021-2030 (aprobada por el Consejo de Ministros del 2 de noviembre de 2021) ni al “compromiso del Gobierno de España -expresado en ella- con la cohesión y el progreso social, prestando especial atención a las personas en situación de pobreza o exclusión social, como es en este caso un porcentaje muy alto de la población gitana”. En este anteproyecto de Ley de Familias se ignoran por completo “las desventajas de esta población […] en la segregación escolar y residencial, en la persistencia de riesgo de pobreza […], en las dificultades para acceder al mercado laboral -especialmente entre la juventud gitana-, la brecha digital, la infravivienda y los casos de discriminación y antigitanismo en las distintas dimensiones de la vida” (Introducción de la Estrategia).
Este anteproyecto de Ley de Familias olvida que existe “una importante brecha de desigualdad que separa a la población gitana del resto de la ciudadanía del Estado Español” (tal como se señalaba en la Estrategia Nacional para la Inclusión Social de la Población Gitana en España 2012-2020). Olvida que “de todas las poblaciones europeas, los gitanos son los que tienen mayores riesgos de ser pobres y permanecer al margen de la educación y del empleo” (Informe sobre la Infancia, UNESCO, 2010). Olvida que buena parte de las familias gitanas en España padecen una discriminación multidimensional, que abarca las principales dimensiones o ámbitos de la vida [plasmó unas mínimas pinceladas sobre algunas de estas discriminaciones]:
Discriminación racial en el acceso al trabajo: En torno al 50 % de los nuevos trabajos en nuestro país se consiguen por la red de informaciones e influencias familiares y de amistades. A esto hay que añadir el peso negativo de la estereotipia antigitana. Lo cual conlleva un “techo limitado de empleo” (John Ogbu) y una merma de todas las oportunidades vitales.
Discriminación racial en el acceso a la vivienda: A la escasez de política de la vivienda social y a la especulación inmobiliaria hay que unir la discriminación racial en el alquiler de la vivienda: estigmatización por la que se anticipa que “no pagarán, destrozarán y alborotarán” (Andalucía Acoge, 2022). En una reciente investigación se ha puesto de manifiesto que el 86 % de las inmobiliarias de Barcelona aceptan o facilitan el racismo en el alquiler (Ayuntamiento de Barcelona, 2021).
Discriminación escolar: Pese a ese impulso en los niveles escolares básicos, entre el alumnado gitano persisten unas altísimas tasas de fracaso escolar y, a pesar de cierta mejoría, sigue siendo muy escasa la presencia de estudiantes gitanos en educación secundaria postobligatoria y en la universidad (Fundación Secretariado Gitano, 2018). Además, hoy la mitad del alumnado gitano en España se encuentra escolarizado en centros guetizados (en los que solo hay alumnado gitano o de otras minorías étnicas) (Fundación Secretariado Gitano, 2022). España ocupa la antepenúltima posición entre los países europeos de la OCDE en cuanto a inclusión social de sus centros escolares, es decir, es el tercer país que más segrega a los alumnos según su renta familiar y etnia, solo detrás de Turquía y Lituania (Informe PISA, 2015). El gueto conlleva ausencia de convivencia con otros escolares no gitanos y carencia de referentes de alumnado con aspiraciones de continuidad escolar y tiende a alimentar la desconfianza de esas familias hacia el sistema escolar y supone un incumplimiento constitucional grave de los artículos 14, 27 y 9.2. de la Constitución Española, tal como ha denunciado el ex-Consejero de Educación de Castilla y León, Fernando Rey en un detallado estudio (2021). Y así lo han denunciado en diversos informes, entre otras instituciones, el Defensor del Pueblo, el Procurador del Común de Castilla y León y el Síndic de Greuges de Cataluña. Además de una alta concentración de alumnado gitano en algunos centros, en el resto de los centros educativos una parte sustancial del alumnado gitano se ve sometida a segregación intra-centro, por la vía de la repetición de curso o la ubicación en “grupos de apoyo” o de “educación compensatoria”, etc., fuera de las aulas ordinarias. La repetición de curso está sesgada por clase social y etnia. El Informe Pisa de 2019 indica que “la mitad de los alumnos de origen social desfavorecido repiten” y que “el alumnado de origen social desfavorecido repite cinco veces más”. Por su parte, un informe de la OCDE de 2014 señala que “la repetición y la segregación no sólo son ineficaces para ayudar al alumnado con bajo rendimiento a superar sus dificultades en la escuela, sino que contribuyen a reforzar las desigualdades socioeconómicas”.
“Quien mayoritariamente sufre el fracaso escolar es el alumnado de rentas bajas, perteneciente a minorías étnicas, proveniente de otros países y las personas con discapacidad”, así como “aquellos cuyos padres han estudiado menos” (OCDE, 2013). Y, dada la trascendencia de las titulaciones académicas para el acceso al mundo laboral, el sistema educativo se configura para una parte sustancial del pueblo gitano –todavía hoy y en nuestra democrática sociedad– como un reproductor de la transmisión intergeneracional de la pobreza y de la exclusión social.
Es tremendamente insuficiente y adolece de un enfoque nada sistémico ni integral lo que plantea este anteproyecto de Ley de Familias de que “En todos los casos de menores en riesgo de abandono escolar temprano, las Administraciones Públicas competentes proporcionarán atención educativa específica, facilitando orientación personalizada y refuerzo educativo, así como atención psicológica, con el objetivo de reintegrarlos a la dinámica educativa, teniendo siempre en cuenta las opciones formativas más ajustadas a las características, intereses y expectativas de las personas menores de edad.” No se trata de casos aislados, a los que haya que “reintegrar” con “atención psicológica”… La situación de segregación urbanística, de vulnerabilidad económica y social y de segregación e inequidad escolares hacen que la desesperanza ante el sistema escolar y el fracaso y abandono escolares tempranos sean la tónica habitual de estas familias. Por eso, sin un plan serio para revertir esta injusticia cronificada toda esta Ley de Familias y sus nobles objetivos se quedará en papel mojado ante la marginación y segregación de tantas familias gitanas españolas. Urge sobremanera abordar la situación de los barrios guetizados y de las familias que en ellos viven. Y urge sobremanera un plan estatal de choque para el fomento de la inclusión, el éxito y la continuidad escolar del alumnado gitano, pues de lo contrario, los hijos e hijas de las familias en situación de exclusión tendrán muchísimas posibilidades de formar en un futuro próximo nuevas familias sumidas en la misma exclusión.
