Constructores de realidad, durante los últimos años, los medios tienen dos nuevos compañeros de viaje: el fenómeno de las noticias falsas y el de la viralización
El antigitanismo es una losa, una lacra estructural enraizada en unas instituciones y una sociedad que cuando se le plantea el problema suele mirar hacia otro lado. Se trata de un pulpo con tentáculos gruesos y largos que abarcan todas las capas sociales y todos los ámbitos: educación, cultura, sanidad, sistema habitacional, etc. Los medios no están exentos de este antigitanismo; es más, contribuyen de manera, tanto consciente como inconsciente, a extenderlo. A lo largo de la historia, los medios de comunicación de masas han sido uno de los vehículos más potentes –juntamente con la cultura y la educación– a través del cual se ha transmitido el mensaje de la otredad. Constructores de realidad, durante los últimos años, los medios tienen dos nuevos compañeros de viaje: el fenómeno de las noticias falsas y el de la viralización.
Si bien la gran mayoría de códigos deontológicos y manuales de los medios de comunicación hacen hincapié en la necesidad de abstenerse de mencionar datos que puedan fomentar conductas discriminatorias, las prácticas irresponsables de muchos medios de comunicación forman parte del día a día. Por ejemplo, uno de los últimos episodios de antigitanismo en los medios vino dado con la irrupción de la pandemia ocasionada por la COVID-19. Noticias falsas, bulos o discursos de odio en redes sociales y medios de comunicación infectaron, una vez más, la imagen del pueblo gitano. El estudio FAKALI, antigitanismo y Covid-19. Informe del impacto del antigitanismo en la sociedad del coronavirus aseguraba: “Si la pandemia ha supuesto un duro golpe para la sociedad española y el confinamiento ha interrumpido gran parte de la actividad económica generando un parón histórico de impredecibles consecuencias, el pueblo gitano ha sido, además, señalado como amenaza y estigmatizado por parte de los medios de comunicación e incluso algunos representantes públicos, como mostrarán las evidencias extraídas de distintos medios de comunicación”.
Un buen ejemplo de esto es el tratamiento informativo que se dio en algunos medios a raíz de los confinamientos en Haro (La Rioja) y Santoña (Cantabria), convertidos por unos días en epicentro de los discursos de odio. En la primera localización, el 7 de marzo, se produjo uno de los primeros brotes de coronavirus. Aún no se sabía apenas nada del virus y el pánico empezaba a arreciar, pero eso no es motivo para justificar la gestión que se hizo de este brote y cómo fue abordado por algunos medios de comunicación. Después de que 60 gitanos y gitanas se contagiaran por la asistencia a un funeral, la policía decidió acordonar la zona donde vivían estas familias. Empezaba el linchamiento mediático: en muchos medios se dijo que la comunidad gitana estaba contagiando al resto del pueblo porque se saltaban las medidas sanitarias. Casi al mismo tiempo ocurría algo similar en Santoña.
Durante el tiempo que duró el confinamiento, la comunidad gitana fue acusada de manera sistemática por algunos medios de no respetar las normas impuestas por las autoridades. Se aprovechó, una vez más, para poner en el punto de mira sus costumbres culturales. Cuando los niños y niñas tuvieron que volver a las aulas, la comunidad gitana fue puesta de nuevo en el punto de mira: en muchos medios de comunicación se acusó a gitanos y gitanas de no llevar a sus hijos e hijas al colegio y de fomentar el absentismo escolar sin mencionar la realidad habitacional de algunas de estas familias, que conviven en una misma casa con personas mayores. FAKALI confirmó que, desde julio y hasta octubre de 2020, se reportaron 112 publicaciones “denigrantes, humillantes y discriminatorias hacia el Pueblo Rromà”.
Otros dos momentos importantes en la visibilización del antigitanismo imperante de algunos medios se hizo patente durante la polémica por un monólogo del humorista Rober Bodegas en 2018 o el tratamiento informativo que se le dio al suceso que tuvo lugar en Rociana del Condado en 2020, cuando Manuel, gitano de 45 años, fue asesinado a tiros por J.G.A. De hecho, Pedro Aguilera, director de la FAGIC (Federació d’Associacions Gitanes de Catalunya) entre 2018-2022 y actual asesor en el Ajuntament de Barcelona, destaca que estos dos momentos suponen un antes y un después en la relación de la población gitana con los medios de comunicación: “Estos dos momentos supusieron un revulsivo entre la comunidad gitana, un #MeToo de las comunidades, que se dieron cuenta de cómo los trataban los medios. Siempre se nos ha dado a entender que somos ciudadanos de segunda, y a los medios y a la sociedad esto les ha salido barato. Es algo tan enraizado, que ni siquiera se ha penalizado a lo largo de la historia. Hablo, por ejemplo, de la descripción de la gitanidad que hace Cervantes, de la película Gitano, basada en la novela de Pérez Reverte, de los gags de Cruz y Raya o de las recientes parodias en los medios de comunicación y programas de entretenimiento, como en el caso de los Gipsy Kings”.
En el caso del monólogo, Bodegas tuvo que pedir perdón al pueblo gitano por un claro componente racista que sobrepasaba todos los límites del humor; en el caso del tratamiento del crimen de Rociana del Condado, varias asociaciones gitanas denunciaron al programa de Ana Rosa Quintana (Telecinco). Es importante destacar que este espacio, junto con Espejo Público (Antena 3) o Equipo de Investigación (La Sexta) suelen estar en el punto de mira de las asociaciones gitanas que velan por mantener a raya los discursos de odio. Son espacios habituales en los informes de malas praxis a la hora de abordar asuntos del pueblo gitano.
