La Fragua Projects participa en el Memorial del Samudaripen 2026 para que el «nunca más» sea un compromiso real

La Fragua Projects participa en el Memorial del Samudaripen 2026 para que el «nunca más» sea un compromiso real

La memoria del genocidio gitano nos recuerda que la dignidad humana no puede depender del origen, la identidad o la condición de las personas.

La Fragua Projects ha participado en el Memorial del Samudaripen 2026, un acto de memoria y reconocimiento dedicado a las víctimas del genocidio del Pueblo Gitano durante el nazismo. El encuentro reunió a representantes institucionales, entidades sociales y organizaciones gitanas para rendir homenaje a quienes fueron perseguidos y asesinados por el régimen nazi y para reivindicar que el «nunca más» debe convertirse en un compromiso real con los derechos humanos, la igualdad y la dignidad de todas las personas.

El memorial fue un espacio de recuerdo, reflexión y compromiso colectivo. Un lugar para honrar la memoria de quienes sufrieron la persecución y el exterminio, pero también para reafirmar la necesidad de seguir combatiendo el racismo, la intolerancia y cualquier forma de deshumanización en el presente.

Recordar para no repetir

Samudaripen, que en Rromanes significa «asesinato total» o «la gran matanza», es el término con el que el Pueblo Gitano recuerda el genocidio perpetrado por el régimen nazi y sus colaboradores durante la Segunda Guerra Mundial. Las comunidades rroma y sinti fueron perseguidas, deportadas y asesinadas por motivos raciales en un proceso de exterminio que acabó con la vida de cientos de miles de personas en toda Europa.

El 2 de agosto se conmemora el Día Europeo en Memoria de las Víctimas del Samudaripen. La fecha recuerda la noche del 2 al 3 de agosto de 1944, cuando las autoridades nazis liquidaron el denominado Zigeunerlager o «campo familiar gitano» de Auschwitz-Birkenau, asesinando a miles de hombres, mujeres, niños y niñas que permanecían prisioneros en ese recinto.

Sin embargo, la memoria del Samudaripen no consiste únicamente en recordar una tragedia histórica. También nos obliga a preguntarnos cómo fue posible que una sociedad aceptara que parte de su población fuera señalada, excluida y finalmente exterminada.

Porque ningún genocidio comienza con los asesinatos.

Antes llegan los prejuicios. Antes aparecen los discursos que convierten la diferencia en una amenaza. Antes se normaliza la discriminación. Antes se cuestiona la dignidad de quienes son percibidos como distintos.

Cartel del Memorial del Samudaripen 2026

Una memoria que interpela al presente

Para el Pueblo Gitano en España, esta memoria conecta también con otro episodio fundamental de nuestra historia: la Prisión General de Gitanos (La Gran Redada) de 1749, cuando aproximadamente 12.000 personas gitanas fueron detenidas, separadas de sus familias y privadas de libertad en una operación diseñada para acabar con su forma de vida y su identidad colectiva.

Aunque separados por siglos, la Gran Redada y el Samudaripen comparten una misma raíz: la persecución de personas por su origen y la construcción de políticas basadas en la exclusión.

Por eso la memoria sigue siendo necesaria.

Vivimos en un mundo marcado por conflictos armados, desplazamientos forzosos, discursos de odio y vulneraciones de derechos humanos que afectan a millones de personas. Ante esta realidad, recordar el pasado deja de ser únicamente un ejercicio histórico para convertirse en una responsabilidad ética.

Las lecciones del Samudaripen siguen vigentes porque la violencia comienza mucho antes que las armas. Comienza cuando dejamos de reconocer la humanidad de quienes tenemos delante.

La Fragua Projects en el Memorial

El Memorial del Samudaripen fue también un espacio para recordar a todas las personas y comunidades que fueron perseguidas por el régimen nazi por motivos étnicos, religiosos, de opción sexual, políticos, ideológicos o por el simple hecho de ser consideradas diferentes.

Durante el acto se sucedieron distintas proclamas y mensajes de memoria, reconocimiento y compromiso con los derechos humanos, poniendo en valor la necesidad de construir una memoria inclusiva que no deje a ninguna víctima atrás.

