Los gitanos recomiendan

Los gitanos recomiendan

Cultura y pedagogía es lo que hace falta para acabar con el antigitanismo en España. Los propios gitanos y gitanas nos dan algunas claves para entender mejor la historia de su pueblo

Hay un cuento popular en los Balcanes que se propone explicar por qué los gitanos se hicieron músicos. Al decir de la leyenda, Dios le regaló a san Pedro un violín para que la música pusiera a la gente de buen humor y así se evitaran las peleas. Pero el santo no quería cargar él solo con la responsabilidad. Necesitaba que más gente se uniera a él en su labor pacificadora. «¿Y quiénes podrían ser?», preguntó Dios. «Deja que sean los gitanos –respondió san Pedro–. Deja que entretengan a la gente para que no se vierta sangre cuando beban y estén de juerga». A lo que Dios respondió: «Que así sea».

Entre la fantasía del cuento emerge una gran verdad: que el pueblo gitano, tenido a menudo como misterioso y encerrado en sí mismo, ha sido increíblemente generoso con su arte. Lo ha dispersado con largueza para abrirse al mundo y para explicarse a sí mismo. Y no ha sido solo con la música, como veremos a continuación.

En la creación artística hay, además, un hecho diferencial que coloca al pueblo romaní al margen de los clichés: su contumaz heterodoxia. Tan cierto es su apego a la tradición como su inclinación por la disidencia. Siempre se ha dicho, por ejemplo, que los gitanos no cantan por peteneras porque da mal fario. Y es así… con gloriosas excepciones: en realidad, nadie las ha cantado mejor que la Niña de los Peines. Esa «concepción ilimitada y sublime por la libertad», en palabras de Juan de Dios Ramírez-Heredia, alcanza, pues, a la propia etnia. Y por eso, aunque parezca paradójico, que haya gitanas escritoras y gitanos profesores universitarios o políticos, no debería extrañar tanto. En realidad es muy gitano.

Serán estos calés singulares, precisamente, quienes compartan con nosotros algunas de sus claves culturales. ¿Qué libro, qué película, qué disco consideran especial a la hora de conocer mejor al pueblo gitano?

Un viaje épico

Ismael Cortés es diputado de En Comú Podem por Tarragona y siente debilidad por la película Latcho Drom (1993), una obra fundamental dentro de la cultura gitana europea que destaca por la ambición de su director, Tony Gatlif. «Es una película imprescindible», asegura Cortés. «En ella cuenta el viaje del folclore gitano desde la India hasta España. Gatlif va trazando ese hilo que conecta dos sitios tan distantes, pasando por cada uno de los países de la diáspora».

No es extraño que Cortés esté interesado por esta visión trasnacional del pueblo gitano. No en vano es doctor en Estudios Internacionales de Paz y Conflicto y ha trabajado en universidades de Budapest, Nottingham o la misma Carlos III de Madrid. El crítico Jonathan Rosenbaum dijo de Latcho drom (con su viaje a través de India, Egipto, Turquía, Rumanía, Hungría, Eslovaquia, Francia y España) que es una película «que no tiene nacionalidad en absoluto». También dijo que es «una declaración política», «un relato épico», «una evocación poética» y, más sucintamente, «una obra maestra». Cortés coincide: «Está todo. Recoge episodios tanto de alegría como de sufrimiento. Y a través de la música y las imágenes desprende una maestría impresionante. Esta peli es fundamental».

En sus recomendaciones, el diputado también quiere abrir el capítulo de las artes gráficas. En ellas destaca el trabajo de la pintora Lita Cabellut. «Tiene una técnica pictórica muy personal con la que muestra el desgarro de los personajes», explica. «Pinta primeros planos, aunque no siempre. A veces incluye otras partes del cuerpo. Pero en los retratos, bastante amplios, logra captar el desgarro a través de la expresión, a través de la mirada, de la sonrisa, de la risa, del llanto… Es magnífica mostrando las tensiones internas».

Cabellut es una artista española radicada en La Haya desde hace varias décadas. Su trabajo, aunque centrado en la pintura, abarca muchas otras disciplinas, como la poesía, la escultura, la fotografía o el videoarte. Pasó su niñez en las calles de Barcelona; hoy tiene obra permanente en varios museos del mundo (Italia, Corea del Sur, Francia, España, Grecia, Países Bajos…).

Pedagogía gitana

Decía James Baldwin que «la historia de Estados Unidos es la historia de los negros de Estados Unidos». Lo que ocurre es que, normalmente, los estudios académicos han dejado al margen ese enfoque. Y lo mismo ha pasado en España. Nuestro país, por otra parte tan preocupado por autoanalizarse, ha estudiado profusamente el perfil autoritario y represor que ha caracterizado el ejercicio del Estado desde hace 500 años, pero lo ha hecho sin atender a una de sus principales víctimas: el pueblo gitano.