Porque el hecho de que centenares de miles de familias (muchas de ellas gitanas y/o inmigrantes) sufran segregación urbanística, vulnerabilidad económica y social, segregación y fracaso y abandono escolar tempranos de sus menores supone un incumpliendo flagrante del derecho a la equidad (art. 14 de la Constitución), del derecho a la inclusión educativa (art. 27 de la Constitución), así como de la protección social, económica y jurídica de las familias (art. 39 de la Constitución y de la obligación de los poderes públicos de corregir las desigualdades (art. 9.2 de la Constitución):mandatos constitucionales inexcusables, que esta nueva ley parece obviar en lo relativo a las familias gitanas y de origen inmigrante de tantos y tantos barrios y centros escolares segregados y sitiados por la marginación. Familias para las que esta Ley de Familias no ofrecerá ninguna esperanza de transformación.
Nota de La Fragua Projects: Reproducimos íntegramente este documento del compañero José Eugenio Abajo, que creemos muy necesario, desde la coincidencia plena con lo que plantea y con su consentimiento previo.
El pasado 13 de diciembre de 2022 se realizó un evento público online de presentación del informe Roma Civil Monitor 2022 de España, que ha realizado la coalición del Estado Español de ese proyecto, compuesta por la Plataforma Khetane (PK), la Asociación Nacional Presencia Gitana (ANPG) y la Federación de Asociaciones Gitanas de Cataluña (FAGIC).
En ese informe se analiza la calidad de documentos de la Estrategia Estatal Gitana en España.
Como se puede observar en la presentación que mostramos más abajo, dicho documento cuenta con fortalezas y importantes debilidades, que los representantes de las organizaciones que lo han redactado han demostrado a partir de evidencias, entrevistas y sesiones de trabajo con diferentes "partes interesadas": administraciones públicas, sociedad civil gitana, expertos y expertas.
Fuente: La Fragua Projects Nota del editor: La Fragua Projects ha ejercido la coordinación de este proyecto por encargo de La Plataforma Khetane hasta este mismo acto.
Entidades gitanas apuestan por abordar el abandono escolar temprano a través de la escucha de las necesidades y metas de adolescentes y jóvenes en contextos marcados por la segregación
Un 13,3% de estudiantes abandonaron en 2021 sus estudios antes de haber completado la etapa obligatoria. La tasa ha mejorado notablemente en la última década, reduciéndose prácticamente a la mitad. Frente a estas cifras, el sistema educativo todavía arrastra una gran falencia: la exclusión de algunos colectivos, un 63,7% del alumnado gitano abandona tempranamente sus estudios.
Para afrontar este tendencia excluyente desde las perspectiva de las niñas y jóvenes gitanas una alianza de asociaciones creó el proyecto [J]itana, una J que según sus promotoras apunta a poner en el centro la justicia social y reproductiva, y que une bajo ese propósito a diversas entidades gitanas de todo el Estado —la valenciana FAGA, la FAGIC en Catalunya, la Federación de Mujeres Gitanas Kamira, las asociaciones de mujeres Akherdi i Tromipen y Yilo, y la navarra Gaz Kalo— junto a la Universidad de Sevilla.
Daniela Miranda, investiga desde hace años, junto a activistas gitanas, cuestiones relativas a la justicia reproductiva y al empoderamiento de las mujeres en el pueblo gitano. La investigadora apunta que es a partir de las conversaciones informales con estas activistas, y desde las historias de vida de las mujeres cómo se puso en evidencia una deuda: “A nosotras nunca nos han preguntado por nuestros sueños”, explicaban. La investigadora reconoce que la universidad es un espacio atravesado por el antigitanismo, donde no se ha considerado a este Pueblo como generador de conocimiento. Por ello, en [J]itana: “recogemos evidencias conjuntamente con las organizaciones y con las mujeres. Queremos asegurarnos de que es una práctica reflexiva entre todas, compartiendo estos espacios de reflexión entre iguales, de forma horizontal”. Se trata, explica Miranda, de pensar en este “derecho a soñar”, de forma práctica. Los sueños son prioridades, y para conseguirlas se necesitan recursos. Por ello considera que lo que se aborda en la investigación debe traducirse en políticas públicas.
Para poder hablar de sueños y necesidades, Sandra Heredia, concejala en el Ayuntamiento de Sevilla y activista de Yilo, considera que es necesario generar espacios seguros no mixtos donde las niñas puedan “hablar en libertad de todas sus inquietudes”, o trabajar cuestiones complejas como la de los matrimonios tempranos al tiempo que abordan cómo les afecta el antigitanismo, y en particular, el antigitanismo de género. Heredia explica cómo para hablar de esos sueños propios, se centran mucho en que las facilitadoras sean gitanas, y en pensar en referentes “para que ellas conozcan otro modelo diferente de mujeres, otra realidad”. Para ello miran en su propio entorno, poniendo el foco en “mujeres referentes de su propio barrio, porque al final ser una mujer gitana no te convierte en un referente porque sí, necesitas referentes de tu día a día y de tu cotidianidad”.
“Cuando trabajamos con el tema de las referentes, apuntamos que conseguir tu objetivo laboral o tu sueño no te hace ser menos gitana si no poner en valor toda la potencialidad que tienes dentro de tu cultura y tu entorno inmediato”
Heredia incide en que, al contrario de lo que ciertos discursos antigitanos pueden pretender, no hay ninguna contradicción entre elegir el propio camino y pertenecer a tu familia y tu entorno. “Cuando trabajamos con el tema de los referentes, apuntamos que conseguir tu objetivo laboral o tu sueño no te hace ser menos gitana si no poner en valor toda la potencialidad que tienes dentro de tu cultura y tu entorno inmediato, combatimos el antigitanismo para que se vea la realidad y la diversidad que existe dentro de nuestro Pueblo”.