Más historia del pueblo gitano, más monitorización y más presencia de gitanos y gitanas en los medios
Una de las recomendaciones que hace en uno de sus trabajos el Roma Civil Monitor de España, liderado por la Plataforma Khetane del Movimiento Asociativo Gitano del Estado Español (PK) y también por la Asociación Nacional Presencia Gitana (ANPG) y la FAGIC, es la necesidad de promover el conocimiento de la historia y la cultura del pueblo gitano. Esta es la misma recomendación que se hace en el informe anualPeriodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano, publicado por el Instituto Romanó.
Rromani Pativ y Plataforma Khetane, que también monitorizan el discurso de odio en los medios españoles y presentan relatos de contranarrativa para luchar contra el antigitanismo, miran directamente hacia los medios de comunicación públicos: “Deben ser la punta de lanza contra el antigitanismo informativo. Los medios de comunicación públicos deben desarrollar un papel destacado en España en relación con el antigitanismo informativo, que hoy en día lo hacen de manera insuficiente y testimonial. Deberían desarrollar un rol equiparable al realizaron con la diversidad afectivo-sexual en los primeros años 2000, en los que los medios de comunicación fueron un agente de cambio de la opinión pública en relación con las personas disidentes sexuales o de género como sujetos de derechos y como víctimas de tristes episodios de represión y criminalidad institucional”, se puede leer en su último informe.
Para Pedro Aguilera, “(…) los medios de comunicación deberían ser capaces de dar un paso al frente y tomar medidas en diferentes direcciones: por una lado, y como decía Pedro Zerolo, ‘libertad de expresión no es libertad de agresión’. ¿Qué pasa con todos esos comentarios racistas al pie de las noticias? Debería regularse. Por otro, yo apuesto por más presencia de gitanos en las redacciones”. Respecto a este último punto, además de estar físicamente en redacciones para revisar contenidos, impartir formaciones o asesorar, es altamente recomendable que cuando los periodistas aborden asuntos que conciernen al pueblo gitano consulten con fuentes gitanas, algo que no suele ser tan habitual como se piensa.
¡Sorpresa! La población gitana es diversa
“Todos los gitanos y gitanas compartimos ese ideal de libertad y esperanza, reflejado en nuestra bandera. Nos une el antigitanismo y la historia de persecución”. Quien habla es Beatriz Carrillo presidenta de FAKALI y diputada gitana por el PSOE.
Uno de los comportamientos más tóxicos de los medios de comunicación que contribuyen al fomento del antigitanismo consiste en presentar al pueblo gitano como un todo homogéneo. Nada más lejos de la realidad: el pueblo gitano es diverso y cambiante, como explica Iñaki Vázquez, activista gitano y por los derechos LGTBQ, consultor de la OSCE-ODIHR: “Se nos presenta como una población que no cambia y folklorizada; pero somos diversos. Somos una cultura diversa, nos mezclamos, tenemos diferentes tipos de familias y costumbres. Unos son católicos, otros evangelistas, otros musulmanes… Si se hiciese una buena visibilización del pueblo gitano en los medios, la sociedad se daría cuenta de lo reduccionista que es la visión que tiene. Estamos hablando nada más y nada menos que de casi un millón de personas gitanas en nuestro país: ¿acaso se creen que todos los gitanos tocamos el cajón flamenco?”, se pregunta de manera irónica Vázquez.
Folklorización: este es otro de los escollos en lo concerniente a la presentación del pueblo gitano en los medios. Amenudo se cae en una folklorización que se produce como consecuencia de la citada homogenización. “Se tira del estereotipo, incluso para hablar de cosas buenas, y eso también es negativo”, se lamenta Pedro Aguilera. Sin embargo, cuando llega el momento de atribuir a las comunidades gitanas aquellas aportaciones culturales que nacen en su seno, los medios recogen cable: “Una diseñadora gitana que triunfa en París pasa a ser una diseñadora española. No se menciona que Joaquín Cortés es gitano, pero sí la procedencia étnica de la familia que se ha peleado en un bar”, critica Aguilera. Un doble rasero que, por una parte, invisibiliza las aportaciones de los gitanos y las gitanas a la cultura y la historia; y por otra, los encuadra en estereotipos, los discrimina y los margina.
De hecho, la falta de conocimiento por parte de la población no gitana –que no de existencia– de referentes gitanos y gitanas es una de las consecuencias directas de este fenómeno. Tamara Puig, activista gitana, educadora social y una de las autoras del informe Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano 2021, explica: “(…) no faltan referentes gitanos, sino que los medios los den a conocer. Y que se den a conocer bien: no solo desde la superficialidad o el discurso de la superación, pasado de vueltas”. Y esta es, precisamente, otra de las observaciones de los gitanos y gitanas: hay que superar el discurso de “Primera mujer universitaria gitana de + añadir localización”.
Otra pregunta que se debería hacer desde el periodismo es: ¿la población gitana necesita a alguien que les salve? La respuesta es no. Otra de las críticas es el paternalismo y el buenismo que destilan algunas coberturas. Puig, lo tiene claro: “No se nos tiene que salvar ni proteger de nada; ni siquiera cuidar. Muchos reportajes quieren crear consciencia y lo único que hacen es fomentar el estereotipo. No hay mala intención detrás, pero resulta negativo. Hay que abordar la realidad del pueblo gitano desde una perspectiva de derechos fundamentales, no desde la caridad o la pena”, concluye.
Beatriz Carrillo apuesta por un trabajo y un compromiso transversal por parte de los medios de comunicación para que desemboque en “una consciencia pública y colectiva (…). Los medios de comunicación son instrumentos de propaganda muy importantes y funcionan como notarios del uso del lenguaje. Hay muchísimas cosas a mejorar y también hay muchas prácticas que deben desaparecer”, explica para lamarea.com.