Fernando Macías es doctor en Educación y Sociedad y profesor de la Universidad de Barcelona. Y gitano. Su especialidad es la de la pedagogía y sus estudios tratan tanto de mejorar la inclusión del alumnado gitano en las aulas como de ampliar la visión del propio profesorado, quien carga también con recelos y prejuicios seculares. ¿Podría usarse alguna obra artística como material didáctico para fomentar la tolerancia y el conocimiento sobre el pueblo gitano entre alumnos payos y sus profesores? «No hay una sola obra capaz de hacer eso», avisa. Macías pone el foco en el desconocimiento que existe sobre la experiencia de ser gitano en España: «Para conocer al pueblo gitano es necesario conocer su historia. Y eso pasa por conocer todas aquellas contribuciones artísticas que han explicado, desgraciadamente, nuestras fatigas». Y añade recogiendo el espíritu de Baldwin: «No se entiende la historia de nuestro país sin árabes, judíos y gitanos. Simplemente no se entiende».

Las fatigas de las que habla Macías empiezan en el siglo XV y la persecución no termina (si es que lo ha hecho alguna vez) hasta hace bien poco. «En el Código Penal, hasta 1982 –puntualiza Macías–. Y de facto, hasta bien entrado el siglo XXI. Un estudio de 2016 de Amnistía Internacional decía que parecer gitano o árabe (no hay que serlo, basta con parecerlo) multiplica por diez las posibilidades de ser detenido en la vía pública».

Las primeras leyes antigitanas en España las dictaron los Reyes Católicos en 1499 y, en diferente grado punitivo, se extendieron hasta el tardofranquismo. Buscaban acabar con su modo de vida nómada y los castigos iban de los latigazos a la pena de muerte, pasando por el corte de las orejas, la condena a galeras o los trabajos forzados en las minas. Todo esto ha sido apenas una nota a pie de página en el gran libro de nuestra historia. Y desde luego no ha llegado a las aulas.

Persecución. El Lebrijano.

Entre los artistas que han tratado este tema destacan el dramaturgo José Heredia Maya, autor de Camelamos naquerar, y el cantaor Juan Peña, El Lebrijano. Su disco Persecución, con textos del escritor Félix Grande, es una obra maestra a medio camino entre el reportaje, la poesía y el cante jondo. «Es cierto que el flamenco, si analizas las letras y los palos, hablan de todo ese pasado. Lo que no sé, desde un punto de vista educativo, es si eso, a la larga, podría caer en un estereotipo. Los gitanos estamos haciendo contribuciones culturales en multitud de disciplinas, no solo en la música y no solo en la música flamenca», explica Macías. «Tomemos el caso de Dorantes, por ejemplo, que sobrepasa el ámbito del flamenco para abrazar toda la música clásica. O a los gitanos que estamos en el mundo de la academia y la educación, que no investigamos solo para mejorar la situación de los gitanos sino la de todos los alumnos vulnerables. Lo que ocurre es que nuestras contribuciones culturales o científicas no se tienen en cuenta».

De igual modo, los medios de comunicación han perpetuado una determinada visión criminal del gitano, obviando todas las historias que se apartan de ese guion. «En una conferencia en Alicante, una gitana mayor que pertenecía al movimiento asociativo usó una expresión que se me ha quedado grabada: ‘los gitanos invisibles’ –relata Macías–. Creo que es estrictamente necesario incorporar al discurso pedagógico a esos gitanos invisibles. Es la única manera de desmontar todo el imaginario colectivo que existe alrededor del pueblo gitano».

El profesor pone algunos ejemplos para subrayar esta invisibilidad: «Muy poca gente sabe que uno de los padres de nuestra Constitución es gitano: Juan de Dios Ramírez-Heredia, nuestro querido tío Juan de Dios. Tampoco sabe mucha gente que la presidenta de la comisión para temas de violencia de género en el Congreso es gitana y se llama Beatriz Carrillo. En el ámbito más popular, tampoco mucha gente sabe que los futbolistas Reyes y Navas son gitanos. Ni que en el ámbito académico, en la Universidad de Harvard, una de las autoras más citadas en materia de salud pública también es gitana de origen rumano: Margareta Matache».

«En las aulas –concluye Macías– deberían entrar todas aquellas obras artísticas que hablan de la historia del pueblo gitano para que alumnos y profesores puedan reflexionar, compartir, debatir sobre una historia que es la nuestra, la de los gitanos, y también la de todo un país».

Dame la libertad. El Lebrijano.

Gitanos con ‘buena letra’

La poeta y ensayista Noelia Cortés abundaba en esta idea del olvido selectivo del pueblo gitano en el programa Carne Cruda: «El mérito de la poesía del imaginario flamenco que se da en el nombre de España es de los gitanos».

La confusión (o la fusión interesada) empezó probablemente con los escritores orientalistas franceses que llegaron a España en el siglo XIX ansiosos de exotismo. Lo gitano, entonces, comenzó a identificarse directamente con lo español, lo que constituye quizás uno de los primeros casos conocidos de apropiación cultural: perseguidores disfrazados de perseguidos.