Para Celia Montoya, de La Fragua Projects el hecho de que los actores implicados sean en su mayoría gitanos es fundamental para que tenga potencial transformador: compartir códigos facilita entender las diversas situaciones que pueden afrontar las jóvenes. “Lo fundamental de todo es que aquí a las chicas no se les obliga a nada, ni se les dirige hacia ningún sitio, sino que lo que tratamos es de que vean qué hay fuera de su entorno. A una muchas veces es su entorno lo que la limita, te limita la visión de las cosas que quieres hacer o incluso tu propia autoestima, a dónde puedo llegar y dónde no. Y más, cuando las niñas viven en un entorno social que está guetizado, que tienen precariedades no solo económicas”.
La Fragua Projects —primera empresa social constituida por profesionales gitanos— es una de las entidades implicadas en el proyecto y ha tenido un rol fundamental en hacer incidencia política, trabajando para llevar a las participantes del proyecto al Congreso de los Diputados y el Ministerio de Derechos Sociales con el fin de trasladar las demandas recogidas por las niñas y adolescentes en los espacios de trabajo, en unas jornadas que organizaron el pasado septiembre.
En aquella ocasión habló Nayra, de ocho años, quien participó en el proyecto de la mano de la Federación de asociaciones gitanas de Navarra, Gaz Kalo. La niña habló de la necesidad de facilitar becas para el estudio. Nayra, que quiere ser futbolista, valora el proyecto en conversación con el Salto. “Hemos hablado de nuestros sueños: Tania quería ser peluquera —ahora no sé si ha cambiado, pues cambia de opinión de un día para otro, ríe—, Laura quería ser psicóloga… este espacio nos ha dado la posibilidad de hablar entre nosotras de qué queremos y cómo lo podemos conseguir”.
Maria Jesús es la madre de Nayra, y también ha ejercido como facilitadora en Gaz Kalo. Hace un repaso de las actividades en las que han participado las niñas, que van desde talleres de fotografía orientados a hablar de emociones, conversaciones sobre qué personas son importantes para ellas, o un viaje conjunto, decidido por ellas mismas, a Senda Viva, un parque natural de Navarra. Las actividades, como esta en Senda Viva, incluían a las familias, especialmente a las madres, algo que desde el proyecto se considera vital.
La perspectiva intergeneracional permite también ahondar en algo que Montoya ve claro: “no hay ninguna contradicción entre tradición y avance. Para mí, una de las mejores formas de luchar contra el antigitanismo es apoyar a personas gitanas, tanto hombres y mujeres empoderadas, capacitadas para poder exigir sus derechos porque los conocen y que trabajen en cosas que les gustan y que les hagan vivir lo mejor posible”. Pese a que en muchas ocasiones se estigmatiza al entorno familiar para explicar el abandono escolar, Montoya invita a ampliar la mirada. “Se minusvalora al alumnado gitano, ya en el ámbito educativo se tienen muchos prejuicios. Yo creo que el profesorado también tiene que deconstruirse y formarse, y darse cuenta de hasta dónde llega el racismo”. En todo caso, apunta, se trata de algo tan básico como garantizar a todas las personas el acceso a derechos humanos.
Y es que el entorno es mucho más que la familia, defiende Montoya, que como todas las familias pueden ser conservadoras y machistas o pueden no serlo. Estudiar en un colegio guetizado en un barrio guetizado, o en zonas rurales sin muchas oportunidades, “la sociedad que te rodea, la gente del cole, cómo te tratan en las tiendas”, todo eso forma parte del entorno, apunta la integrante de La Fragua Projects.
“Se minusvalora al alumnado gitano, ya en el ámbito educativo se tienen muchos prejuicios. Yo creo que el profesorado también tiene que deconstruirse y formarse, y darse cuenta de hasta dónde llega el racismo”
Antigitanismo o falta de oportunidades, Heredia trae a colación un caso práctico de uno de los barrios sevillanos donde trabajan, Torreblanca. “En el instituto al que van no tienen la oferta educativa que tienen en otro instituto, por ponerte un ejemplo muy concreto: muchas niñas quieren hacer estudios de estética y peluquería, pero en su centro educativo no existe esa opción. Ahí lo que llevamos es esta demanda para que en este centro incorporen esta formación para que las niñas no abandonen los estudios y al final se puedan formar en algo que ellas realmente quieren”.
La lucha por una mejora del sistema educativo que tenga en cuenta las demandas de este alumnado, son pasos imprescindibles para encarar este problema: “Al final lo que vamos trabajando también, junto con la comunidad educativa — estamos recibiendo un gran apoyo de su lado— es que ellas se sientan escuchadas por todas las partes”, explica Heredia. La cuestión de la guetización no se reduce a lo escolar, apunta, y fuera de las aulas se suman otras demandas: “Por poner un ejemplo, en Polígono Sur tienen que andar casi dos kilómetros hasta una cafetería para juntarse con las amigas a tomarse un café”. Frente al abandono de las instituciones, las chicas propopen autobuses más frecuentes al centro, bibliotecas para estudiar, o actividades de ocio por la tarde.
Desde la universidad, Miranda considera que la mezcla de entidades de distinto tipo le ha dado mucha potencia al proyecto. Desde La Fragua Projects y su experiencia en la lucha contra el antigitanismo y de incidencia política, a Gaz Kalo, que cuenta con una forma de trabajo muy desde local, a Yilo, en Sevilla “yo he construido mi identidad como investigadora y como feminista con ellas”.