La información de sucesos y el lenguaje, en el punto de mira
En los tres últimos informes de Periodistas contra el racismo. La prensa española ante el pueblo gitano (ediciones 2019, 2020 y 2021) se destaca que la información relativa a los sucesos suele ser la más problemática, un auténtico talón de Aquiles de la prensa española. Tamara Puig destaca la importancia del lenguaje que se usa cuando se abordan este tipo de noticias: “(…) robo, tiroteo, asesinato,patriarca,reyerta, clan... Son palabras peyorativas que se asocian, en la mayoría de los casos, al pueblo gitano. Las tenemos que desterrar”, dice. Además, este tipo de informaciones suelen ser pobres en contexto y pobres en fuentes gitanas. Las imágenes que se usan no suelen ser deontológicamente correctas (no se suele pixelar a los y las protagonistas), se dan datos innecesarios que vulneran la protección de las personas implicadas y no se suele rectificar en caso de que sea necesaria un rectificacion.
Asimismo, la disolución de fronteras entre géneros (información y opinión) que se ha producido en los últimos años y el uso cada vez más común en la prensa de un lenguaje adjetivado, subjetivo, con apreciaciones innecesarias y cargado de contenido hace que sea difícil encontrar informaciones puramente informativas, hecho que va en detrimento de una información neutral. En la información de sucesos este fenómeno es claramente evidente.
¿Cómo se trabaja desde los medios para combatir el antigitanismo?
Sin embargo, no todo son malas noticias y ya hay quien trabaja desde los medios para cambiar el paradigma de lo descrito anteriormente. Dos buenos ejemplos son Sarah Babiker, de El Salto, y Meritxell Rigol, periodista independiente, las dos vinculadas a Rromani Pativ. Ambas destacan que es necesario mirar hacia el pueblo gitano más allá del apartado de sucesos y de los reportajes en los que se muestra la pobreza o la vulnerabilidad. También insisten en la necesidad de superar la folklorización. “Uno de mis primeros reportajes sobre comunidad gitana en El Salto lo ilustré con una foto de una bailaora”, reconoce Babiker. Lo rectificó en cuanto se dio cuenta, pero asegura: (…) Es muy difícil desquitarse de determinados mecanismos o imaginarios con los que hemos sido socializadas desde pequeñas”. Por eso es necesario deconstruirse. Meritxell Rigol lo hace escuchando e intentando aprender. “(…) desde la humildad y la consciencia de que desconocemos la realidad; y con predisposición para entender y aprender. Es algo básico”, explica para lamarea.com.
En el abordaje de temas concernientes al pueblo gitano, Rigol asegura que es fundamental tener en cuenta el contexto histórico que atraviesa estas comunidades. “Si hablamos de población gitana y sistema educativo, no podemos obviar la parte material, los altos índices de pobreza de esta población. Tenemos que tener una mirada contextualizada y tener en cuenta la discriminación histórica que atraviesa esta minoría perseguida, criminalizada y marginalizada hasta el día de hoy”. Para la periodista catalana también es muy importante incorporar fuentes gitanas que ayuden a entender qué está pasando y, sobre todo, porqué; algo con lo que coincide Sarah Babiker.
Buscar nuevos temas, nuevas voces expertas en diferentes ámbitos y visibilizar la diversidad del pueblo gitano con el objetivo de ayudar a romper estereotipos son algunas de las recomendaciones que hacen estas dos periodistas.
Fuente: La Marea Autora: Queralt Castillo Cerezuela Foto: Medio que "no queremos decir" que hace continuamente apología del odio ante la pasividad de las autoridades
Uno de los objetivos es la visibilización del antigitanismo, un problema estructural que salpica tanto a la administración pública como a la sociedad
Después de años de persecución y racismo, elevar la lucha contra el antigitanismo a nivel de Estado no parece una opción, sino una necesidad imperante, como ha ocurrido con el Pacto de Estado contra la Violencia de Género. En abril de 2021, el Congreso aprobó por unanimidad la creación de una subcomisión para el estudio de la puesta en marcha de un Pacto de Estado contra el Antigitanismo y la Inclusión del Pueblo Gitano, otra vía de actuación que viene a complementar la Estrategia Nacional para la Igualdad, la Inclusión y la Participación del Pueblo Gitano 2021-2030.
Desde entonces y hasta ahora, esta subcomisión ha estado trabajando para elaborar un texto con un enfoque integral, que aúne a todas las fuerzas políticas y que sirva como hoja de ruta. Han comparecido expertos/as, miembros de ONG, representantes de los movimientos sociales, activistas gitanos y gitanas y equipos técnicos relacionados con el pueblo gitano, entre otros.
En este recorrido, el pasado 26 de mayo, una enmienda a la Ley de Igualdad de Trato, que contó con 293 votos a favor y 50 abstenciones, introdujo una disposición final por la que se modifica el Código Penal para incluir el antigitanismo como delito de odio. Esta ley, que prevé pena de prisión de uno a cuatro años y multas a quienes promuevan o inciten al odio, discriminación o a la violencia contra el pueblo gitano, fue aprobada el 22 de junio.
Visibilizar el antigitanismo
Uno de los objetivos que persigue el Pacto es la visibilización del antigitanismo, un problema estructural que salpica tanto a las instituciones y la administración pública como a la sociedad. Para María Filigrana, miembro de la junta directiva de la Federación de Asociaciones de Mujeres Gitanas FAKALI, el antigitanismo adopta expresiones diversas, como el abandono individual institucional, la discriminación, la desigualdad, la denigración, la alterización, el desempoderamiento y la incitación al odio de estas comunidades, pero se puede resumir en dos: la invisibilización del pueblo gitano –y el antigitanismo– y el abandono y rechazo estructural que existe contra las personas gitanas.
FAKALI reclama medidas para fomentar la participación de la población gitana en los espacios públicos y de toma de decisiones. Actualmente, a pesar de contar con tres diputados gitanos —Beatriz Carillo por el PSOE; Sara Jiménez por Ciudadanos; e Ismael Cortés por En Comú Podem—, la infrarrepresentación política de la comunidad gitana sigue siendo una realidad. De hecho, tanto para Beatriz Carrillo, además de diputada, presidenta de FAKALI, como para Ismael Cortés, este Pacto supone un hito en la historia por la lucha de los derechos del pueblo gitano y ha sido posible, en gran parte, por la presencia de diputados y diputadas gitanas en el Congreso.