Cortés, en su ensayo La higuera de las gitanas, toma la poderosa imagen descrita por Sylvia Plath (esa higuera en la que cada fruto es otra Sylvia Plath posible, en la que cada higo es una multiplicación de la anhelada e inaccesible libertad) para hablar de esas mujeres gitanas injustamente olvidadas a pesar de su indiscutible valor. La autora (ella misma experta rompedora de estereotipos) se pregunta en su libro por la ausencia de escritores gitanos en el canon literario y redobla la apuesta con ánimo feminista: ¿qué pasa, que no hay escritoras gitanas? Y las hay, claro que las hay. Cómo no las iba a haber.

La higuera de las gitanas. Noelia Cortés.

Cortés nos habla de una de ellas y de su obra para seguir profundizando en el conocimiento del pueblo gitano: «Philomena Franz, autora de Entre el amor y el odio, que es el testimonio del Holocausto narrado desde los recuerdos de una niña gitana».

Franz, que sobrevivió a Auschwitz y que sigue viva hoy, a sus 100 años, compatibilizó su labor de escritora y testigo de la tragedia con la de activista. Durante décadas recorrió colegios de toda Alemania para contar a los alumnos aquel horror, aunque siempre desde la dulzura de la niña que fue, «sin odio», precisa, «sin acusaciones, tomando partido por la reconciliación». Una labor humanista y pedagógica de la que España, ya se ha dicho, debería tomar nota.

Otra de las escritoras gitanas más admiradas por Noelia Cortés, la polaca Papusza, compuso Lágrimas de sangre, uno de los poemas más elocuentes sobre el porraimos (la palabra romaní que designa el genocidio perpetrado por los nazis contra el pueblo gitano). Ambas, Franz y Papusza, se movieron entre dos aguas, las de la rica tradición oral que les venía de fábrica y las de la cultura escrita de los académicos. España también tiene ejemplos así.

«Curro Albayzin es una enciclopedia viva», asegura al respecto Cortés. Este gitano bailaor, toda una celebridad local, es también el autor de Zambras de Granada y flamencos del Sacromonte, «que documenta la historia del pueblo gitano en el Sacromonte y su influencia en la identidad del cante, dando detalles humanos de las vidas de todos los habitantes originales de las cuevas».

Y continuando con el flamenco, Noelia Cortés cita a otro artista ineludible del que ya se ha hablado aquí: El Lebrijano. Su álbum Persecución, insiste la escritora, «es un recorrido musical por los intentos de exterminio a nuestro pueblo».

A la también escritora Silvia Agüero le gusta decir que «hay que gitanizar el mundo». Lo dice contraponiendo una serie de valores diametralmente opuestos a los de la burguesía capitalista, esa misma que precariza y esclaviza al mundo entero. Atendiendo a esa máxima, la canción Dame la libertad (con letra del payo José Manuel Caballero Bonald) resume los afanes y singularidades de todo un pueblo (perseguido precisamente por eso, por su anhelo de libertad) y se convierte en mensaje subversivo y universal: «Dame la libertad del agua de los mares. Dame la libertad de la tormenta. Dame la libertad de la tierra misma. Dame la libertad del aire. Dame la libertad de los pájaros de las marismas, vagadores de las sendas nunca vistas».

Fuente: La Marea
Autor: Manuel Ligero
Foto: Fotograma del filme 'Latcho Drom', de Tony Gatlif. K.G. Productions
Nota del medio: La elaboración de este reportaje ha contado con la colaboración de Dani Domínguez en la recogida de testimonios.

Los medios de comunicación como vectores del antigitanismo

Los medios de comunicación como vectores del antigitanismo

Constructores de realidad, durante los últimos años, los medios tienen dos nuevos compañeros de viaje: el fenómeno de las noticias falsas y el de la viralización

El antigitanismo es una losa, una lacra estructural enraizada en unas instituciones y una sociedad que cuando se le plantea el problema suele mirar hacia otro lado. Se trata de un pulpo con tentáculos gruesos y largos que abarcan todas las capas sociales y todos los ámbitos: educación, cultura, sanidad, sistema habitacional, etc. Los medios no están exentos de este antigitanismo; es más, contribuyen de manera, tanto consciente como inconsciente, a extenderlo. A lo largo de la historia, los medios de comunicación de masas han sido uno de los vehículos más potentes –juntamente con la cultura y la educación– a través del cual se ha transmitido el mensaje de la otredad. Constructores de realidad, durante los últimos años, los medios tienen dos nuevos compañeros de viaje: el fenómeno de las noticias falsas y el de la viralización. 

Si bien la gran mayoría de códigos deontológicos y manuales de los medios de comunicación hacen hincapié en la necesidad de abstenerse de mencionar datos que puedan fomentar conductas discriminatorias, las prácticas irresponsables de muchos medios de comunicación forman parte del día a día. Por ejemplo, uno de los últimos episodios de antigitanismo en los medios vino dado con la irrupción de la pandemia ocasionada por la COVID-19. Noticias falsas, bulos o discursos de odio en redes sociales y medios de comunicación infectaron, una vez más, la imagen del pueblo gitano. El estudio FAKALI, antigitanismo y Covid-19. Informe del impacto del antigitanismo en la sociedad del coronavirus aseguraba: “Si la pandemia ha supuesto un duro golpe para la sociedad española y el confinamiento ha interrumpido gran parte de la actividad económica generando un parón histórico de impredecibles consecuencias, el pueblo gitano ha sido, además, señalado como amenaza y estigmatizado por parte de los medios de comunicación e incluso algunos representantes públicos, como mostrarán las evidencias extraídas de distintos medios de comunicación”. 