Para Sandra Heredia, este tipo de alianzas “es también abogar por otro tipo de modelo asociativo del mundo gitano, que al final no sea solamente de prestación de servicios o asistencialismo”, un proceso “empoderador” que busca, reflexiona Heredia, “implicar al mismo nivel a todos los agentes que están conectados en la transformación real en sus propios barrios”. Más allá de posibilitar la escucha, y que las niñas y adolescentes puedan acceder a las asociaciones de barrio, centros educativos o instituciones, se trata de que el proyecto sea un “espacio de decisión”, y ahí cobra especial sentido, tanto las intervenciones ante el ayuntamiento de Sevilla o el Parlamento andaluz, como la visita a Madrid que “sirvió para llevar a la instituciones las demandas reales. Las propias mujeres, cuando intervenían en el Ministerio y en el Congreso hablaban de la realidad de su barrio. Polígono Sur es el barrio más pobre de todo el Estado Español, las mujeres querían saber en qué se destinan los fondos públicos que se dirigen a sus barrios”.
María Jesús y Nayra reconstruyen qué se dijo ahí sobre las necesidades expresadas durante el proyecto “acceso a becas de estudio, oportunidades laborales, que se sientan apoyadas por las personas que las rodean, como es el centro educativo, la familia y la sociedad en general” apunta la madre. Para la hija, que habló desde la tribuna, se trata de “ayudar a que otras niñas puedan hacer lo que ellas quieren, que no piensen que no lo pueden hacer”. Comprender, concluye Montoya, que “tienes todo el derecho de decir lo que tú tengas que decir, porque eres una persona y tienes derechos”.
Cultura y pedagogía es lo que hace falta para acabar con el antigitanismo en España. Los propios gitanos y gitanas nos dan algunas claves para entender mejor la historia de su pueblo
Hay uncuento popular en los Balcanes que se propone explicar por qué los gitanos se hicieron músicos. Al decir de la leyenda, Dios le regaló a san Pedro un violín para que la música pusiera a la gente de buen humor y así se evitaran las peleas. Pero el santo no quería cargar él solo con la responsabilidad. Necesitaba que más gente se uniera a él en su labor pacificadora. «¿Y quiénes podrían ser?», preguntó Dios. «Deja que sean los gitanos –respondió san Pedro–. Deja que entretengan a la gente para que no se vierta sangre cuando beban y estén de juerga». A lo que Dios respondió: «Que así sea».
Entre la fantasía del cuento emerge una gran verdad: que el pueblo gitano, tenido a menudo como misterioso y encerrado en sí mismo, ha sido increíblemente generoso con su arte. Lo ha dispersado con largueza para abrirse al mundo y para explicarse a sí mismo. Y no ha sido solo con la música, como veremos a continuación.
En la creación artística hay, además, un hecho diferencial que coloca al pueblo romaní al margen de los clichés: su contumaz heterodoxia. Tan cierto es su apego a la tradición como su inclinación por la disidencia. Siempre se ha dicho, por ejemplo, que los gitanos no cantan por peteneras porque da mal fario. Y es así… con gloriosas excepciones: en realidad, nadie las ha cantado mejor que la Niña de los Peines. Esa «concepción ilimitada y sublime por la libertad», en palabras de Juan de Dios Ramírez-Heredia, alcanza, pues, a la propia etnia. Y por eso, aunque parezca paradójico, que haya gitanas escritoras y gitanos profesores universitarios o políticos, no debería extrañar tanto. En realidad es muy gitano.
Serán estos calés singulares, precisamente, quienes compartan con nosotros algunas de sus claves culturales. ¿Qué libro, qué película, qué disco consideran especial a la hora de conocer mejor al pueblo gitano?
Un viaje épico
Ismael Cortés es diputado de En Comú Podem por Tarragona y siente debilidad por la película Latcho Drom (1993), una obra fundamental dentro de la cultura gitana europea que destaca por la ambición de su director, Tony Gatlif. «Es una película imprescindible», asegura Cortés. «En ella cuenta el viaje del folclore gitano desde la India hasta España. Gatlif va trazando ese hilo que conecta dos sitios tan distantes, pasando por cada uno de los países de la diáspora».
No es extraño que Cortés esté interesado por esta visión trasnacional del pueblo gitano. No en vano es doctor en Estudios Internacionales de Paz y Conflicto y ha trabajado en universidades de Budapest, Nottingham o la misma Carlos III de Madrid. El crítico Jonathan Rosenbaum dijo de Latcho drom (con su viaje a través de India, Egipto, Turquía, Rumanía, Hungría, Eslovaquia, Francia y España) que es una película «que no tiene nacionalidad en absoluto». También dijo que es «una declaración política», «un relato épico», «una evocación poética» y, más sucintamente, «una obra maestra». Cortés coincide: «Está todo. Recoge episodios tanto de alegría como de sufrimiento. Y a través de la música y las imágenes desprende una maestría impresionante. Esta peli es fundamental».
En sus recomendaciones, el diputado también quiere abrir el capítulo de las artes gráficas. En ellas destaca el trabajo de la pintora Lita Cabellut. «Tiene una técnica pictórica muy personal con la que muestra el desgarro de los personajes», explica. «Pinta primeros planos, aunque no siempre. A veces incluye otras partes del cuerpo. Pero en los retratos, bastante amplios, logra captar el desgarro a través de la expresión, a través de la mirada, de la sonrisa, de la risa, del llanto… Es magnífica mostrando las tensiones internas».
Cabellut es una artista española radicada en La Haya desde hace varias décadas. Su trabajo, aunque centrado en la pintura, abarca muchas otras disciplinas, como la poesía, la escultura, la fotografía o el videoarte. Pasó su niñez en las calles de Barcelona; hoy tiene obra permanente en varios museos del mundo (Italia, Corea del Sur, Francia, España, Grecia, Países Bajos…).