Es común entre la población gitana reivindicar su voz y señalar de manera muy crítica el paternalismo y el asistencialismo en el que hasta el momento se han enmarcado gran parte de las acciones políticas a favor del pueblo gitano. Durante su comparecencia en la subcomisión, Filigrana apuntaba a algo importante: “Hemos pasado de una persecución directa —no hay que olvidar las casi 300 pragmáticas que durante años persiguieron a los gitanos y gitanas de España— a la disolución completa de nuestra identidad; lo que yo considero una salida fácil al amparo del ‘todos somos iguales’. Se ha hecho borrón y cuenta nueva”. Por eso ella habla de la necesidad de reparación y de tener una agenda propia en la que la hoja de ruta sean las necesidades reales de estas comunidades, habitualmente diluidas en el espacio de la pobreza y relegadas al olvido epistemológico, académico e histórico. “Invisibilizar al pueblo gitano es despreciar una parte de la ciudadanía”, dijo de manera contundente Filigrana en su intervención en la subcomisión.
Las cuestiones de reparación también resultan fundamentales para Iñaki Vázquez, activista gitano y por los derechos LGTBQ, consultor de la OSCE-ODIHR e impulsor del proyecto social La Fragua Projects, quien también compareció en la subcomisión. “No hace falta remontarse a las pragmáticas, solo tenemos que ver el elevado fracaso de los 40 años de políticas públicas basadas en el paradigma etnocéntrico de la integración. El proyecto de la España uniforme es un fracaso, y las políticas públicas han estado basadas en un enfoque asistencialista, paternalista y clientelar; y es por ello que las primeras en revisarse deben ser las instituciones. El antigitanismo es la causa, no la consecuencia, de la situación en la que hoy vive el pueblo gitano; y eso pasa porque se ha puenteado al sujeto emancipante”.
Ismael Cortés, diputado gitano de En Comú Podem, va más allá: “(…) Al Pacto le tendría que acompañar un acto institucional presidido por la monarquía –la institución responsable de la historia legislativa antigitana, junto con la Iglesia–, en el que se reconozca la historia de antigitanismo que se ha vivido en España. Las medidas legislativas contra los gitanos y las gitanas son el sustrato histórico que ha configurado un presente de marginalización, exclusión y pobreza del pueblo gitano”, dice contundente.
Presupuesto, compromiso real y medidas específicas
La mayoría de las personas preguntadas coinciden en que el Pacto es algo muy necesario, pero insisten en que el texto que resulte no servirá de nada si no se le dota de suficiente presupuesto para implantar medidas y promover campañas, y si no se establecen unos objetivos específicos y se hace un seguimiento exhaustivo de los resultados. En definitiva, se pide un compromiso político real a través de un marco operativo eficiente que permita llevarlo a cabo.
“Presupuesto, coordinación, seguimiento de indicadores, evaluación… Esto es lo que pedimos”, sostiene Filigrana. Y sabe bien por qué lo hace: “No se ha hecho seguimiento ni evaluación de la Estrategia Nacional para la inclusión social de la población gitana en España 2012-2020 y no sabemos si ha permitido mejorar la vida de las personas gitanas o no. No queremos que esta situación se repita”. No solo eso: la Estrategia Nacional para la Igualdad, la Inclusión y la Participación del Pueblo Gitano 2021?2030 se aprobó en noviembre de 2021 y, actualmente, aún no hay un plan operativo, cuenta Iñaki Vázquez.
Sandra Heredia, candidata a la Alcaldía de Sevilla por Adelante Andalucía, y quien considera que el proceso consultivo del Pacto debería haber sido más exhaustivo y haber ‘bajado’ a nivel municipal y local, opina de manera parecida: “(…) Lo fundamental de este Pacto es que no se quede en un tratado de buenas intenciones. El Pacto no es el final, sino el inicio de algo aún por desarrollar. Además de las necesidad de presupuesto, yo destacaría la necesidad de coordinación entre el Gobierno central y las Comunidades Autónomas, que al final son las que tienen las competencias”.
Aparte de esto que menciona Heredia, el éxito de este Pacto también dependerá de que las medidas que se adopten sean vinculantes. Beatriz Carrillo, que destaca igualmente el asunto del presupuesto, lo tiene claro: “(…) Si no tiene carácter vinculante y no se le da carácter institucional, esta hoja de ruta se va a quedar en un deseo”.
La educación, en el punto de mira del Pacto
Uno de lo puntos a los que habrá que prestar especial atención es el de la educación, posiblemente el caballo de Troya en la lucha contra el antigitanismo. Es necesario cambiar el foco y poner la mirada hacia otros protagonistas: “Los proyectos asistencialistas acaban debilitando las comunidades en las que se actúa; y no se resuelve el problema. Necesitamos comunidades gitanas empoderadas; y para ello hay que transformar, entre muchas otras cosas, el sistema educativo y poner el foco no solo en los que sufren la discriminación, sino en los que la perpetran”, destaca Vázquez.
“Hay que desarrollar campañas de sensibilización, conscienciación, y no solo a nivel mediático; sino educativo”, puntualizan Filigrana y Cortés. Para este último, es necesario cambiar la perspectiva de los valores y estudiar la historia del pueblo gitano de manera transversal, e incorporarla de manera efectiva a los libros de texto, como ya se está intentando llevar a cabo.
Tamara Puig, activista gitana y educadora social, insiste en que hasta que no se haga énfasis en el ámbito educativo, no habrá un cambio sistémico real. Se muestra favorable al Pacto, pero mantiene reticencias: “(…) Las leyes educativas actuales generan exclusión y segregación. Al profesorado le falta conocimiento de la realidad del pueblo gitano y en las clases no existe un vínculo entre el alumnado gitano y los y las docentes. Las aulas no son espacios seguros para el alumnado gitano. Existen casos de éxito, pero no son la norma, porque el sistema es disfuncional”. También Beatriz Carillo hace énfasis en la importancia de la dimensión educativa: “(…) La no educación mutila la libertad de cualquier pueblo y hay que trabajar en esa línea”.