Un buen ejemplo de esto es el tratamiento informativo que se dio en algunos medios a raíz de los confinamientos en Haro (La Rioja) y Santoña (Cantabria), convertidos por unos días en epicentro de los discursos de odio. En la primera localización, el 7 de marzo, se produjo uno de los primeros brotes de coronavirus. Aún no se sabía apenas nada del virus y el pánico empezaba a arreciar, pero eso no es motivo para justificar la gestión que se hizo de este brote y cómo fue abordado por algunos medios de comunicación. Después de que 60 gitanos y gitanas se contagiaran por la asistencia a un funeral, la policía decidió acordonar la zona donde vivían estas familias. Empezaba el linchamiento mediático: en muchos medios se dijo que la comunidad gitana estaba contagiando al resto del pueblo porque se saltaban las medidas sanitarias. Casi al mismo tiempo ocurría algo similar en Santoña.

Durante el tiempo que duró el confinamiento, la comunidad gitana fue acusada de manera sistemática por algunos medios de no respetar las normas impuestas por las autoridades. Se aprovechó, una vez más, para poner en el punto de mira sus costumbres culturales. Cuando los niños y niñas tuvieron que volver a las aulas, la comunidad gitana fue puesta de nuevo en el punto de mira: en muchos medios de comunicación se acusó a gitanos y gitanas de no llevar a sus hijos e hijas al colegio y de fomentar el absentismo escolar sin mencionar la realidad habitacional de algunas de estas familias, que conviven en una misma casa con personas mayores. FAKALI confirmó que, desde julio y hasta octubre de 2020, se reportaron 112 publicaciones “denigrantes, humillantes y discriminatorias hacia el Pueblo Rromà”.  

Otros dos momentos importantes en la visibilización del antigitanismo imperante de algunos medios se hizo patente durante la polémica por un monólogo del humorista Rober Bodegas en 2018 o el tratamiento informativo que se le dio al suceso que tuvo lugar en Rociana del Condado en 2020, cuando Manuel, gitano de 45 años, fue asesinado a tiros por J.G.A. De hecho, Pedro Aguilera, director de la FAGIC (Federació d’Associacions Gitanes de Catalunya) entre 2018-2022 y actual asesor en el Ajuntament de Barcelona, destaca que estos dos momentos suponen un antes y un después en la relación de la población gitana con los medios de comunicación: “Estos dos momentos supusieron un revulsivo entre la comunidad gitana, un #MeToo de las comunidades, que se dieron cuenta de cómo los trataban los medios. Siempre se nos ha dado a entender que somos ciudadanos de segunda, y a los medios y a la sociedad esto les ha salido barato. Es algo tan enraizado, que ni siquiera se ha penalizado a lo largo de la historia. Hablo, por ejemplo, de la descripción de la gitanidad que hace Cervantes, de la película Gitano, basada en la novela de Pérez Reverte, de los gags de Cruz y Raya o de las recientes parodias en los medios de comunicación y programas de entretenimiento, como en el caso de los Gipsy Kings”. 

En el caso del monólogo, Bodegas tuvo que pedir perdón al pueblo gitano por un claro componente racista que sobrepasaba todos los límites del humor; en el caso del tratamiento del crimen de Rociana del Condado, varias asociaciones gitanas denunciaron al programa de Ana Rosa Quintana (Telecinco). Es importante destacar que este espacio, junto con Espejo Público (Antena 3) o Equipo de Investigación (La Sexta) suelen estar en el punto de mira de las asociaciones gitanas que velan por mantener a raya los discursos de odio. Son espacios habituales en los informes de malas praxis a la hora de abordar asuntos del pueblo gitano. 

Más historia del pueblo gitano, más monitorización y más presencia de gitanos y gitanas en los medios

Una de las recomendaciones que hace en uno de sus trabajos el Roma Civil Monitor de España, liderado por la Plataforma Khetane del Movimiento Asociativo Gitano del Estado Español (PK) y también por la Asociación Nacional Presencia Gitana (ANPG) y la FAGIC, es la necesidad de promover el conocimiento de la historia y la cultura del pueblo gitano. Esta es la misma recomendación que se hace en el informe anual Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano, publicado por el Instituto Romanó. 