Pedagogía gitana
Decía James Baldwin que «la historia de Estados Unidos es la historia de los negros de Estados Unidos». Lo que ocurre es que, normalmente, los estudios académicos han dejado al margen ese enfoque. Y lo mismo ha pasado en España. Nuestro país, por otra parte tan preocupado por autoanalizarse, ha estudiado profusamente el perfil autoritario y represor que ha caracterizado el ejercicio del Estado desde hace 500 años, pero lo ha hecho sin atender a una de sus principales víctimas: el pueblo gitano.
Fernando Macías es doctor en Educación y Sociedad y profesor de la Universidad de Barcelona. Y gitano. Su especialidad es la de la pedagogía y sus estudios tratan tanto de mejorar la inclusión del alumnado gitano en las aulas como de ampliar la visión del propio profesorado, quien carga también con recelos y prejuicios seculares. ¿Podría usarse alguna obra artística como material didáctico para fomentar la tolerancia y el conocimiento sobre el pueblo gitano entre alumnos payos y sus profesores? «No hay una sola obra capaz de hacer eso», avisa. Macías pone el foco en el desconocimiento que existe sobre la experiencia de ser gitano en España: «Para conocer al pueblo gitano es necesario conocer su historia. Y eso pasa por conocer todas aquellas contribuciones artísticas que han explicado, desgraciadamente, nuestras fatigas». Y añade recogiendo el espíritu de Baldwin: «No se entiende la historia de nuestro país sin árabes, judíos y gitanos. Simplemente no se entiende».
Las fatigas de las que habla Macías empiezan en el siglo XV y la persecución no termina (si es que lo ha hecho alguna vez) hasta hace bien poco. «En el Código Penal, hasta 1982 –puntualiza Macías–. Y de facto, hasta bien entrado el siglo XXI. Un estudio de 2016 de Amnistía Internacional decía que parecer gitano o árabe (no hay que serlo, basta con parecerlo) multiplica por diez las posibilidades de ser detenido en la vía pública».
Las primeras leyes antigitanas en España las dictaron los Reyes Católicos en 1499 y, en diferente grado punitivo, se extendieron hasta el tardofranquismo. Buscaban acabar con su modo de vida nómada y los castigos iban de los latigazos a la pena de muerte, pasando por el corte de las orejas, la condena a galeras o los trabajos forzados en las minas. Todo esto ha sido apenas una nota a pie de página en el gran libro de nuestra historia. Y desde luego no ha llegado a las aulas.
Persecución. El Lebrijano.
Entre los artistas que han tratado este tema destacan el dramaturgo José Heredia Maya, autor deCamelamos naquerar, y el cantaor Juan Peña, El Lebrijano. Su discoPersecución, con textos del escritor Félix Grande, es una obra maestra a medio camino entre el reportaje, la poesía y el cante jondo. «Es cierto que el flamenco, si analizas las letras y los palos, hablan de todo ese pasado. Lo que no sé, desde un punto de vista educativo, es si eso, a la larga, podría caer en un estereotipo. Los gitanos estamos haciendo contribuciones culturales en multitud de disciplinas, no solo en la música y no solo en la música flamenca», explica Macías. «Tomemos el caso de Dorantes, por ejemplo, que sobrepasa el ámbito del flamenco para abrazar toda la música clásica. O a los gitanos que estamos en el mundo de la academia y la educación, que no investigamos solo para mejorar la situación de los gitanos sino la de todos los alumnos vulnerables. Lo que ocurre es que nuestras contribuciones culturales o científicas no se tienen en cuenta».
De igual modo, los medios de comunicación han perpetuado una determinada visión criminal del gitano, obviando todas las historias que se apartan de ese guion. «En una conferencia en Alicante, una gitana mayor que pertenecía al movimiento asociativo usó una expresión que se me ha quedado grabada: ‘los gitanos invisibles’ –relata Macías–. Creo que es estrictamente necesario incorporar al discurso pedagógico a esos gitanos invisibles. Es la única manera de desmontar todo el imaginario colectivo que existe alrededor del pueblo gitano».
El profesor pone algunos ejemplos para subrayar esta invisibilidad: «Muy poca gente sabe que uno de los padres de nuestra Constitución es gitano: Juan de Dios Ramírez-Heredia, nuestro querido tío Juan de Dios. Tampoco sabe mucha gente que la presidenta de la comisión para temas de violencia de género en el Congreso es gitana y se llama Beatriz Carrillo. En el ámbito más popular, tampoco mucha gente sabe que los futbolistas Reyes y Navas son gitanos. Ni que en el ámbito académico, en la Universidad de Harvard, una de las autoras más citadas en materia de salud pública también es gitana de origen rumano: Margareta Matache».
«En las aulas –concluye Macías– deberían entrar todas aquellas obras artísticas que hablan de la historia del pueblo gitano para que alumnos y profesores puedan reflexionar, compartir, debatir sobre una historia que es la nuestra, la de los gitanos, y también la de todo un país».
Dame la libertad. El Lebrijano.
Gitanos con ‘buena letra’
La poeta y ensayista Noelia Cortés abundaba en esta idea del olvido selectivo del pueblo gitano enel programa Carne Cruda: «El mérito de la poesía del imaginario flamenco que se da en el nombre de España es de los gitanos».
La confusión (o la fusión interesada) empezó probablemente con los escritores orientalistas franceses que llegaron a España en el siglo XIX ansiosos de exotismo. Lo gitano, entonces, comenzó a identificarse directamente con lo español, lo que constituye quizás uno de los primeros casos conocidos de apropiación cultural: perseguidores disfrazados de perseguidos.
Cortés, en su ensayoLa higuera de las gitanas, toma la poderosa imagen descrita por Sylvia Plath (esa higuera en la que cada fruto es otra Sylvia Plath posible, en la que cada higo es una multiplicación de la anhelada e inaccesible libertad) para hablar de esas mujeres gitanas injustamente olvidadas a pesar de su indiscutible valor. La autora (ella misma experta rompedora de estereotipos) se pregunta en su libro por la ausencia de escritores gitanos en el canon literario y redobla la apuesta con ánimo feminista: ¿qué pasa, que no hay escritoras gitanas? Y las hay, claro que las hay. Cómo no las iba a haber.