Es evidente que se necesita un cambio de paradigma en todos los niveles y en todos los ámbitos: revertir el daño causado por los medios de comunicación al pueblo gitano, reivindicar sus derechos educacionales, residenciales, laborales, culturales y sanitarios, entre otros, no es algo postergable; sino que se trata de un tema de justicia histórica y de deuda con este pueblo.
Fuente: La Marea Autora: Queralt Castillo Cerezuela Foto: Bandera del pueblo gitano en la Junta de Distrito de Vallecas, en Madrid, en 2017. Wikimedia Commons/Diario de Madrid. Licencia CC BY 4.0
Este libro, prologado por Iñaki Vázquez, ya se editó en una versión resumida por el Ministerio de Educación y Formación Profesional a principios de 2022. Ahora AECGIT hace su publicación extensa en formato online y en papel.
Muchas gracias compañero José Eugenio por posibilitar nuestra participación y por el trabajo incansable que desarrollas tú personalmente y la Asociación Enseñantes con Gitanos en el ámbito educativo con el Pueblo Gitano.
Este libro es un buen instrumento para los profesionales de la educación y deberían ayudar a avanzar hacia una educación inclusiva y respetuosa con la diversidad étnico/racial y para que se convierta en un activo contra los prejuicios antigitanos.
En este completísimo trabajo se recogen infinidad de referencias, recursos e instrumentos que sirven para analizar la situación y proponer cómo actuar en el campo educativo incluyendo una perspectiva antirracista y de lucha contra el antigitanismo. Una de las lecturas imprescindibles.
Educar frente al antigitanismo: nuestra mirada (re)crea la realidad
El efecto Pigmalión, sesgado por la clase social y etnia
“Llevo varias noches sin dormir”. Así comenzó su ponencia Ana Vásquez, en unas Jornadas similares a éstas. Esta psicóloga chilena había realizado una investigación sobre la situación escolar de la infancia inmigrante en París y ahora tenía que “devolver” la información al colegio en el que había estado observando. En esos meses había trabado cierta amistad con la maestra en cuya clase había permanecido más tiempo. ¿Y qué es lo que la quitaba el sueño a esa investigadora?: el hecho de había cuantificado cómo esa maestra en su clase al alumnado inmigrante le dedicaba mucho menos tiempo de atención (en cuanto a miradas, preguntas, corrección de ejercicios y elogios) y esto, aunque de un modo inconsciente, evidenciaba menores expectativas sobre ellos y alimentaba el autocumplimiento de la profecía negativa.
Investigaciones como la de Ana Vásquez nos informan de que existe el riesgo de que las expectativas del profesorado estén influenciadas por los estereotipos de clase social y etnia y de que el etiquetaje negativo se dé con mayor frecuencia con respecto al alumnado procedente de niveles socioeconómicos más bajos y de minorías étnicas. Es decir, que el conocido “efecto Pigmalión” (o “autocumplimiento de la profecía”) no se distribuye aleatoriamente, sino que está sesgado clasista y racialmente.[1] La UNESCO (2018) advierte también de ese peligro: "Los estudiantes de grupos sociales desfavorecidos, como las niñas, las minorías o los discapacitados sufren frecuentemente como consecuencia de los prejuicios de los docentes, lo que se traduce en tener bajas expectativas sobre las capacidades de estos estudiantes. Los docentes que tienen bajas expectativas sobre sus estudiantes se esfuerzan menos por ayudarles a aprender, además de desanimarles de formas más sutiles, con el resultado final de que estos estudiantes tienen frecuentemente un rendimiento académico más bajo. [...] Y a la inversa." La psicóloga Elena Martín (2018), por su parte, subraya el efecto de reproducción de las desigualdades que conlleva esta dinámica: “En las expectativas y juicios de los docentes, se producen sesgos asociados a rasgos personales y sociales del alumnado […] Los juicios son siempre más negativos para estudiantes de colectivos vulnerables por distintas características (etnicidad, clase social, género, hablar otra lengua, necesidades educativas especiales) […]. Este hecho supone un serio problema para la equidad de los sistemas educativos” (Elena Martín, 2018).
Considero fundamental que los trabajamos en el ámbito educativo nos sintamos interpelados por el alto fracaso escolar del alumnado gitano y su segregación y nos preguntemos: ¿El fracaso y la segregación escolar de buena parte del alumnado gitano está reproduciendo y perpetuando la estereotipia desvalorizante sobre el Pueblo Gitano (P. G.)?, ¿Existe riesgo de una transmisión intergeneracional de la pobreza?, ¿Desde el ámbito educativo y socio-educativo podemos ser agentes de transformación?
Para profundizar en el conocimiento de esta realidad vamos a servirnos del “Método de encuesta”: I) Ver (los hechos y los datos), II) Analizar (las causas y explicaciones) y III) Actuar (líneas de trabajo necesarias a la luz de los aportes de las dos fases anteriores).
Conclusión: ¿por qué nuestros centros educativos necesitan que estén en ellos las y los gitanos?
Gloria Steinem en "Mi vida en la carretera” comenta que en los 60 dio una charla que tituló: "Por qué la Facultad de Derecho de Harvard necesita a las mujeres y no al revés”. Desde ese encabezamiento trataba de transmitir que las mujeres también tienen que estar en esa Facultad, por supuesto, pero que la propia Facultad las necesita, porque ¿de qué Derecho y de qué Justicia va a hablar esa Facultad si excluye a las mujeres de estudiar en la misma?