Rromani Pativ y Plataforma Khetane, que también monitorizan el discurso de odio en los medios españoles y presentan relatos de contranarrativa para luchar contra el antigitanismo, miran directamente hacia los medios de comunicación públicos: “Deben ser la punta de lanza contra el antigitanismo informativo. Los medios de comunicación públicos deben desarrollar un papel destacado en España en relación con el antigitanismo informativo, que hoy en día lo hacen de manera insuficiente y testimonial. Deberían desarrollar un rol equiparable al realizaron con la diversidad afectivo-sexual en los primeros años 2000, en los que los medios de comunicación fueron un agente de cambio de la opinión pública en relación con las personas disidentes sexuales o de género como sujetos de derechos y como víctimas de tristes episodios de represión y criminalidad institucional”, se puede leer en su último informe.

Para Pedro Aguilera, “(…) los medios de comunicación deberían ser capaces de dar un paso al frente y tomar medidas en diferentes direcciones: por una lado, y como decía Pedro Zerolo, ‘libertad de expresión no es libertad de agresión’. ¿Qué pasa con todos esos comentarios racistas al pie de las noticias? Debería regularse. Por otro, yo apuesto por más presencia de gitanos en las redacciones”. Respecto a este último punto, además de estar físicamente en redacciones para revisar contenidos, impartir formaciones o asesorar, es altamente recomendable que cuando los periodistas aborden asuntos que conciernen al pueblo gitano consulten con fuentes gitanas, algo que no suele ser tan habitual como se piensa.

¡Sorpresa! La población gitana es diversa

“Todos los gitanos y gitanas compartimos ese ideal de libertad y esperanza, reflejado en nuestra bandera. Nos une el antigitanismo y la historia de persecución”. Quien habla es Beatriz Carrillo presidenta de FAKALI y diputada gitana por el PSOE. 

Uno de los comportamientos más tóxicos de los medios de comunicación que contribuyen al fomento del antigitanismo consiste en presentar al pueblo gitano como un todo homogéneo. Nada más lejos de la realidad: el pueblo gitano es diverso y cambiante, como explica Iñaki Vázquez, activista gitano y por los derechos LGTBQ, consultor de la OSCE-ODIHR: “Se nos presenta como una población que no cambia y folklorizada; pero somos diversos. Somos una cultura diversa, nos mezclamos, tenemos diferentes tipos de familias y costumbres. Unos son católicos, otros evangelistas, otros musulmanes… Si se hiciese una buena visibilización del pueblo gitano en los medios, la sociedad se daría cuenta de lo reduccionista que es la visión que tiene. Estamos hablando nada más y nada menos que de casi un millón de personas gitanas en nuestro país: ¿acaso se creen que todos los gitanos tocamos el cajón flamenco?”, se pregunta de manera irónica Vázquez.

Folklorización: este es otro de los escollos en lo concerniente a la presentación del pueblo gitano en los medios. Amenudo se cae en una folklorización que se produce como consecuencia de la citada homogenización. “Se tira del estereotipo, incluso para hablar de cosas buenas, y eso también es negativo”, se lamenta Pedro Aguilera. Sin embargo, cuando llega el momento de atribuir a las comunidades gitanas aquellas aportaciones culturales que nacen en su seno, los medios recogen cable: “Una diseñadora gitana que triunfa en París pasa a ser una diseñadora española. No se menciona que Joaquín Cortés es gitano, pero sí la procedencia étnica de la familia que se ha peleado en un bar”, critica Aguilera. Un doble rasero que, por una parte, invisibiliza las aportaciones de los gitanos y las gitanas a la cultura y la historia; y por otra, los encuadra en estereotipos, los discrimina y los margina. 

De hecho, la falta de conocimiento por parte de la población no gitana –que no de existencia– de referentes gitanos y gitanas es una de las consecuencias directas de este fenómeno. Tamara Puig, activista gitana, educadora social y una de las autoras del informe Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano 2021, explica: “(…) no faltan referentes gitanos, sino que los medios los den a conocer. Y que se den a conocer bien: no solo desde la superficialidad o el discurso de la superación, pasado de vueltas”. Y esta es, precisamente, otra de las observaciones de los gitanos y gitanas: hay que superar el discurso de “Primera mujer universitaria gitana de + añadir localización”. 

Otra pregunta que se debería hacer desde el periodismo es: ¿la población gitana necesita a alguien que les salve? La respuesta es no. Otra de las críticas es el paternalismo y el buenismo que destilan algunas coberturas. Puig, lo tiene claro: “No se nos tiene que salvar ni proteger de nada; ni siquiera cuidar. Muchos reportajes quieren crear consciencia y lo único que hacen es fomentar el estereotipo. No hay mala intención detrás, pero resulta negativo. Hay que abordar la realidad del pueblo gitano desde una perspectiva de derechos fundamentales, no desde la caridad o la pena”, concluye.

Beatriz Carrillo apuesta por un trabajo y un compromiso transversal por parte de los medios de comunicación para que desemboque en “una consciencia pública y colectiva (…). Los medios de comunicación son instrumentos de propaganda muy importantes y funcionan como notarios del uso del lenguaje. Hay muchísimas cosas a mejorar y también hay muchas prácticas que deben desaparecer”, explica para lamarea.com. 