La higuera de las gitanas. Noelia Cortés.
Cortés nos habla de una de ellas y de su obra para seguir profundizando en el conocimiento del pueblo gitano: «Philomena Franz, autora deEntre el amor y el odio, que es el testimonio del Holocausto narrado desde los recuerdos de una niña gitana».
Franz, que sobrevivió a Auschwitz y que sigue viva hoy, a sus 100 años, compatibilizó su labor de escritora y testigo de la tragedia con la de activista. Durante décadas recorrió colegios de toda Alemania para contar a los alumnos aquel horror, aunque siempre desde la dulzura de la niña que fue, «sin odio»,precisa, «sin acusaciones, tomando partido por la reconciliación». Una labor humanista y pedagógica de la que España, ya se ha dicho, debería tomar nota.
Otra de las escritoras gitanas más admiradas por Noelia Cortés, la polaca Papusza, compuso Lágrimas de sangre, uno de los poemas más elocuentes sobre el porraimos (la palabra romaní que designa el genocidio perpetrado por los nazis contra el pueblo gitano). Ambas, Franz y Papusza, se movieron entre dos aguas, las de la rica tradición oral que les venía de fábrica y las de la cultura escrita de los académicos. España también tiene ejemplos así.
«Curro Albayzin es una enciclopedia viva», asegura al respecto Cortés. Este gitano bailaor, toda una celebridad local, es también el autor deZambras de Granada y flamencos del Sacromonte, «que documenta la historia del pueblo gitano en el Sacromonte y su influencia en la identidad del cante, dando detalles humanos de las vidas de todos los habitantes originales de las cuevas».
Y continuando con el flamenco, Noelia Cortés cita a otro artista ineludible del que ya se ha hablado aquí: El Lebrijano. Su álbum Persecución, insiste la escritora, «es un recorrido musical por los intentos de exterminio a nuestro pueblo».
A la también escritora Silvia Agüero le gusta decir que «hay que gitanizar el mundo». Lo dice contraponiendo una serie de valores diametralmente opuestos a los de la burguesía capitalista, esa misma que precariza y esclaviza al mundo entero. Atendiendo a esa máxima, la canciónDame la libertad (con letra del payo José Manuel Caballero Bonald) resume los afanes y singularidades de todo un pueblo (perseguido precisamente por eso, por su anhelo de libertad) y se convierte en mensaje subversivo y universal: «Dame la libertad del agua de los mares. Dame la libertad de la tormenta. Dame la libertad de la tierra misma. Dame la libertad del aire. Dame la libertad de los pájaros de las marismas, vagadores de las sendas nunca vistas».
Fuente: La Marea Autor: Manuel Ligero Foto: Fotograma del filme 'Latcho Drom', de Tony Gatlif. K.G. Productions Nota del medio: La elaboración de este reportaje ha contado con la colaboración de Dani Domínguez en la recogida de testimonios.
Constructores de realidad, durante los últimos años, los medios tienen dos nuevos compañeros de viaje: el fenómeno de las noticias falsas y el de la viralización
El antigitanismo es una losa, una lacra estructural enraizada en unas instituciones y una sociedad que cuando se le plantea el problema suele mirar hacia otro lado. Se trata de un pulpo con tentáculos gruesos y largos que abarcan todas las capas sociales y todos los ámbitos: educación, cultura, sanidad, sistema habitacional, etc. Los medios no están exentos de este antigitanismo; es más, contribuyen de manera, tanto consciente como inconsciente, a extenderlo. A lo largo de la historia, los medios de comunicación de masas han sido uno de los vehículos más potentes –juntamente con la cultura y la educación– a través del cual se ha transmitido el mensaje de la otredad. Constructores de realidad, durante los últimos años, los medios tienen dos nuevos compañeros de viaje: el fenómeno de las noticias falsas y el de la viralización.
Si bien la gran mayoría de códigos deontológicos y manuales de los medios de comunicación hacen hincapié en la necesidad de abstenerse de mencionar datos que puedan fomentar conductas discriminatorias, las prácticas irresponsables de muchos medios de comunicación forman parte del día a día. Por ejemplo, uno de los últimos episodios de antigitanismo en los medios vino dado con la irrupción de la pandemia ocasionada por la COVID-19. Noticias falsas, bulos o discursos de odio en redes sociales y medios de comunicación infectaron, una vez más, la imagen del pueblo gitano. El estudio FAKALI, antigitanismo y Covid-19. Informe del impacto del antigitanismo en la sociedad del coronavirus aseguraba: “Si la pandemia ha supuesto un duro golpe para la sociedad española y el confinamiento ha interrumpido gran parte de la actividad económica generando un parón histórico de impredecibles consecuencias, el pueblo gitano ha sido, además, señalado como amenaza y estigmatizado por parte de los medios de comunicación e incluso algunos representantes públicos, como mostrarán las evidencias extraídas de distintos medios de comunicación”.
Un buen ejemplo de esto es el tratamiento informativo que se dio en algunos medios a raíz de los confinamientos en Haro (La Rioja) y Santoña (Cantabria), convertidos por unos días en epicentro de los discursos de odio. En la primera localización, el 7 de marzo, se produjo uno de los primeros brotes de coronavirus. Aún no se sabía apenas nada del virus y el pánico empezaba a arreciar, pero eso no es motivo para justificar la gestión que se hizo de este brote y cómo fue abordado por algunos medios de comunicación. Después de que 60 gitanos y gitanas se contagiaran por la asistencia a un funeral, la policía decidió acordonar la zona donde vivían estas familias. Empezaba el linchamiento mediático: en muchos medios se dijo que la comunidad gitana estaba contagiando al resto del pueblo porque se saltaban las medidas sanitarias. Casi al mismo tiempo ocurría algo similar en Santoña.