De un modo similar, debemos luchar por que las y los gitanos logren el máximo de titulaciones y estén presentes en todos los puestos laborales, pero sin dejar de subrayar que también los centros formativos y de trabajo necesitan que estén los gitanos y gitanas en ellos, pues, de lo contrario, ¿cómo podemos hablar de “inclusión”, “progreso”, “democracia”, “igualdad de oportunidades”…?
Seamos conscientes o no, nuestros centros escolares contribuyen a la reproducción del antigitanismo de diversas maneras y, en sentido contrario, pueden erigirse en palanca para su erradicación. Una educación que se posicione contra el antigitanismo no solo es un acto de justicia hacia el Pueblo Gitano y su infancia, sino que representa la mejor vía de acceso a una escuela y una sociedad más decentes.
[1] El efecto Pigmalión negativo sobre el alumnado de minorías étnicas en los centros escolares supone la aplicación al sistema educativo de los criterios jerárquicos clasificatorios de la alteralidad. Vid.: M. J. Díaz-Aguado, 1985; A. Vásquez e I. Martínez, 1996; J. E. Abajo, 1996; J. E. Abajo y S. Carrasco, 2004; J. W. Schofield, 2006; J. Pàmies, 2006; B. Ballestín, 2008; B. García Pastor, 2011; A. Tarabini, 2016; F. Macías, 2017; UNESCO, 2018; E. Martín, 2018.
Se buscan bailarinas, intérpretes, domadoras de gallos y galgos, gitanas y gitanos ocultos para el arte universal pero situados como artistas en la seguridad de su casa. También camelamos gachés criados entre gitanos. Queremos gente afín e interesada en explorar la inmensa diversidad de la experiencia estética romaní desde la geografía concreta del sur de Europa. Gente flamenca perdida, y ganada, para el teatro; teatreras gitanas con el flamenco en las tripas pero sin tocar una palma. Son más que bienvenidas las del baile contemporáneo y toda persona conectada con la cosmovisión gitana del mundo (por familia, por amor o por militancia) y que tenga la rabiosa inquietud de sorprenderse sobrepasando los límites de su arte. Sin importar mucho la edad, de entre 18 y 100 años. Chavales o puretas.
¿Te atreves a darte la oportunidad de investigar el cuerpo gitano?
En el cuerpo está toda la historia, desde el Tío Vicente Escudero hasta el éxtasis de la comunión evangélica. ¿Por qué Juan Talega expresaba todo sin aparentemente moverse? La ritualidad y la ruptura, la conexión y la pérdida, la herida y la cicatriz. El conocimiento artesanal de contarte una historia mientras te leo la mano o la colocación de la voz para alzarla entre las mesas de los bares de los guiris.
Un laboratorio intensivo con Belén Maya, Diego Amador y Delaine Le Bas, donde combinaremos el aprendizaje desde las disciplinas de la danza-teatro, la música y las artes plásticas, con clases magistrales, formación teórica y práctica con muestra final del proceso.
El nuevo director de Justicia i Pau galopa en su discurso interseccional, eco-feminista y pro “todos” los Derechos Humanos
Cuando nos planteamos entrevistar a Miquel Torres sabíamos que aparecerían conceptos con los que no estamos habituadas a tratar desde un medio LGTBIQ, pero atendiendo a la trayectoria del recientemente designado director de Justicia i Pau sería inevitable abordarlos. Predispuestas a convivir con esa incomodidad nuestra intención inicial es que salieran reflexiones que pusieran encima de la mesa enfoques de la actualidad desde un punto de vista diferente. Aparcamos los apriorismos (y algún dogmatismo también, lo confesamos) y nos predisponemos a entrelazar un diálogo con este excelente conversador. Conocernos de hace años nos da esa ventaja. Sabemos a lo que vamos.
Los últimos coletazos de la pandemia hacen que nuestro encuentro sea a través de las pantallas de nuestros ordenadores. Esto provoca que la comunicación se convierta en algo siempre frío, pero en el caso de Miquel esa sensación se acrecienta. Son muchas las reuniones compartidas en años de activismo gitano y de la disidencia sexogenérica. Antes de entrar en materia, como de costumbre una buena dosis de risas, ironías y mofas que nos relajan y nos hacen olvidar la distancia. Después de la última broma, nos proponemos empezar la entrevista con el rigor y la seriedad que requiere.
Miquel, primero nos gustaría que nos hablaras de ti. ¿Quién es Miquel Torres? ¿Cómo te definirías identitariamente?
Si te soy sincero yo me siento en tierra de nadie identitariamente: Para los payos siempre he sido el gitano gracioso, que sabe hacer cosas y que comunica bien, en cambio, para muchos gitanos he sido un poco “apayao” ya que no represento el prototipo de gitanidad que todavía muchas personas romaníes tienen en sus cabezas sobre si mismos. Yo he tomado consciencia que estoy en la frontera de lo identitario y he hecho de esa posición mi punto de anclaje. Ser una persona de frontera significa que no tengo tierra, no tengo lengua y no tengo país, pero justamente eso me da una dimensión universal. Esa universalidad es la que conecta con lo trascendente, con lo que podríamos llamar espiritual. Dicho de otra manera, esa forma de desposesión me hace conectar como parte del mundo, especialmente con quien más sufre, con el mundo más doliente, más sufriente, diríamos los cristianos.
Me viene a la mente ahora mismo el papel de las y los mártires. Se cree que los mártires son quienes fueron asesinados por su fe religiosa. En cambio, el vocablo viene del término del griego antiguo “Martiría” que significa el que denuncia lo que no funciona. O sea, es quien ha tenido los ovarios de plantarse y por eso precisamente le han matado. Esta es la razón por la que las que hemos tenido que luchar nuestra propia construcción personal nos convirtamos en las mártires modernas por denunciar lo que no funciona en lo establecido y en lo normativo.
Me llama la atención esa referencia que haces a la falta de empatía ¿crees que las “gentes de frontera” podéis contribuir a incrementar esa empatía?