La información de sucesos y el lenguaje, en el punto de mira

En los tres últimos informes de Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano (ediciones 2019, 2020 y 2021) se destaca que la información relativa a los sucesos suele ser la más problemática, un auténtico talón de Aquiles de la prensa española. Tamara Puig destaca la importancia del lenguaje que se usa cuando se abordan este tipo de noticias: “(…) robo, tiroteo, asesinato, patriarca, reyerta, clan... Son palabras peyorativas que se asocian, en la mayoría de los casos, al pueblo gitano. Las tenemos que desterrar”, dice. Además, este tipo de informaciones suelen ser pobres en contexto y pobres en fuentes gitanas. Las imágenes que se usan no suelen ser deontológicamente correctas (no se suele pixelar a los y las protagonistas), se dan datos innecesarios que vulneran la protección de las personas implicadas y no se suele rectificar en caso de que sea necesaria un rectificacion. 

Asimismo, la disolución de fronteras entre géneros (información y opinión) que se ha producido en los últimos años y el uso cada vez más común en la prensa de un lenguaje adjetivado, subjetivo, con apreciaciones innecesarias y cargado de contenido hace que sea difícil encontrar informaciones puramente informativas, hecho que va en detrimento de una información neutral. En la información de sucesos este fenómeno es claramente evidente. 

¿Cómo se trabaja desde los medios para combatir el antigitanismo?

Sin embargo, no todo son malas noticias y ya hay quien trabaja desde los medios para cambiar el paradigma de lo descrito anteriormente. Dos buenos ejemplos son Sarah Babiker, de El Salto, y Meritxell Rigol, periodista independiente, las dos vinculadas a Rromani Pativ. Ambas destacan que es necesario mirar hacia el pueblo gitano más allá del apartado de sucesos y de los reportajes en los que se muestra la pobreza o la vulnerabilidad. También insisten en la necesidad de superar la folklorización. “Uno de mis primeros reportajes sobre comunidad gitana en El Salto lo ilustré con una foto de una bailaora”, reconoce Babiker. Lo rectificó en cuanto se dio cuenta, pero asegura: (…) Es muy difícil desquitarse de determinados mecanismos o imaginarios con los que hemos sido socializadas desde pequeñas”. Por eso es necesario deconstruirse. Meritxell Rigol lo hace escuchando e intentando aprender. “(…) desde la humildad y la consciencia de que desconocemos la realidad; y con predisposición para entender y aprender. Es algo básico”, explica para lamarea.com. 

En el abordaje de temas concernientes al pueblo gitano, Rigol asegura que es fundamental tener en cuenta el contexto histórico que atraviesa estas comunidades. “Si hablamos de población gitana y sistema educativo, no podemos obviar la parte material, los altos índices de pobreza de esta población. Tenemos que tener una mirada contextualizada y tener en cuenta la discriminación histórica que atraviesa esta minoría perseguida, criminalizada y marginalizada hasta el día de hoy”. Para la periodista catalana también es muy importante incorporar fuentes gitanas que ayuden a entender qué está pasando y, sobre todo, porqué; algo con lo que coincide Sarah Babiker.

Buscar nuevos temas, nuevas voces expertas en diferentes ámbitos y visibilizar la diversidad del pueblo gitano con el objetivo de ayudar a romper estereotipos son algunas de las recomendaciones que hacen estas dos periodistas.

Fuente: La Marea
Autora: Queralt Castillo Cerezuela
Foto: Medio que "no queremos decir" que hace continuamente apología del odio ante la pasividad de las autoridades

¿Un Pacto de Estado contra el antigitanismo? Sí, pero con presupuesto y compromiso

¿Un Pacto de Estado contra el antigitanismo? Sí, pero con presupuesto y compromiso

Uno de los objetivos es la visibilización del antigitanismo, un problema estructural que salpica tanto a la administración pública como a la sociedad

Después de años de persecución y racismo, elevar la lucha contra el antigitanismo a nivel de Estado no parece una opción, sino una necesidad imperante, como ha ocurrido con el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. En abril de 2021, el Congreso aprobó por unanimidad la creación de una subcomisión para el estudio de la puesta en marcha de un Pacto de Estado contra el Antigitanismo y la Inclusión del Pueblo Gitano, otra vía de actuación que viene a complementar la Estrategia Nacional para la Igualdad, la Inclusión y la Participación del Pueblo Gitano 2021-2030.

Desde entonces y hasta ahora, esta subcomisión ha estado trabajando para elaborar un texto con un enfoque integral, que aúne a todas las fuerzas políticas y que sirva como hoja de ruta. Han comparecido expertos/as, miembros de ONG, representantes de los movimientos sociales, activistas gitanos y gitanas y equipos técnicos relacionados con el pueblo gitano, entre otros.

En este recorrido, el pasado 26 de mayo, una enmienda a la Ley de Igualdad de Trato, que contó con 293 votos a favor y 50 abstenciones, introdujo una disposición final por la que se modifica el Código Penal para incluir el antigitanismo como delito de odio. Esta ley, que prevé pena de prisión de uno a cuatro años y multas a quienes promuevan o inciten al odio, discriminación o a la violencia contra el pueblo gitano, fue aprobada el 22 de junio. 