Durante el tiempo que duró el confinamiento, la comunidad gitana fue acusada de manera sistemática por algunos medios de no respetar las normas impuestas por las autoridades. Se aprovechó, una vez más, para poner en el punto de mira sus costumbres culturales. Cuando los niños y niñas tuvieron que volver a las aulas, la comunidad gitana fue puesta de nuevo en el punto de mira: en muchos medios de comunicación se acusó a gitanos y gitanas de no llevar a sus hijos e hijas al colegio y de fomentar el absentismo escolar sin mencionar la realidad habitacional de algunas de estas familias, que conviven en una misma casa con personas mayores. FAKALI confirmó que, desde julio y hasta octubre de 2020, se reportaron 112 publicaciones “denigrantes, humillantes y discriminatorias hacia el Pueblo Rromà”.
Otros dos momentos importantes en la visibilización del antigitanismo imperante de algunos medios se hizo patente durante la polémica por un monólogo del humorista Rober Bodegas en 2018 o el tratamiento informativo que se le dio al suceso que tuvo lugar en Rociana del Condado en 2020, cuando Manuel, gitano de 45 años, fue asesinado a tiros por J.G.A. De hecho, Pedro Aguilera, director de la FAGIC (Federació d’Associacions Gitanes de Catalunya) entre 2018-2022 y actual asesor en el Ajuntament de Barcelona, destaca que estos dos momentos suponen un antes y un después en la relación de la población gitana con los medios de comunicación: “Estos dos momentos supusieron un revulsivo entre la comunidad gitana, un #MeToo de las comunidades, que se dieron cuenta de cómo los trataban los medios. Siempre se nos ha dado a entender que somos ciudadanos de segunda, y a los medios y a la sociedad esto les ha salido barato. Es algo tan enraizado, que ni siquiera se ha penalizado a lo largo de la historia. Hablo, por ejemplo, de la descripción de la gitanidad que hace Cervantes, de la película Gitano, basada en la novela de Pérez Reverte, de los gags de Cruz y Raya o de las recientes parodias en los medios de comunicación y programas de entretenimiento, como en el caso de los Gipsy Kings”.
En el caso del monólogo, Bodegas tuvo que pedir perdón al pueblo gitano por un claro componente racista que sobrepasaba todos los límites del humor; en el caso del tratamiento del crimen de Rociana del Condado, varias asociaciones gitanas denunciaron al programa de Ana Rosa Quintana (Telecinco). Es importante destacar que este espacio, junto con Espejo Público (Antena 3) o Equipo de Investigación (La Sexta) suelen estar en el punto de mira de las asociaciones gitanas que velan por mantener a raya los discursos de odio. Son espacios habituales en los informes de malas praxis a la hora de abordar asuntos del pueblo gitano.
Más historia del pueblo gitano, más monitorización y más presencia de gitanos y gitanas en los medios
Una de las recomendaciones que hace en uno de sus trabajos el Roma Civil Monitor de España, liderado por la Plataforma Khetane del Movimiento Asociativo Gitano del Estado Español (PK) y también por la Asociación Nacional Presencia Gitana (ANPG) y la FAGIC, es la necesidad de promover el conocimiento de la historia y la cultura del pueblo gitano. Esta es la misma recomendación que se hace en el informe anualPeriodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano, publicado por el Instituto Romanó.
Rromani Pativ y Plataforma Khetane, que también monitorizan el discurso de odio en los medios españoles y presentan relatos de contranarrativa para luchar contra el antigitanismo, miran directamente hacia los medios de comunicación públicos: “Deben ser la punta de lanza contra el antigitanismo informativo. Los medios de comunicación públicos deben desarrollar un papel destacado en España en relación con el antigitanismo informativo, que hoy en día lo hacen de manera insuficiente y testimonial. Deberían desarrollar un rol equiparable al realizaron con la diversidad afectivo-sexual en los primeros años 2000, en los que los medios de comunicación fueron un agente de cambio de la opinión pública en relación con las personas disidentes sexuales o de género como sujetos de derechos y como víctimas de tristes episodios de represión y criminalidad institucional”, se puede leer en su último informe.
Para Pedro Aguilera, “(…) los medios de comunicación deberían ser capaces de dar un paso al frente y tomar medidas en diferentes direcciones: por una lado, y como decía Pedro Zerolo, ‘libertad de expresión no es libertad de agresión’. ¿Qué pasa con todos esos comentarios racistas al pie de las noticias? Debería regularse. Por otro, yo apuesto por más presencia de gitanos en las redacciones”. Respecto a este último punto, además de estar físicamente en redacciones para revisar contenidos, impartir formaciones o asesorar, es altamente recomendable que cuando los periodistas aborden asuntos que conciernen al pueblo gitano consulten con fuentes gitanas, algo que no suele ser tan habitual como se piensa.
¡Sorpresa! La población gitana es diversa
“Todos los gitanos y gitanas compartimos ese ideal de libertad y esperanza, reflejado en nuestra bandera. Nos une el antigitanismo y la historia de persecución”. Quien habla es Beatriz Carrillo presidenta de FAKALI y diputada gitana por el PSOE.
Uno de los comportamientos más tóxicos de los medios de comunicación que contribuyen al fomento del antigitanismo consiste en presentar al pueblo gitano como un todo homogéneo. Nada más lejos de la realidad: el pueblo gitano es diverso y cambiante, como explica Iñaki Vázquez, activista gitano y por los derechos LGTBQ, consultor de la OSCE-ODIHR: “Se nos presenta como una población que no cambia y folklorizada; pero somos diversos. Somos una cultura diversa, nos mezclamos, tenemos diferentes tipos de familias y costumbres. Unos son católicos, otros evangelistas, otros musulmanes… Si se hiciese una buena visibilización del pueblo gitano en los medios, la sociedad se daría cuenta de lo reduccionista que es la visión que tiene. Estamos hablando nada más y nada menos que de casi un millón de personas gitanas en nuestro país: ¿acaso se creen que todos los gitanos tocamos el cajón flamenco?”, se pregunta de manera irónica Vázquez.