Por supuesto que sí, pero lo que pasa es que debemos practicarlas. No con tenerlas basta. Primero debemos ser conscientes que debemos alejarnos de cualquier privilegio que podamos ostentar. Ser alguien de frontera te impone autocuestionarte y revisarte. Esto es muy importante porque si no puede “confundirte”. Por ejemplo, las décadas de activismo que muchas ya tenemos nos asignan un cierto estatus, un nivel de relación, una aparición en medios, una relevancia. Hay que estar vigilantes ante eso. Hemos nacido sin voz y hemos conseguido tenerla porque nos la hemos currado. Si esa voz no se transforma en un instrumento para muchas causas, se convertirá en una herramienta del egoísmo y la mentira.
Es muy fácil caer en que “te creas que te escuchan”, pero lo cierto es que eso suele ser un espejismo y en realidad no te escucha “naide” (reímos a carcajadas las dos poniendo bastantes caras a esa frase lapidaria pronunciada con deje suburbial). No debemos perder la vocación primera. Yo me siento con esa obligación vocacional y profética. En ese momento Miquel esboza una sonrisa irónica de quien sabe que está utilizando un tipo de lenguaje explícitamente cristiano.
Háblanos un poco de la entidad y su vinculación con la Iglesia Católica. No pretendemos esconder que habitualmente los grupos de defensa de los derechos de las disidencias sexuales y de género y los espacios espirituales están en controversia.
Justicia i Pau Barcelona, desde la llegada de Arcadi Oliveras a la presidencia, cambia la dirección de su mirada de manera significativa. Es cierto que somos una organización de raíz cristiana y nos sentimos gente de Iglesia, pero no hablamos en su nombre ni lo hacemos, por supuesto, en nombre de ningún jerarca. Además, no somos una única voz. Si quieres somos unas voces diversas de un cristianismo más trasgresor. Denunciamos para transformar un mundo que es injusto. Esto fue y es un planteamiento con mucha fuerza y potencia.
Desarrollamos 4 ejes de actuación. Los dos primeros están completamente enraizados en la misión y en la visión de la entidad: La defensa de “todos” los Derechos Humanos y la promoción de la cultura de la paz y la reconciliación. De ahí surgen dos ejes más que también tienen un potencial transformador importante: la justicia restaurativa en prisiones desde un enfoque de rehumanización de las personas privadas de libertad y por último el eje de ecología y justicia social. De este último eje, nosotras vinculamos la crisis climática con las consecuencias de las sucesivas crisis sociales. En este sentido las cristianas tenemos la gran suerte de contar con el Papa Francisco que ha supuesto “Agua de Mayo” ya que no proviene del privilegio blanco europeo y su condición de jesuita y latinoamericano le vinculan a una forma de practicar el evangelio ligado a las necesidades y sufrimiento de la gente. Su discurso esta siendo muy transformador cuando nos dice que no es tan importante ir a misa comparativamente con encontrar en el más sufriente, en el migrante o en el gitano del mercadillo al verdadero Jesús. Es verdadera teología de la liberación, pero nada más y nada menos que dicha desde el Vaticano. Eso es lo que está molestando a ciertos obispos, diócesis, y a parte de la curia. Justicia i Pau de Barcelona entiende que este mensaje es completamente actual y que hay que ayudar a desarrollarlo. Desde ese punto de partida compartimos el discurso que asegura que seas hétero, gay, trans, queer o cis todas pertenecemos a un mismo ecosistema llamado humanidad. Nos sentimos obligadas a trabajar contra el cambio climático, la justicia social, la economía circular y solidaria, la banca ética, contra cualquier privilegio, contra la guerra, contra la monarquía, etc.
En esa línea actuamos en pro de la defensa de los “todos” los Derechos Humanos enviando “mensajes que molestan” a los diferentes gobiernos que tienen responsabilidades sobre pueblos indígenas, afrodescendientes, del Pueblo Gitano, entre otros, o de colectivos como el LGTBIQ o las víctimas de las violencias machistas, para que esos derechos que son sistemáticamente vulnerados deben ser respetados y reparados. Sin duda queremos “aprender” a tener esa mirada interseccional, siempre desde nuestra propia particularidad.
Siguiendo el hilo de esta última respuesta, desde tu nombramiento como director se ha destacado tu visión interseccional. ¿Que significa para ti una visión interseccional de la defensa de los Derechos Humanos?
Desde mi punto de vista yo no puedo interpretar una vulneración de los Derechos Humanos sin contemplar el prisma de la intersección. Hay que abandonar la comodidad de interpretar la realidad solo desde lo que a mi mismo me atraviesa para afrontar los retos de la diversidad. Como gitano, cristiano y gay se en primera persona que este aspecto es fundamental si queremos conseguir los objetivos que nos proponemos.
Es cierto que este elemento nos supone un “trabajón” impresionante. No estamos preparadas para eso y tampoco estamos educadas para afrontar este tipo de retos. Tendremos que transformarnos necesariamente. Este no es un tema prescindible. La visión y la acción interseccional es un compromiso ineludible, desde lo personal hasta lo colectivo.
Tras esta primera parte más conceptual nos gustaría ahondar en aspectos concretos para conocer tu opinión. Para un cristiano gay y gitano como tu, ¿cual es el estado de la Defensa de los Derechos Humanos en la Catalunya de 2022?
Estamos viviendo una verdadera tragedia desde el punto de vista de la defensa de los Derechos Humanos. Constatamos que se redactan leyes y se designan instituciones en pro de los Derechos Humanos, junto con un movimiento social cada vez más amplio y diverso en este campo, pero el auge de los discursos de odio en las redes sociales y en los medios de comunicación o en declaraciones de responsables políticos, que parecen más comentarios de tabernas, incitan y promueven estereotipos y mitos contra determinados colectivos de seres humanos. Este ruido constante silencia el inmenso trabajo que realizamos la sociedad civil en la defensa de los Derechos Humanos, que por definición siempre es un tipo de actividad más discreta, sosegada y desde la corta distancia con las personas afectadas y sus entornos.