Visibilizar el antigitanismo

Uno de los objetivos que persigue el Pacto es la visibilización del antigitanismo, un problema estructural que salpica tanto a las instituciones y la administración pública como a la sociedad. Para María Filigrana, miembro de la junta directiva de la Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas FAKALI, el antigitanismo adopta expresiones diversas, como el abandono individual institucional, la discriminación, la desigualdad, la denigración, la alterización, el desempoderamiento y la incitación al odio de estas comunidades, pero se puede resumir en dos: la invisibilización del pueblo gitano –y el antigitanismo– y el abandono y rechazo estructural que existe contra las personas gitanas. 

FAKALI reclama medidas para fomentar la participación de la población gitana en los espacios públicos y de toma de decisiones. Actualmente, a pesar de contar con tres diputados gitanos —Beatriz Carillo por el PSOE; Sara Jiménez por Ciudadanos; e Ismael Cortés por En Comú Podem—, la infrarrepresentación política de la comunidad gitana sigue siendo una realidad. De hecho, tanto para Beatriz Carrillo, además de diputada, presidenta de FAKALI, como para Ismael Cortés, este Pacto supone un hito en la historia por la lucha de los derechos del pueblo gitano y ha sido posible, en gran parte, por la presencia de diputados y diputadas gitanas en el Congreso.

Es común entre la población gitana reivindicar su voz y señalar de manera muy crítica el paternalismo y el asistencialismo en el que hasta el momento se han enmarcado gran parte de las acciones políticas a favor del pueblo gitano. Durante su comparecencia en la subcomisión, Filigrana apuntaba a algo importante: “Hemos pasado de una persecución directa —no hay que olvidar las casi 300 pragmáticas que durante años persiguieron a los gitanos y gitanas de España— a la disolución completa de nuestra identidad; lo que yo considero una salida fácil al amparo del ‘todos somos iguales’. Se ha hecho borrón y cuenta nueva”. Por eso ella habla de la necesidad de reparación y de tener una agenda propia en la que la hoja de ruta sean las necesidades reales de estas comunidades, habitualmente diluidas en el espacio de la pobreza y relegadas al olvido epistemológico, académico e histórico. “Invisibilizar al pueblo gitano es despreciar una parte de la ciudadanía”, dijo de manera contundente Filigrana en su intervención en la subcomisión.

Las cuestiones de reparación también resultan fundamentales para Iñaki Vázquez, activista gitano y por los derechos LGTBQ, consultor de la OSCE-ODIHR e impulsor del proyecto social La Fragua Projects, quien también compareció en la subcomisión. “No hace falta remontarse a las pragmáticas, solo tenemos que ver el elevado fracaso de los 40 años de políticas públicas basadas en el paradigma etnocéntrico de la integración. El proyecto de la España uniforme es un fracaso, y las políticas públicas han estado basadas en un enfoque asistencialista, paternalista y clientelar; y es por ello que las primeras en revisarse deben ser las instituciones. El antigitanismo es la causa, no la consecuencia, de la situación en la que hoy vive el pueblo gitano; y eso pasa porque se ha puenteado al sujeto emancipante”.

Ismael Cortés, diputado gitano de En Comú Podem, va más allá: “(…) Al Pacto le tendría que acompañar un acto institucional presidido por la monarquía –la institución responsable de la historia legislativa antigitana, junto con la Iglesia–, en el que se reconozca la historia de antigitanismo que se ha vivido en España. Las medidas legislativas contra los gitanos y las gitanas son el sustrato histórico que ha configurado un presente de marginalización, exclusión y pobreza del pueblo gitano”, dice contundente. 

Presupuesto, compromiso real y medidas específicas

La mayoría de las personas preguntadas coinciden en que el Pacto es algo muy necesario, pero insisten en que el texto que resulte no servirá de nada si no se le dota de suficiente presupuesto para implantar medidas y promover campañas, y si no se establecen unos objetivos específicos y se hace un seguimiento exhaustivo de los resultados. En definitiva, se pide un compromiso político real a través de un marco operativo eficiente que permita llevarlo a cabo.

“Presupuesto, coordinación, seguimiento de indicadores, evaluación… Esto es lo que pedimos”, sostiene Filigrana. Y sabe bien por qué lo hace: “No se ha hecho seguimiento ni evaluación de la Estrategia Nacional para la inclusión social de la población gitana en España 2012-2020 y no sabemos si ha permitido mejorar la vida de las personas gitanas o no. No queremos que esta situación se repita”. No solo eso: la Estrategia Nacional para la Igualdad, la Inclusión y la Participación del Pueblo Gitano 2021?2030 se aprobó en noviembre de 2021 y, actualmente, aún no hay un plan operativo, cuenta Iñaki Vázquez. 

Sandra Heredia, candidata a la Alcaldía de Sevilla por Adelante Andalucía, y quien considera que el proceso consultivo del Pacto debería haber sido más exhaustivo y haber ‘bajado’ a nivel municipal y local, opina de manera parecida: “(…) Lo fundamental de este Pacto es que no se quede en un tratado de buenas intenciones. El Pacto no es el final, sino el inicio de algo aún por desarrollar. Además de las necesidad de presupuesto, yo destacaría la necesidad de coordinación entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas, que al final son las que tienen las competencias”.