En representación de La Fragua Projects, nuestro compañero Iñaki Vázquez Arencón participó en uno de los momentos más emotivos de la jornada pronunciando estas palabras:

“Por todas las personas judías, personas LGBTIQ+, personas con discapacidad y todas aquellas que, por su condición, fueron perseguidas y asesinadas por el régimen nazi.”

Una proclamación que recordó que la memoria no puede construirse desde el olvido ni desde la exclusión.

Recordar el Samudaripen significa también reconocer el sufrimiento de todas las personas que fueron víctimas del nazismo y mantener vivo el compromiso con una sociedad basada en la igualdad, la diversidad y el respeto a la dignidad humana.

Porque cuando se ataca la dignidad de una persona, se pone en riesgo la dignidad de toda la humanidad.

Que el «nunca más» sea un compromiso real

El Memorial del Samudaripen no es solo un acto de recuerdo.

Es una invitación a actuar.

A cuestionar los prejuicios allí donde aparezcan.

A combatir el racismo y la discriminación en cualquiera de sus formas.

A rechazar los discursos de odio.

A defender los derechos humanos con la misma firmeza para todas las personas.

A construir sociedades donde nadie tenga que vivir con miedo por su origen, su identidad, sus creencias o su forma de vida.

Desde La Fragua Projects creemos que la memoria solo tiene sentido cuando sirve para transformar el presente.

Porque el Samudaripen forma parte de la memoria del pueblo romaní, pero también de la memoria democrática de Europa y de la humanidad.

Recordarlo significa defender hoy la dignidad humana, combatir el racismo y rechazar cualquier forma de odio o deshumanización.

Solo así el «nunca más» dejará de ser una expresión pronunciada en los actos conmemorativos para convertirse en una responsabilidad compartida con el presente y con las generaciones que vendrán.

Fuente: La Fragua Projects.
Imágenes: Instituto de Cultura Gitana, Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y A2030

La Fragua Projects respalda el Madrid Summit 2026 en defensa de los derechos LGTBIQ+ desde una mirada gitana, antirracista y feminista

La Fragua Projects respalda el Madrid Summit 2026 en defensa de los derechos LGTBIQ+ desde una mirada gitana, antirracista y feminista

El Madrid Summit reunió en Madrid a activistas y entidades para abordar los retos LGTBIQ+, en un espacio donde sigue faltando la voz de las personas gitanas.

Madrid acogió el pasado 3 de julio una nueva edición del Madrid Summit, la conferencia internacional de derechos humanos de MADO, centrada en la defensa de los derechos LGTBIQ+ en un contexto marcado por la polarización, los discursos de odio y distintos retrocesos a nivel global.

Celebrado en las oficinas del Parlamento Europeo y de la Comisión Europea en España, el encuentro reunió a activistas, representantes institucionales, especialistas y organizaciones sociales que compartieron análisis y propuestas para hacer frente a las desigualdades que siguen atravesando la vida del colectivo. La jornada completa puede volver a verse en la retransmisión del Madrid Summit 2026.

Durante el Summit se abordaron cuestiones clave como la memoria histórica de las personas LGTBIQ+ represaliadas, los derechos trans, la situación de las personas migrantes y refugiadas y el papel del deporte como espacio de inclusión. Un programa que volvió a evidenciar que hablar de derechos humanos implica partir de las realidades concretas en las que la discriminación sigue presente.

Madrid: visibilidad y también desigualdades

Madrid es un referente para el movimiento LGTBIQ+, un espacio de visibilidad, organización y movilización. Pero esa centralidad convive con una realidad más compleja: la ciudad sigue atravesada por desigualdades, racismo y LGTBIfobia que afectan de forma distinta según el origen, la clase social o la identidad de las personas.

No todas las personas viven Madrid en igualdad de condiciones. Para muchas, especialmente quienes forman parte de comunidades racializadas como el Pueblo gitano, el acceso a derechos, a espacios seguros o a una vida libre de discriminación sigue siendo un desafío cotidiano.

Ampliar el debate: una mirada gitana, antirracista y feminista

En este contexto, el posicionamiento de La Fragua Projects aporta una mirada necesaria. Como entidad gitana, antirracista y LGTBIQ+, su presencia en el Madrid Summit permite señalar una cuestión de fondo: la defensa de los derechos LGTBIQ+ no puede entenderse sin abordar el racismo, el antigitanismo y otras formas de exclusión estructural.