Folklorización: este es otro de los escollos en lo concerniente a la presentación del pueblo gitano en los medios. Amenudo se cae en una folklorización que se produce como consecuencia de la citada homogenización. “Se tira del estereotipo, incluso para hablar de cosas buenas, y eso también es negativo”, se lamenta Pedro Aguilera. Sin embargo, cuando llega el momento de atribuir a las comunidades gitanas aquellas aportaciones culturales que nacen en su seno, los medios recogen cable: “Una diseñadora gitana que triunfa en París pasa a ser una diseñadora española. No se menciona que Joaquín Cortés es gitano, pero sí la procedencia étnica de la familia que se ha peleado en un bar”, critica Aguilera. Un doble rasero que, por una parte, invisibiliza las aportaciones de los gitanos y las gitanas a la cultura y la historia; y por otra, los encuadra en estereotipos, los discrimina y los margina.
De hecho, la falta de conocimiento por parte de la población no gitana –que no de existencia– de referentes gitanos y gitanas es una de las consecuencias directas de este fenómeno. Tamara Puig, activista gitana, educadora social y una de las autoras del informe Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano 2021, explica: “(…) no faltan referentes gitanos, sino que los medios los den a conocer. Y que se den a conocer bien: no solo desde la superficialidad o el discurso de la superación, pasado de vueltas”. Y esta es, precisamente, otra de las observaciones de los gitanos y gitanas: hay que superar el discurso de “Primera mujer universitaria gitana de + añadir localización”.
Otra pregunta que se debería hacer desde el periodismo es: ¿la población gitana necesita a alguien que les salve? La respuesta es no. Otra de las críticas es el paternalismo y el buenismo que destilan algunas coberturas. Puig, lo tiene claro: “No se nos tiene que salvar ni proteger de nada; ni siquiera cuidar. Muchos reportajes quieren crear consciencia y lo único que hacen es fomentar el estereotipo. No hay mala intención detrás, pero resulta negativo. Hay que abordar la realidad del pueblo gitano desde una perspectiva de derechos fundamentales, no desde la caridad o la pena”, concluye.
Beatriz Carrillo apuesta por un trabajo y un compromiso transversal por parte de los medios de comunicación para que desemboque en “una consciencia pública y colectiva (…). Los medios de comunicación son instrumentos de propaganda muy importantes y funcionan como notarios del uso del lenguaje. Hay muchísimas cosas a mejorar y también hay muchas prácticas que deben desaparecer”, explica para lamarea.com.
La información de sucesos y el lenguaje, en el punto de mira
En los tres últimos informes de Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano (ediciones 2019, 2020 y 2021) se destaca que la información relativa a los sucesos suele ser la más problemática, un auténtico talón de Aquiles de la prensa española. Tamara Puig destaca la importancia del lenguaje que se usa cuando se abordan este tipo de noticias: “(…) robo, tiroteo, asesinato,patriarca,reyerta, clan... Son palabras peyorativas que se asocian, en la mayoría de los casos, al pueblo gitano. Las tenemos que desterrar”, dice. Además, este tipo de informaciones suelen ser pobres en contexto y pobres en fuentes gitanas. Las imágenes que se usan no suelen ser deontológicamente correctas (no se suele pixelar a los y las protagonistas), se dan datos innecesarios que vulneran la protección de las personas implicadas y no se suele rectificar en caso de que sea necesaria un rectificacion.
Asimismo, la disolución de fronteras entre géneros (información y opinión) que se ha producido en los últimos años y el uso cada vez más común en la prensa de un lenguaje adjetivado, subjetivo, con apreciaciones innecesarias y cargado de contenido hace que sea difícil encontrar informaciones puramente informativas, hecho que va en detrimento de una información neutral. En la información de sucesos este fenómeno es claramente evidente.
¿Cómo se trabaja desde los medios para combatir el antigitanismo?
Sin embargo, no todo son malas noticias y ya hay quien trabaja desde los medios para cambiar el paradigma de lo descrito anteriormente. Dos buenos ejemplos son Sarah Babiker, de El Salto, y Meritxell Rigol, periodista independiente, las dos vinculadas a Rromani Pativ. Ambas destacan que es necesario mirar hacia el pueblo gitano más allá del apartado de sucesos y de los reportajes en los que se muestra la pobreza o la vulnerabilidad. También insisten en la necesidad de superar la folklorización. “Uno de mis primeros reportajes sobre comunidad gitana en El Salto lo ilustré con una foto de una bailaora”, reconoce Babiker. Lo rectificó en cuanto se dio cuenta, pero asegura: (…) Es muy difícil desquitarse de determinados mecanismos o imaginarios con los que hemos sido socializadas desde pequeñas”. Por eso es necesario deconstruirse. Meritxell Rigol lo hace escuchando e intentando aprender. “(…) desde la humildad y la consciencia de que desconocemos la realidad; y con predisposición para entender y aprender. Es algo básico”, explica para lamarea.com.
En el abordaje de temas concernientes al pueblo gitano, Rigol asegura que es fundamental tener en cuenta el contexto histórico que atraviesa estas comunidades. “Si hablamos de población gitana y sistema educativo, no podemos obviar la parte material, los altos índices de pobreza de esta población. Tenemos que tener una mirada contextualizada y tener en cuenta la discriminación histórica que atraviesa esta minoría perseguida, criminalizada y marginalizada hasta el día de hoy”. Para la periodista catalana también es muy importante incorporar fuentes gitanas que ayuden a entender qué está pasando y, sobre todo, porqué; algo con lo que coincide Sarah Babiker.
Buscar nuevos temas, nuevas voces expertas en diferentes ámbitos y visibilizar la diversidad del pueblo gitano con el objetivo de ayudar a romper estereotipos son algunas de las recomendaciones que hacen estas dos periodistas.
Fuente: La Marea Autora: Queralt Castillo Cerezuela Foto: Medio que "no queremos decir" que hace continuamente apología del odio ante la pasividad de las autoridades
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