Aparte de esto que menciona Heredia, el éxito de este Pacto también dependerá de que las medidas que se adopten sean vinculantes. Beatriz Carrillo, que destaca igualmente el asunto del presupuesto, lo tiene claro: “(…) Si no tiene carácter vinculante y no se le da carácter institucional, esta hoja de ruta se va a quedar en un deseo”. 

La educación, en el punto de mira del Pacto

Uno de lo puntos a los que habrá que prestar especial atención es el de la educación, posiblemente el caballo de Troya en la lucha contra el antigitanismo. Es necesario cambiar el foco y poner la mirada hacia otros protagonistas: “Los proyectos asistencialistas acaban debilitando las comunidades en las que se actúa; y no se resuelve el problema. Necesitamos comunidades gitanas empoderadas; y para ello hay que transformar, entre muchas otras cosas, el sistema educativo y poner el foco no solo en los que sufren la discriminación, sino en los que la perpetran”, destaca Vázquez.

“Hay que desarrollar campañas de sensibilización, conscienciación, y no solo a nivel mediático; sino educativo”, puntualizan Filigrana y Cortés. Para este último, es necesario cambiar la perspectiva de los valores y estudiar la historia del pueblo gitano de manera transversal, e incorporarla de manera efectiva a los libros de texto, como ya se está intentando llevar a cabo.

Tamara Puig, activista gitana y educadora social, insiste en que hasta que no se haga énfasis en el ámbito educativo, no habrá un cambio sistémico real. Se muestra favorable al Pacto, pero mantiene reticencias: “(…) Las leyes educativas actuales generan exclusión y segregación. Al profesorado le falta conocimiento de la realidad del pueblo gitano y en las clases no existe un vínculo entre el alumnado gitano y los y las docentes. Las aulas no son espacios seguros para el alumnado gitano. Existen casos de éxito, pero no son la norma, porque el sistema es disfuncional”. También Beatriz Carillo hace énfasis en la  importancia de la dimensión educativa: “(…) La no educación mutila la libertad de cualquier pueblo y hay que trabajar en esa línea”.

Es evidente que se necesita un cambio de paradigma en todos los niveles y en todos los ámbitos: revertir el daño causado por los medios de comunicación al pueblo gitano, reivindicar sus derechos educacionales, residenciales, laborales, culturales y sanitarios, entre otros, no es algo postergable; sino que se trata de un tema de justicia histórica y de deuda con este pueblo.

Fuente: La Marea
Autora: Queralt Castillo Cerezuela
Foto: Bandera del pueblo gitano en la Junta de Distrito de Vallecas, en Madrid, en 2017. Wikimedia Commons/Diario de Madrid. Licencia CC BY 4.0

Adelante Andalucía elige en primarias a Sandra Heredia como cabeza de lista para la Alcaldía de Sevilla en 2023

Adelante Andalucía elige en primarias a Sandra Heredia como cabeza de lista para la Alcaldía de Sevilla en 2023

La actual concejal no adscrita en el Ayuntamiento de Sevilla, Sandra Heredia, ha sido elegida como candidata a la Alcaldía de Sevilla por Adelante Andalucía en las primarias celebradas este pasado sábado 26 de noviembre en el centro cívico Las Sirenas. Heredia ha sido la única candidata en estas primarias locales ya que "había consenso en su asamblea para que sea ella la que lidere el proyecto en la ciudad".

Así lo ha subrayado Adelante Andalucía en una nota de prensa remitida este lunes en la que remarca que Sandra Heredia es un "referente activista, feminista, gitana y responsable de municipalismo de Adelante Andalucía". El resto de la lista que acompañará a Heredia en "su proyecto para transformar Sevilla" se elegirá "en una segunda fase de primarias que se desarrollará en los próximos meses". Las municipales se celebrarán en mayo de 2023.

Heredia compagina sus tareas en el Ayuntamiento con su trabajo fuera del consistorio, "condición que le hace estar más cerca de la realidad de la ciudadanía a la que pretende representar", ha abundado su formación política, que ha apuntado, igualmente, sus reclamaciones en "numerosas ocasiones" relacionadas con el "déficit de transporte público", que conoce "de primera mano" ya que lo uso para acudir al Polígono Sur y a Torreblanca, donde trabaja en un "programa de empoderamiento" de niñas y adolescentes del barrio.

Desde Adelante han defendido que Sandra Heredia es la "mejor candidata" para representar a su formación en la ciudad, ya que como concejal en el Ayuntamiento "está muy ligada a los problemas de su ciudad y se ha dedicado a conocer profundamente las realidades de cada barrio". "Durante estos años, se ha centrado en criticar la situación de desempleo, transporte, sanidad y turistificación, esforzándose en construir desde la oposición un modelo de ciudad más sostenible", ha apostillado.

Fuente: Europapress