Estar en estos espacios también implica evidenciar sus límites. A día de hoy, la participación de personas gitanas LGTBIQ+ sigue siendo escasa en muchos foros de este tipo, lo que dificulta que sus experiencias y realidades formen parte central del debate.

No se trata solo de estar presentes, sino de participar en condiciones de igualdad: ser escuchadas, incidir en las agendas y formar parte de las decisiones que afectan a nuestras vidas.

Derechos que se ejercen en la vida cotidiana

Hablar de igualdad no puede quedarse en los discursos. Supone preguntarse quién puede vivir con seguridad, quién accede a sus derechos en la práctica y quién continúa encontrando barreras para ejercerlos.

En ese camino, también es importante generar presencia, tejer alianzas y abrir espacios de diálogo que no siempre son cómodos, pero sí necesarios para avanzar hacia una sociedad más justa.

Un reto que sigue abierto

El Madrid Summit 2026 volvió a dejar claro que los derechos LGTBIQ+ no están garantizados y necesitan ser defendidos de forma constante y colectiva. Pero también evidenció que esa defensa solo será completa si incorpora todas las voces.

Porque la igualdad no consiste únicamente en estar presentes.
Consiste en poder formar parte de la conversación y de las decisiones.

Fuente: La Fragua Projects.
Imágenes: Instagram de MADO Madrid OrgulloInstagram de Madrid SummitPortal web del Ayuntamiento de Madrid - Ministerio de Juventud e Infancia

Junio, orgullo gitano y la disputa por quién narra lo romaní

Junio, orgullo gitano y la disputa por quién narra lo romaní

Esta semana ha circulado el cartel de un Encuentro Seguro LGBTIQ+ Gitano que se celebrará en Sevilla. La convocatoria se enmarca en las distintas iniciativas de orgullo gitano que, desde hace años, han ido ganando visibilidad en diversos puntos del Estado. Su lema es sencillo: «Prima, primo, prime. Ven, te esperamos.» 

Más allá del encuentro concreto, la imagen y el momento del año en que aparece, junio, mes del orgullo, ponen sobre la mesa una pregunta de fondo: quién tiene la capacidad, hoy, de narrar lo que significa ser gitano. 

Cada época decide qué imágenes considera legítimas y cuáles relega a los márgenes. La historia de las minorías no se escribe únicamente a través de leyes o instituciones; también se construye mediante relatos, símbolos y representaciones. Pocas comunidades conocen tan bien esta realidad como el Pueblo Gitano. 

A lo largo de más de cinco siglos de presencia documentada en la península ibérica, las personas gitanas han sido objeto de innumerables procesos de definición externa. Administraciones, intelectuales, viajeros, artistas y medios de comunicación han producido imágenes de lo gitano que oscilan entre la fascinación romántica y el estigma. El resultado es una paradoja persistente: el Pueblo Gitano ocupa un lugar central en el imaginario cultural español y, sin embargo, continúa siendo una de las comunidades más desconocidas y simplificadas del continente europeo. 

Las iniciativas de orgullo gitano que hoy emergen o adquieren visibilidad deben entenderse dentro de ese marco más amplio. Su relevancia no reside únicamente en las cuestiones que abordan, sino también en la aparición de nuevos espacios desde los que determinadas personas gitanas deciden narrarse a sí mismas. Como ocurre con cualquier proceso social emergente, estos espacios suscitan acuerdos, dudas, matices y discrepancias. Y probablemente sea saludable que así sea.

Las culturas vivas no se caracterizan por la ausencia de debate, sino por su capacidad para sostenerlo. El desafío consiste en evitar dos tentaciones frecuentes. La primera es interpretar al Pueblo Gitano como una realidad homogénea, estática e inmutable. La segunda es asumir que toda novedad constituye necesariamente una ruptura con la tradición. Ambas perspectivas simplifican una historia mucho más compleja. 

El Pueblo Gitano europeo nunca ha sido un bloque uniforme. Las diferencias territoriales, lingüísticas, religiosas y sociales han acompañado a las comunidades romaníes a lo largo de su historia. La experiencia de una familia gitana en Andalucía no es idéntica a la de una familia romaní en Rumanía, a la de comunidades sinti en Centroeuropa o a la de grupos calé en distintos territorios del Estado español. Incluso dentro de un mismo contexto local coexisten sensibilidades, trayectorias vitales y formas de entender la identidad profundamente diversas. 