Nos preocupa, por ejemplo, el “asco” a la pobreza que se está instalando en la sociedad mayoritaria, o el odio hacia las minorías étnicas, como el Pueblo Gitano y la violencia contra las mujeres o las personas que salen de la normatividad por su opción sexual o de género. Se están instalando en la opinión pública de manera muy generalizada ideas que consideramos muy peligrosas. Como sociedad cada vez nos olvidamos más que estas personas tienen familias, seres queridos, de que tienen sentimientos y sueños. Nos olvidamos de que son personas y que como tal tienen derechos.
Desafortunadamente nos hemos focalizado en lo institucional, pero estamos retrocediendo en la batalla de las ideas de buena parte de nuestra conciudadanía. Y como siempre los gobiernos no concretan partidas presupuestarias suficientemente dimensionadas para trabajar este terrible fenómeno.
Ante esta situación que defines ¿Crees que las organizaciones religiosas tienen un papel en la defensa de los derechos de la disidencia sexual y de género?
Mi elección como director es una señal, ni más, pero tampoco ni menos. Es un gesto de acercamiento a realidades que injusticia y sufrimiento, como lo son el colectivo LGTBIQ y el Pueblo Gitano a las que las cristianas de base deben acercarse para entrelazar luchas y conocimientos.
Desde nuestra mirada como cristianas, creo que el rol que nos corresponde tiene que ver con el concepto de “misericordia”. Se trata de ponerte en los zapatos de quien sufre. Entender su posición, sus sufrimientos, sus motivaciones y aspiraciones. Se trata de poder darnos la mano, entender nuestras diferencias como un valor positivo entre nosotras y luchas juntas. Acompañarnos en nuestro camino.
En nuestra voluntad está actualizar nuestras formas y conocimientos para provocar el encuentro con otros colectivos con los que no hemos trabajado aún. Se trata de conocernos más, establecer dinámicas de aprendizaje, colaboración y apoyo mutuo. Nuestra intención es acompañar, sin suplantar, luchas que confluyan en la defensa de los Derechos Humanos. Sin suda, Justicia i Pau no puede permitirse dejar de lado un colectivo tan importante como el LGTBIQ. Nos sentimos interpeladas a que eso no sea así desde ya.
Nuestra posición dentro de la Iglesia Católica, con voz propia, crítica y trasgresora no solo debe intentar provocar debates en torno a los innegables derechos de las personas LGTBIQ si no sobre otras muchas situaciones que incluso puedan contraponerse con nuestros propios conceptos morales. Cabe decir que estamos en un proceso de reflexión en el que vamos a validar un plan estratégico de la entidad que incluya, entre otras cosas, transformar nuestra entidad para que pase de ser femenina (por composición) a eco-feminista. Estos son debates de mucho calado y que necesitan tiempo y procesos de escucha y desarrollo de empatía por lo que probablemente implicará un cambio en nuestro enfoque. La ecología y el feminismo deben formar parte del ideario que promueva Justicia i Pau para que vuelva a jugar el papel fundamental dentro de la sociedad civil catalana, como el que desarrolló años atrás.
Por último, todos los expertos nos alertan de que el racismo tiene nefastas consecuencias para millones de personas. ¿Esta podría ser una de las principales fuentes de vulneración de los Derechos Humanos en la actualidad?
Sin duda el racismo es uno de los ejes que provoca mucho dolor e injusticia en el mundo actual. En este sentido vamos a incluir un plan de interculturalidad que aborde desde como redactamos nuestros documentos a como desarrollamos proyectos de cooperación con países de Latinoamérica, por ejemplo.
Para ello será necesario deconstruirnos y abandonar la “blanquitud” en la que probablemente hayamos podido estar instaladas. Identificar la fuente de como se articula el privilegio étnico debe suponer un cambio de pensamiento y de acción.
Si hablamos más específicamente de antigitanismo, desde mi punto de vista, su combate no está asumido por la sociedad civil catalana, ni siquiera por una minoría cualificada. Llevamos más de 600 años aquí y hemos contribuido indudablemente al acerbo cultural catalán, pero no tenemos el reconocimiento de ello. No hemos sido un pueblo escuchado y tratado con equidad. Siguen existiendo situaciones de discriminación en el ámbito del trabajo, o del acceso al mercado de vivienda solo por el hecho de ser o parecer gitano, por tus apellidos, por tu color de piel. En realidad, hay mucha hipocresía en todo esto. La sociedad catalana tiene una cuenta pendiente con el Pueblo Gitano.
Hemos visto como ha habido una fuerte inversión social con el Pueblo Gitano desde la transición democrática a nuestros días, pero desde los preceptos de la integración que, indudablemente atendiendo a los datos de decenas de informes y estudios, no ha provocado los cambios necesarios, estableciéndose como la herramienta idónea de la asimilación de todo un Pueblo que mantiene una actitud de resistencia y una clara voluntad de ser y de permanecer a pesar de que eso suponga estar en inferioridad de oportunidades.
Debo decir que tengo mucha esperanza en las mujeres gitanas jóvenes. Son la luz del Pueblo Gitano y la salida a la situación de ostracismo que se vive en la actualidad, sin perder la identidad, pero incorporando nuevos valores llenos de dignidad. El auge del feminismo romaní y de los activismos de la disidencia sexual y de género, el combate contra la emergencia climática y contra el antigitanismo son algunas de las ideas que, con voces diversas, las mujeres gitanas jóvenes están incorporando entre ellas y al conjunto del Pueblo Gitano.
Con ese desiderátum acabamos la entrevista entre besos “virtuales” y abrazos “gestuales” y emplazándonos a volvernos a ver pronto. Miquel luce una amplia sonrisa para despedirse llena de ternura y calidez. Sus palabras llenas de intención llenan mi mente durante horas. Que su energía perdure para cambiar su mundo y el de todas.
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