Esta pluralidad no es una anomalía contemporánea. Constituye una característica histórica del propio Pueblo Romaní. Tampoco estas iniciativas surgen en el vacío. Activistas, creadoras y espacios comunitarios han impulsado durante años encuentros, protestas y formas diversas de visibilización. Reconocer estas genealogías no resta valor a los procesos actuales; al contrario, permite comprenderlos como parte de una historia más amplia de reivindicación y construcción colectiva.

Sin embargo, los marcos públicos de representación suelen operar mediante simplificaciones. La sociedad mayoritaria acostumbra a buscar una imagen única de lo gitano: una estética, una tradición o una forma concreta de vivir la identidad. Esa necesidad de fijar fronteras claras responde más a la lógica de quienes observan que a la realidad de quienes son observados. 

Las ciencias sociales llevan décadas mostrando que las identidades colectivas no son estructuras inmóviles. Son procesos históricos en permanente negociación. Las comunidades cambian, reinterpretan sus tradiciones, incorporan nuevos lenguajes y producen formas inéditas de pertenencia. Lejos de debilitar una identidad, estos procesos suelen ser precisamente la condición que permite su continuidad. 

Quizá por ello resulte más útil desplazar el debate. La cuestión no es únicamente qué identidades emergen en el espacio público. La pregunta verdaderamente relevante es quién ha tenido históricamente la capacidad de decidir qué vidas son visibles y cuáles permanecen fuera del relato colectivo. 

La representación nunca es neutral. 

Durante mucho tiempo, la imagen pública del pueblo gitano fue producida casi exclusivamente desde fuera. Hoy asistimos a la consolidación de nuevas generaciones de creadores, investigadoras, activistas y agentes culturales romaníes que participan activamente en la construcción de sus propios relatos. Este fenómeno no supone sustituir unas voces por otras. Supone ampliar el campo de representación y reconocer que ninguna comunidad puede ser reducida a una única narrativa. 

Convocatorias como la sevillana pueden leerse también en esta clave: no únicamente como espacios de encuentro, sino como escenarios donde se negocian nuevas formas de representación del pueblo gitano en el siglo XXI. 

El surgimiento de espacios diversos dentro del mundo gitano debe leerse, ante todo, como un indicador de madurez democrática. Una sociedad plural no exige uniformidad. Exige la capacidad de convivir con la diferencia sin convertirla automáticamente en amenaza. 

Resulta especialmente relevante recordar este principio en un momento histórico marcado por la polarización y por el auge de discursos excluyentes en distintos países europeos. Las minorías suelen ser interpeladas desde una lógica paradójica: se les exige integración y, al mismo tiempo, se les cuestiona cuando expresan su diversidad interna. Sin embargo, ninguna comunidad humana escapa a la complejidad. Tampoco el pueblo gitano. 

Reconocer esta realidad no implica renunciar a la memoria ni a las tradiciones. Toda cultura viva se encuentra en diálogo permanente entre continuidad y transformación. La historia del pueblo gitano es, de hecho, una historia de adaptación, resiliencia y creatividad frente a contextos frecuentemente adversos.

Tal vez el verdadero significado de este momento histórico no resida en una celebración concreta, sino en algo más profundo: la posibilidad de ampliar el imaginario romaní contemporáneo y de aceptar que el Pueblo Gitano del siglo XXI, como cualquier otro pueblo, contiene una pluralidad de experiencias que no pueden ser reducidas a una sola imagen. 

Porque la diversidad no amenaza a una comunidad cuando es capaz de reconocerse en su propia complejidad. Al contrario. En ocasiones, es precisamente esa complejidad la que garantiza su continuidad en el tiempo. 

En última instancia, la cuestión no consiste en decidir quién es suficientemente gitano o qué formas de vida merecen ser consideradas legítimas. La cuestión consiste en construir sociedades donde más personas puedan habitar su identidad con dignidad, memoria y libertad. 

Y quizá esa sea una de las tareas culturales más importantes de nuestro tiempo. 

Autor: Kike Jiménez, Director de contenido de de Ijiton Magazine, publicación especializada en cultura romaní contemporánea.

Fuente: Afroféminas